El Santo Evangelio según San Juan

Capítulo 10

Jesús es el Buen Pastor — De Su Padre recibió el poder sobre la muerte — Promete visitar a Sus otras ovejas — Proclama: Soy Hijo de Dios.

  De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.

 Pero el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.

 A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre y las saca.

 Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

 Pero al extraño no seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.

 Esta parábola les dijo Jesús, pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.

 Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.

 Todos los que vinieron antes de mí eran ladrones y salteadores, mas no los oyeron las ovejas.

 Yo soy la puerta; el que por mí entrare será salvo; y entrará, y saldrá y hallará pastos.

 10 El ladrón no viene sino para hurtar, y matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

 11 Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas.

 12 Pero el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo, y deja las ovejas y huye; y el lobo arrebata y dispersa las ovejas.

 13 Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.

 14 Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

 15 así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

 16 También tengo otras ovejas que no son de este redil; a aquéllas también debo traer, y oirán mi voz, y habrá un rebaño y un pastor.

 17 Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.

 18 Nadie me la quita, sino que yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.

 19 Y volvió a haber disensión entre los judíos por estas palabras.

 20 Y muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿por qué le oís?

 21 Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado. ¿Puede acaso el demonio abrir los ojos de los ciegos?

 22 Y se celebraba en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Y era invierno,

 23 y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón.

 24 Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos has de turbar el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.

 25 Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí.

 26 Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.

 27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen;

 28 y yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

 29 Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

 30 Yo y el Padre uno somos.

 31 Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle.

 32 Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre, ¿por cuál de ellas me apedreáis?

 33 Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te crees Dios.

 34 Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije: Sois dioses?

 35 Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada),

 36 ¿a quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Soy Hijo de Dios?

 37 Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis.

 38 Pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.

 39 Y procuraron otra vez prenderle, pero él se escapó de sus manos.

 40 Y se fue otra vez al otro lado del Jordán, al lugar donde primero había estado bautizando Juan; y se quedó allí.

 41 Y muchos venían a él y decían: Juan, a la verdad, ningún milagro hizo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad.

 42 Y muchos creyeron en él allí.