El Santo Evangelio según San Juan

Capítulo 15

Jesús es la vid; Sus discípulos son los pámpanos — Habla de la ley perfecta del amor — Sus siervos han sido escogidos y ordenados por Él — El mundo aborrece la religión verdadera y lucha en contra de ella — Promete el Consolador, el Espíritu de verdad.

 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.

 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.

 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.

 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.

 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto, porque sin mí nada podéis hacer.

 El que en mí no permanece será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los recogen y los echan al fuego, y arden.

 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, y os será hecho.

 En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos.

 Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.

 10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

 11 Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea completo.

 12 Éste es mi mandamiento: Que os améis los unos a los otros, como yo os he amado.

 13 Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos.

 14 Vosotros sois mis amigos si hacéis las cosas que yo os mando.

 15 Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre os las he dado a conocer.

 16 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.

 17 Esto os mando: Que os améis los unos a los otros.

 18 Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.

 19 Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, sino que yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo.

 20 Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.

 21 Pero todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.

 22 Si yo no hubiera venido ni les hubiera hablado, no tendrían pecado, pero ahora no tienen excusa por su pecado.

 23 El que me aborrece también a mi Padre aborrece.

 24 Si no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora las han visto, y me han aborrecido a mí y a mi Padre.

 25 Pero esto sucede para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron.

 26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el que procede del Padre, él dará testimonio de mí.

 27 Y también vosotros daréis testimonio, porque habéis estado conmigo desde el principio.