El Santo Evangelio según San Lucas

Capítulo 4

Jesús ayuna cuarenta días y es tentado por el diablo — Anuncia en Nazaret Su origen divino y es rechazado — Echa fuera un demonio en Capernaúm, sana a la suegra de Pedro, y predica y sana en toda Galilea.

 Y Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue allevado por el Espíritu al desierto

 apor cuarenta días, y era btentado por el cdiablo. Y no comió nada en aquellos días; y pasados éstos, tuvo hambre.

 Entonces el diablo le dijo: Si eres el Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.

 Y Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: aNo sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.

 aY le llevó el diablo a un alto monte y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra.

 Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad y la gloria de ellos, porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy;

 pues si tú me adorares, todos serán tuyos.

 Y respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: aAl Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.

 aEntonces le llevó a Jerusalén y le puso sobre el pináculo del templo y le dijo: Si eres el Hijo de Dios, lánzate de aquí abajo,

 10 porque escrito está:aA sus ángeles mandará para que te guarden;

  11  y en las manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra.

 12 Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No atentarás al Señor tu Dios.

 13 Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se alejó de él por un tiempo.

 14 Y Jesús volvió en el apoder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la región de alrededor,

 15 y enseñaba en las sinagogas de ellos y era glorificado por todos.

 16 Y vino a Nazaret, donde se había criado; y, conforme a su costumbre, el día de reposo entró en la sinagoga y se levantó a leer.

 17 Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el rollo, halló el lugar donde estaba escrito:

  18  El aEspíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha bungido para dar buenas nuevas a los cpobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar dlibertad a los ecautivos y dar vista a los ciegos; a poner en flibertad a los quebrantados,

  19  a predicar el año agradable del Señor.

 20 Y enrollando el libro, lo dio al ayudante y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

 21 Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.

 22 Y todos daban testimonio de él y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el ahijo de José?

 23 Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo; de tantas cosas que hemos oído que se han hecho en aCapernaúm, haz también aquí en tu btierra.

 24 Y dijo: De cierto os digo que ningún profeta es aceptado en su propia tierra.

 25 Mas en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de aElías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra;

 26 pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una amujer viuda en Sarepta de Sidón.

 27 Y muchos aleprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue limpiado, sino bNaamán el sirio.

 28 Entonces todos en la sinagoga se llenaron de ira al oír estas cosas;

 29 y levantándose, le echaron fuera de la ciudad y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle.

 30 Pero él apasó por en medio de ellos y se fue.

 31 Y descendió a Capernaúm, ciudad de Galilea. Y les enseñaba en los adías de reposo.

 32 Y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra era con aautoridad.

 33 Y había en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz,

 34 diciendo: ¡Déjanos!, ¿qué tienes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres: el Santo de Dios.

 35 Y Jesús le reprendió, diciendo: ¡Enmudece y sal de él! Entonces el demonio, derribándole en medio de ellos, salió de él y no le hizo daño alguno.

 36 Y hubo asombro en todos, y hablaban entre sí, diciendo: ¿Qué palabra es ésta, que con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos, y salen?

 37 Y su fama se divulgaba en todas partes por todos los lugares de la comarca.

 38 Entonces Jesús se levantó, salió de la sinagoga y entró en casa de Simón; y la suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le rogaron por ella.

 39 E inclinándose hacia ella, areprendió la fiebre, y la fiebre la dejó; y en seguida ella se levantó y les servía.

 40 Y al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades los traían a él; y él, aponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.

 41 Y también salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: ¡a eres el Hijo de Dios! Pero él los reprendía y no los dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo.

 42 Y siendo ya de día, salió y se fue a un lugar adesierto; y la gente le buscaba y, llegando hasta él, le detenían para que no se apartase de ellos.

 43 Mas él les dijo: Es necesario que anuncie el evangelio del areino de Dios también a otras ciudades, porque para esto he sido benviado.

 44 Y predicaba en las sinagogas de aGalilea.