El Santo Evangelio según San Mateo

Capítulo 19

Jesús enseña acerca del matrimonio y del divorcio — La vida eterna es para los que guardan los mandamientos — Los Doce Apóstoles juzgarán a la casa de Israel.

  Y aconteció que cuando acabó Jesús estas palabras, salió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

 Y le siguió mucha gente, y los sanó allí.

 Entonces se acercaron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre arepudiar a su esposa por cualquier causa?

 Y él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los ahizo al principio, hombre y mujer los hizo,

 y dijo: Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre, y ase unirá a su esposa, y los dos serán una sola carne?

 Así que, no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.

 Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés darle acarta de divorcio y repudiarla?

 Les dijo: Por la adureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras esposas; mas al principio no fue así.

 Y yo os digo que cualquiera que repudia a su esposa, a no ser por causa de aadulterio, y se casa con otra, bcomete adulterio; y el que se casa con la repudiada comete adulterio.

 10 Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su esposa, no conviene casarse.

 11 Entonces él les dijo: No todos pueden recibir esta palabra, sino sólo aquellos a quienes es dado.

 12 Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que se hicieron a sí mismos eunucos por causa del reino de los cielos; el que sea capaz de aceptar esto, que lo acepte.

 13 Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las amanos sobre ellos y orase; pero los discípulos los breprendieron.

 14 Y Jesús dijo: Dejad a los aniños venir a mí y no les impidáis hacerlo, porque de los tales es el reino de los cielos.

 15 Y habiendo puesto las manos sobre ellos, partió de allí.

 16 Y he aquí uno, acercándose, le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la avida eterna?

 17 Y él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es bueno sino uno, a saber, aDios; y si quieres entrar en la vida, guarda los bmandamientos.

 18 Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás; no acometerás adulterio; no hurtarás; no dirás bfalso testimonio;

 19 ahonra a tu padre y a tu madre; y, bamarás a tu cprójimo como a ti mismo.

 20 El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?

 21 Le dijo Jesús: Si quieres ser aperfecto, anda, vende lo que tienes y bda a los cpobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.

 22 Y al oír el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

 23 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo que difícilmente entrará un arico en el reino de los cielos.

 24 Mas os digo que es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.

 25 Mas sus discípulos, oyendo estas cosas, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?

 26 aY mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible, mas para Dios todo es posible.

 27 Entonces, respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué, pues, tendremos?

 28 Y Jesús les dijo: De cierto os digo que, en la aregeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido os sentaréis también sobre doce tronos, para bjuzgar a las doce tribus de Israel.

 29 Y todo el que ahaya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o esposa, o hijos o tierras, por mi bnombre recibirá cien veces más y heredará la cvida eterna.

 30 Pero muchos aprimeros serán postreros, y los postreros, primeros.