Apocalipsis o Revelación de San Juan, el Teólogo

Capítulo 6

Cristo abre los seis sellos, y Juan ve los acontecimientos de cada uno — En el quinto sello, Juan ve a los mártires cristianos, y en el sexto, ve las señales de los tiempos.

 a Y vi cuando el Cordero abrió uno de los bsellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con voz de trueno: ¡Ven y mira!

 Y miré, y vi un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo y para vencer.

 Y cuando él abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que decía: ¡Ven y mira!

 Y salió otro caballo, rojo; y al que lo montaba, le fue dado poder para quitar la paz de la tierra y para que se matasen unos a otros; y le fue dada una gran espada.

 Y cuando él abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente que decía: ¡Ven y mira! Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano.

 Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos medidas de trigo por un denario, y seis medidas de cebada por un denario; pero no dañes el vino ni el aceite.

 Y cuando él abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: ¡Ven y mira!

 Y miré, y vi un caballo amarillo; y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades lo seguía; y les fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra.

 Y cuando él abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido amuertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que ellos tenían.

 10 Y clamaban en alta voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, oh Señor, santo y verdadero, tardarás en juzgar y avengar nuestra sangre de los que moran en la tierra?

 11 Y se le dio a cada uno avestiduras blancas; y se les dijo que breposasen un poco más de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que también habían de ser muertos como ellos.

 12 Y miré cuando él abrió el asexto sello, y he aquí hubo un gran bterremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre;

 13 y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus ahigos verdes cuando es sacudida por un viento fuerte.

 14 aY el cielo se retiró como un bpergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla fueron removidos de sus lugares.

 15 Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo esclavo y todo libre, se escondieron en las acuevas y entre las peñas de los montes;

 16 y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado en el trono y de la ira del Cordero,

 17 porque el gran adía de su ira ha llegado, ¿y quién podrá permanecer de pie?