Capítulo 20

Se le dice a Ezequías que morirá; él suplica a Jehová, y su vida es prolongada quince años — La sombra retrocede diez grados en el reloj de Acaz — Isaías profetiza la cautividad babilónica de Judá.

  En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte; y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz y le dijo: Así dice Jehová: Ordena tu casa, porque vas a morir y no vivirás.

 Entonces él volvió su rostro hacia la pared y oró a Jehová, diciendo:

 Te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo bueno ante tus ojos. Y lloró Ezequías con gran llanto.

 Y aconteció que antes de que Isaías hubiera salido del patio central, vino a él la palabra de Jehová, diciendo:

 Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David, tu padre: Yo he oído tu oración; he visto tus lágrimas. He aquí, yo ate sanaré; al tercer día subirás a la casa de Jehová.

 Y añadiré a tus días aquince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de la mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por causa de mí mismo y por causa de David, mi siervo.

 Y dijo Isaías: Tomad una masa de higos. Y la tomaron y la pusieron sobre la úlcera, y sanó.

 Y Ezequías dijo a Isaías: ¿Qué aseñal tendré de que Jehová me sanará y de que subiré a la casa de Jehová al tercer día?

 Y respondió Isaías: Esta señal tendrás de Jehová, de que Jehová hará lo que ha dicho: ¿Avanzará la asombra diez grados, o retrocederá diez grados?

 10 Y Ezequías respondió: Cosa fácil es que la asombra avance diez grados, pero no que la sombra vuelva atrás diez grados.

 11 Entonces el profeta Isaías clamó a Jehová, e hizo volver atrás la sombra los diez grados que había avanzado en el reloj de Acaz.

 12 En aquel tiempo Merodac-baladán hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y un presente a Ezequías, porque había oído que Ezequías había caído enfermo.

 13 Y Ezequías los escuchó y les mostró toda la casa de sus cosas preciosas: la plata, el oro, las especias y los preciados ungüentos; y la casa de sus armas y todo lo que había en sus tesoros; ninguna cosa quedó que Ezequías no les mostrase, tanto en su casa como en todo su dominio.

 14 Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezequías y le dijo: ¿Qué dijeron aquellos hombres y de dónde vinieron a ti? Y Ezequías le respondió: De lejanas tierras han venido, de Babilonia.

 15 Y él le volvió a decir: ¿Qué vieron en tu casa? Y Ezequías respondió: Vieron todo lo que había en mi casa; nada quedó de mis tesoros que no les mostrase.

 16 Entonces Isaías dijo a Ezequías: Oye la palabra de Jehová:

 17 He aquí, vienen días en que todo lo que está en tu casa, y todo lo que tus padres han atesorado hasta hoy, será allevado a Babilonia, sin quedar nada, dice Jehová.

 18 Y de los ahijos que saldrán de ti, que tú habrás engendrado, los tomarán; y serán beunucos en el palacio del rey de Babilonia.

 19 Entonces Ezequías dijo a Isaías: La palabra de Jehová que has hablado es buena. Después dijo: ¿No habrá paz y seguridad en mis días?

 20 Los demás hechos de Ezequías, y todo su poderío, y cómo hizo el aestanque y el acueducto y trajo las aguas en la ciudad, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?

 21 Y durmió Ezequías con sus padres, y reinó en su lugar su hijo Manasés.