Capítulo 33

Los atalayas que alcen la voz de amonestación salvarán sus propias almas — Los pecadores que se arrepientan serán salvos — Los justos que pequen serán condenados — El pueblo de Judá en Jerusalén es destruido por causa de sus pecados.

  Y vino a mí la palabra de Jehová, diciendo:

 Hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo y diles: Cuando yo traiga espada sobre la tierra, y el pueblo de la tierra tome a un hombre de su territorio y lo ponga por aatalaya,

 y él vea venir la espada sobre la tierra, y toque la trompeta y aavise al pueblo,

 cualquiera que oiga el sonido de la trompeta y no se dé por advertido, y al llegar la espada se lo lleva, su asangre será sobre bsu propia cabeza.

 El sonido de la trompeta oyó, pero no se dio por advertido; su sangre será sobre él; pero el que se dé por advertido salvará su vida.

 Pero si el atalaya ve venir la espada y no toca la trompeta, y el pueblo no se apercibe, y al llegar la espada se lleva a alguno de entre ellos, él, por causa de su iniquidad, será llevado, pero demandaré su sangre de mano del atalaya.

 A ti, pues, oh hijo de hombre, te he puesto como aatalaya de la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca y les advertirás de mi parte.

 Cuando yo diga al malvado: Oh malvado, ciertamente morirás; si tú no hablas para advertir al malvado de su camino, ese malvado morirá por su iniquidad, pero su sangre yo la demandaré de tu mano.

 Pero si tú aadviertes al malvado de su camino para que se aparte de él, y él no se aparta de su camino, él morirá por su biniquidad, y tú habrás librado tu vida.

 10 Tú, pues, hijo de hombre, di a la casa de Israel: Vosotros habéis hablado así, diciendo: Nuestras transgresiones y nuestros pecados están sobre nosotros, y por ellos nos estamos consumiendo, ¿cómo, pues, viviremos?

 11 Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no me complazco en la amuerte del malvado, sino en que se vuelva el malvado de su camino y viva. ¡Volveos, volveos de vuestros malos caminos! ¿Por qué bhabéis de morir, oh casa de Israel?

 12 Por tanto, tú, hijo de hombre, di a los hijos de tu pueblo: La justicia del justo no lo librará el día en que transgreda; y la maldad del malvado no le será estorbo el día en que se vuelva de su maldad; y el justo no podrá vivir por su justicia el día en que peque.

 13 Cuando yo diga al justo: De cierto vivirás, pero él, confiado en su justicia, cometa iniquidad, ninguna de sus justicias será recordada, sino que morirá por la iniquidad que cometió.

 14 Y cuando yo diga al malvado: De cierto morirás, si él se vuelve de su pecado y hace lo que es justo y recto,

 15 si el malvado arestituye la prenda, devuelve lo que haya robado y camina en los bestatutos de la vida, sin cometer injusticia, ciertamente vivirá; no morirá.

 16 No se le recordará ninguno de sus apecados que había cometido; hizo lo que es justo y recto; ciertamente vivirá.

 17 Pero dirán los hijos de tu pueblo: No es recto el acamino del Señor; pero el camino de ellos es el que no es recto.

 18 Cuando el justo ase aparte de su justicia y haga injusticia, morirá por ello.

 19 Y cuando el malvado se aparte de su maldad y haga lo que es justo y recto, vivirá por ello.

 20 Y dijisteis: No es recto el camino del Señor. Yo os ajuzgaré, oh casa de Israel, a cada uno conforme a sus caminos.

 21 Y aconteció en el año duodécimo de nuestro cautiverio, en el mes décimo, a los cinco días del mes, que vino a mí uno que había escapado de Jerusalén, diciendo: La aciudad ha sido conquistada.

 22 Y la mano de Jehová había estado sobre mí el atardecer antes de llegar el que había escapado, y Jehová abrió mi boca antes de que aquél llegara a mí por la mañana; y se abrió mi boca, y no estuve más acallado.

 23 Y vino a mí la palabra de Jehová, diciendo:

 24 Hijo de hombre, los que habitan aquellos lugares desolados de la tierra de Israel andan diciendo: Abraham sólo era uno, y aun así heredó la tierra; cuánto más nosotros que somos muchos; a nosotros nos es dada la tierra en posesión.

 25 Por tanto, diles: Así ha dicho Jehová el Señor: aComéis con sangre, y a vuestros ídolos alzáis vuestros ojos y derramáis sangre, ¿y habéis de poseer vosotros la tierra?

 26 aEstáis sobre vuestras espadas, hacéis abominación, y cada cual deshonra a la esposa de su prójimo, ¿y habréis de poseer vosotros la tierra?

 27 Diles así: Así ha dicho Jehová el Señor: Vivo yo, que los que están en aquellos lugares desolados caerán a espada, y al que está sobre la afaz del campo entregaré a las fieras para que lo devoren; y los que están en las fortalezas y en las cuevas morirán de pestilencia.

 28 Y convertiré la tierra en desolación y en devastación, y cesará la soberbia de su poderío; y los montes de Israel serán asolados hasta que no haya quien pase por ellos.

 29 Y sabrán que yo soy Jehová, cuando convierta la tierra en desolación y en devastación por todas las abominaciones que han hecho.

 30 Y tú, hijo de hombre, los hijos de tu pueblo se mofan de ti junto a las paredes y a las puertas de las casas, y habla el uno con el otro, cada uno con su hermano, diciendo: Venid ahora, y oíd qué palabra viene de Jehová.

 31 Y vienen a ti como viene el pueblo, y están delante de ti como pueblo mío y oyen tus palabras, pero no las ponen por obra, sino que hacen halagos con sus abocas, y el corazón de ellos anda en pos de su bavaricia.

 32 Y he aquí que tú eres para ellos como un cantor de amores, de hermosa voz y que toca bien un instrumento; y oyen tus palabras, pero no las ponen por obra.

 33 Y cuando esto venga (he aquí que ya viene), sabrán que hubo profeta entre ellos.