Libro del profeta Jeremías

Capítulo 13

Israel y Judá serán como un cinto podrido y deteriorado — Se manda a los del pueblo que se arrepientan — Judá será llevada cautiva y será esparcida como tamo.

  Así me dijo Jehová: Ve y cómprate un cinto de lino, y cíñelo sobre tus lomos y no lo metas en agua.

 Y compré el cinto, conforme a la palabra de Jehová, y lo ceñí sobre mis lomos.

 Y vino a mí por segunda vez la palabra de Jehová, diciendo:

 Toma el cinto que compraste, que está sobre tus lomos, y levántate, y ve al Éufrates y escóndelo allá en la hendidura de una peña.

 Fui, pues, y lo escondí junto al Éufrates, como Jehová me había mandado.

 Y sucedió que al cabo de muchos días me dijo Jehová: Levántate, y ve al Éufrates y toma de allí el cinto que te mandé esconder allá.

 Entonces fui al Éufrates, y cavé y tomé el cinto del lugar donde lo había escondido; y he aquí que el cinto se había podrido; ya no servía para nada.

 Y vino a mí la palabra de Jehová, diciendo:

 Así ha dicho Jehová: Así haré podrir la asoberbia de Judá y la mucha soberbia de Jerusalén.

 10 Este pueblo malo, que no quiere escuchar mis palabras, que anda en las imaginaciones de su corazón, y que ava en pos de dioses ajenos para servirles y para postrarse ante ellos, vendrá a ser como este cinto que ya no sirve para nada.

 11 Porque como el cinto se ajusta a los lomos del hombre, así hice que se ajustara a mí toda la casa de Israel y toda la casa de Judá, dice Jehová, para que fuesen mi pueblo y para renombre, y para alabanza y para honra; pero ano escucharon.

 12 Les dirás, pues, esta palabra: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Todo odre se llenará de vino. Y ellos te dirán: ¿Acaso no sabemos que todo odre se llenará de vino?

 13 Entonces les has de decir: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo llenaré de embriaguez a todos los moradores de esta tierra, y a los reyes que se sientan en el trono de David, y a los sacerdotes, y a los profetas y a todos los moradores de Jerusalén;

 14 y los estrellaré el uno contra el otro, los padres con los hijos juntamente, dice Jehová; no perdonaré, ni tendré piedad ni misericordia, sino que los adestruiré.

 15 Escuchad y oíd; no seáis soberbios, pues Jehová ha hablado.

 16 Dad gloria a Jehová vuestro Dios, antes que haga venir atinieblas, y antes que vuestros pies tropiecen en montes de oscuridad, y esperéis la luz, y os la convierta en sombra de muerte y densas tinieblas.

 17 Mas si no escucháis esto, en secreto llorará mi alma a causa de vuestra soberbia; y mis ojos llorarán amargamente y se desbordarán de lágrimas, porque el rebaño de Jehová es llevado cautivo.

 18 Di al rey y a la reina: Humillaos, sentaos en tierra, porque la corona de vuestra gloria ha caído de vuestras cabezas.

 19 Las ciudades del sur fueron cerradas, y no hubo quien las abriese; toda Judá fue allevada cautiva, llevada en cautiverio fue toda ella.

 20 Alzad vuestros ojos y ved a los que vienen del norte. ¿Dónde está el rebaño que te fue dado, tu hermosa grey?

 21 ¿Qué dirás cuando te castigue? Cuando él ponga a los que tú enseñaste como príncipes y cabeza sobre ti, ¿no te darán dolores como de mujer que está de parto?

 22 Y si dices en tu corazón: ¿Por qué me ha sobrevenido esto? Por la enormidad de tu iniquidad fueron levantadas tus faldas, fueron desnudados tus calcañares.

 23 ¿Podrá el etíope cambiar su piel y el leopardo sus manchas? Así tampoco podréis vosotros hacer el abien, estando habituados a hacer el mal.

 24 Por tanto, yo los aesparciré, como tamo que pasa, al viento del desierto.

 25 Ésta es tu suerte, la porción que yo he medido para ti, dice Jehová, porque te olvidaste de mí y confiaste en la mentira.

 26 Yo, pues, levantaré tus faldas delante de tu rostro, y se verá tu vergüenza:

 27 tus adulterios, y tus relinchos, la maldad de tu fornicación sobre los collados; en el mismo campo vi tus aabominaciones. ¡Ay de ti, Jerusalén! ¿No serás al cabo blimpia? ¿Hasta cuándo tardarás?