Capítulo 17

Job habla del dolor de la muerte y del sepulcro, dolor que se siente el día en que el cuerpo regresa al polvo.

  Mi espíritu está quebrantado, se acortan mis días, y me está preparado el sepulcro.

  No hay conmigo sino escarnecedores en cuya provocación se fijan mis ojos.

  aPon, ahora, mi fianza contigo; ¿quién me estrechará ahora la mano?

  Porque del corazón de éstos has escondido el entendimiento; por tanto, no los exaltarás.

  Al que denuncia a sus amigos por una recompensa, los ojos de sus hijos desfallecerán.

  Él me ha puesto por refrán de pueblos, y ante ellos soy como uno a quien los hombres escupen en la cara.

  Y mis ojos se oscurecieron por el sufrimiento, y todas las partes de mi cuerpo son como sombra.

  Los rectos se asombrarán de esto, y el inocente se levantará contra el impío.

  No obstante, proseguirá el justo su camino, y el alimpio de manos aumentará la fuerza.

  10  Mas volved todos vosotros y venid ahora, pues no hallaré entre vosotros a un solo sabio.

  11  Han pasado mis días; se han deshecho mis planes, los designios de mi corazón.

  12  Cambiaron la noche en día, y la luz se acerca delante de las tinieblas.

  13  Si yo espero, ael Seol es mi casa; haré mi cama en las tinieblas.

  14  A la afosa he dicho: Mi padre eres tú; a los gusanos: Mi madre y mi hermana.

  15  ¿Dónde, pues, estará ahora mi esperanza? Y mi aesperanza, ¿quién la verá?

  16  A las puertas del Seol descenderán, y juntamente descansaremos en el polvo.