Salmo 10

David habla de varios hechos de los inicuos — Dios no está en los pensamientos de ellos — Pero Jehová es Rey eternamente y para siempre — Él juzgará al huérfano y al oprimido.

  ¿Por qué estás lejos, oh Jehová, y te aescondes en tiempos de tribulación?

  Con arrogancia el malo persigue al pobre; sean atrapados en los artificios que han ideado.

  Porque el malo ase jacta del deseo de su alma, y bendice al codicioso y desprecia a Jehová.

  El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no está Dios en ninguno de sus pensamientos.

  Sus caminos son torcidos en todo tiempo; tus juicios los tiene muy lejos de su vista; a todos sus adversarios desprecia.

  Dice en su corazón: No seré sacudido jamás, ni nunca me alcanzará la adversidad.

  Llena está su boca de amaldición, y de engaños y de fraude; debajo de su lengua hay maldad e iniquidad.

  Se sienta al acecho en las aldeas; en los escondrijos mata al inocente. Sus ojos acechan al desvalido.

  Acecha en lo oculto, como el león desde su guarida; acecha para atrapar al pobre; atrapa al pobre trayéndolo a su red.

  10  Se encoge, se agazapa, y caen en sus fuertes garras muchos desdichados.

  11  Dice en su corazón: Dios ha olvidado; ha encubierto su rostro; nunca lo verá.

  12  ¡Levántate, oh Jehová; oh Dios, alza tu mano! No te olvides de los apobres.

  13  ¿Por qué adesprecia el malo a Dios? En su corazón ha dicho: Tú no habrás de pedir cuentas.

  14  lo has visto, porque tú miras la maldad y la vejación, para dar la recompensa con tu mano; a ti se acoge el desvalido; tú eres el amparo del ahuérfano.

  15  Quiebra el abrazo del inicuo y del malvado; persigue su maldad hasta que no halles ninguna.

  16  Jehová es aRey de eternidad en eternidad; las naciones han desaparecido de su tierra.

  17  El deseo de los humildes has oído, oh Jehová; tú dispondrás su corazón e inclinarás tu oído,

  18  para juzgar al huérfano y al oprimido, a fin de que no vuelva más a sembrar el terror el hombre de la tierra.