“YO SOY EL QUE SOY”: Símbolos de Jesucristo en el Antiguo Testamento
    Notas al pie de página

    “YO SOY EL QUE SOY”: Símbolos de Jesucristo en el Antiguo Testamento

    En este registro antiguo en particular, debemos buscar a Jesucristo, pues si no, tal vez no lo hallemos.

    Christ teaching from the scriptures

    Luz y verdad por Simon Dewey

    Cuando Moisés cubrió su rostro, las palabras misericordiosas del Señor que provenían de la zarza ardiente debieron haber resonado con los ecos de la eternidad: “Bien he visto la aflicción de mi pueblo… pues conozco sus angustias.

    “Y he descendido para librarlos…

    “Y dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros; si ellos me preguntan: ¿Cuál es su nombre? ¿Qué les responderé?

    “Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros” (Éxodo 3:7–8, 13–14).

    Conocido en el antiguo Israel como el Señor Jehová, Jesucristo en Su estado premortal se presentó a Sí mismo como la fuente a la que debe acudir Su pueblo para buscar la redención. Miles de años más tarde, Jesucristo, resucitado, volvió a confirmar Su promesa de liberación para el Israel moderno con estas palabras: “Sed de buen ánimo, pues, y no temáis, porque yo, el Señor, estoy con vosotros y os ampararé; y testificaréis de mí, sí, Jesucristo, que soy el Hijo del Dios viviente; que fui, que soy y que he de venir” (D. y C. 68:6; cursiva agregada).

    Las Escrituras, las palabras de vida, están diseñadas para dirigir a los hijos de Dios de toda generación hacia Jesucristo para buscar libertad del pecado y de la muerte, y de todos nuestros problemas terrenales. El Antiguo Testamento no es la excepción; así como cada tomo de Escritura, su intención es volver nuestros corazones y nuestras mentes hacia nuestro Libertador, el Señor Jesucristo. Sin embargo, en este registro antiguo en particular, debemos buscarlo, pues si no, tal vez no lo hallemos.

    Al buscar a Cristo en cualquier libro de Escritura, es de ayuda recordar constantemente qué estamos buscando. ¡Jesucristo es la fuente de vida! Jesucristo es la solución eterna para Israel ante los problemas fatales de la muerte física y espiritual que trajo la Caída. Lehi declaró: “… él se ofrece a sí mismo… para satisfacer los fines de la ley” (2 Nefi 2:7; cursiva agregada). Esa respuesta —el Redentor de Israel, el gran “Yo soy”— es la que buscamos cuando escudriñamos las Escrituras. Sin embargo, dentro del lenguaje poético y con frecuencia arcaico del Antiguo Testamento, los problemas eternos —y Jesucristo, la solución— no siempre se pueden reconocer con facilidad. Aun así, Jesucristo se encuentra ahí, detrás de la superficie, esperando que se le encuentre en las narrativas antiguas.

    Al tener en mente el nombre del Señor que compartió con Moisés en el monte Sinaí —“YO SOY”— consideren las muchas cosas que Jesucristo es para aquellos que ponen su confianza en Él. Los siguientes ejemplos son enseñanzas simbólicas del Antiguo Testamento diseñadas para volver nuestros corazones y mentes al Señor Jesucristo a fin de ser liberados.

    Yo soy … el Cordero inmolado por ustedes

    Adam and Eve offering sacrifices

    Sacrificio de animales y túnicas de pieles

    Antes de que Adán y Eva fueran expulsados del Jardín de Edén, el Señor los vistió con pieles de animales para cubrirlos. En el Antiguo Testamento, la palabra Expiación, en sus diversas formas, aparece 81 veces. En 73 de esas ocasiones, la palabra hebrea original es kaphar, que significa de manera literal “cubrir”.

    Tras su expulsión del jardín, se mandó a Adán y a Eva ofrecer las primicias de sus rebaños como ofrenda al Señor. Más adelante, un ángel les enseñó que esa práctica era “… una semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre” (Moisés 5:7).

    Los sacrificios de animales continuaron bajo la ley de Moisés, junto con el rito de cubrir a aquellos que participaban en las ordenanzas del sacerdocio.

    Cuando hacemos convenio con el Señor y recibimos Sus santas ordenanzas, Su expiación nos cubre a fin de que no tengamos que estar expuestos por más tiempo a los efectos completos de la caída de Adán. Jesucristo es verdaderamente el Cordero de Dios que fue sacrificado por nosotros para que no tengamos que estar sujetos por más tiempo a los efectos del pecado y de la muerte.

    Génesis 3:21; 37:3; Éxodo 40:14–15; Ezequiel16:1–12; Mateo 22:11–12; Gálatas 3:26–29; 1 Nefi 11:21, 32–33; Alma 34:14–16; Moisés 5:5–8; 7:47

    Yo soy … el Pan de vida

    gathering manna in the wilderness

    Maná

    Mientras Moisés y el pueblo de Israel viajaron de Egipto hacia la tierra prometida, confiaron en las misericordias del Señor para obtener el pan de cada día. El Señor les proporcionó un dulce “pan del cielo”, que las personas llamaron “maná” (interpretado como “¿Qué es esto?”). Aquellos que recogían diariamente el pan y se mantenían fieles al Señor y a Su profeta tuvieron vida de manera continua a lo largo de su viaje en el desierto.

    Jesucristo es el Pan de vida; vino a la tierra desde el cielo para darnos vida cada día de nuestro trayecto en la mortalidad. Al recoger Sus palabras cada día, experimentaremos la dulzura y la vitalidad que están disponibles por medio de Él durante nuestro trayecto en la mortalidad.

    Éxodo 16:4, 12–21, 31; Deuteronomio 8:2–3; Juan 6:26–35, 48–58, 66–68; 3 Nefi 20:8

    Yo soy … la fuente de agua viva

    Moses smiting the rock at Horeb

    Agua de la peña en Horeb

    Cuando el pueblo de Israel estuvo sediento en el desierto, Moisés acudió al Señor. Se le dieron instrucciones para que golpeara cierta peña en Horeb (monte Sinaí) con la vara que el Señor le dio. Al hacerlo, el agua brotó de la peña para sostener la vida de millones de viajeros israelitas.

    Jesucristo es la Roca de Israel; cuando fue golpeado en el Calvario, la sangre brotó de Su cuerpo. ¡La sangre de Cristo nos da vida! Podemos tener acceso a la vida que se encuentra en la sangre expiatoria de Cristo al seguir a los profetas, quienes han recibido llaves para hacer brotar agua viva de Él.

    Éxodo 17:1–6; Números 20:8, 11; Juan 4:10–15; 1 Corintios 10:1–4; D. y C. 28:2

    Yo soy … su Sanador

    Moses and the brass serpent

    Serpiente alzada en un asta

    Las dificultades de su travesía hicieron que el pueblo de Israel se quejara al murmurar contra el profeta y contra el Señor. Como resultado, el Señor permitió que fueran mordidos por serpientes venenosas, lo que causó la muerte de muchos. Moisés oró al Señor para que retirara las serpientes; en lugar de hacerlo así, el Señor brindó una manera en la que las personas podían escapar de la muerte al ser mordidas. La acción requería que para ser sanadas [las personas] miraran a la serpiente de bronce que estaba colocada sobre un asta.

    Jesucristo fue clavado a un madero —la cruz— a fin de que miremos hacia Él en nuestros sufrimientos y no seamos vencidos por ellos. Jesucristo no siempre quita nuestras pruebas, pero al ser nuestro Sanador, puede quitarles el veneno mediante las bendiciones de Su expiación.

    Números 21:4–9; Juan 3:14–16; 1 Pedro 2:24; Alma 33:18–22; Helamán 8:14–15; 3 Nefi 27:13–15