La llegada de un nuevo día

POR EL ELDER JORGE S. DOMINGUEZ

De los Setenta. Abril 2012


 

Qué hermosas suenan las palabras del himno Cristo ha resucitado; ¡Aleluya!  No solamente son palabras inspiradas sino que encierran una gran verdad ocurrida hace ya muchos años.  En aquella mañana de pascua cuando el día de reposo judío pasó, llegó un nuevo día, el día que, a partir de entonces, había de ser el Día del Señor.

No me canso de leer el hermoso relato de ese momento sublime para la humanidad de aquella tumba vacía y dos personajes de vestiduras blancas cuidando el lugar,  testificando a los allí presentes: “No está aquí, porque ha resucitado”  (Mateo 28:6)

Como enseñó nuestro amado Pte. Hinckley, tenemos el testimonio de tres testigos en esta dispensación: el testimonio de dos hemisferios relatando la historia de su resurrección y de su ascensión final; el testimonio que viene del Espíritu Santo de la veracidad y validez de este hecho -el más notable de todos; y por último, el testimonio del Profeta de esta dispensación José Smith expresando a la humanidad de que vive, que está a la diestra de Dios y que escuchó su voz y habló con Él y escuchó la voz del Padre testificar que Él era su Hijo Amado (JS-H1:17).

Si no fuera por ese hecho,  la vida no tendría sentido, seria solamente un triste trayecto, un ganar y gastar para solamente terminar en un total y desesperanzado olvido.

El profeta José Smith expresa una maravillosa alabanza al prodigio de la expiación en Doctrina y Convenios 128: 23: “¡Griten de gozo las montañas, y todos vosotros, valles, clamad en voz alta;  y todos vosotros, mares y tierra seca, proclamad las maravillas de vuestro Rey Eterno! ¡Ríos, arroyos y riachuelos corred con alegría! ¡Alaben al Señor los bosques y todos los arboles del campo, y vosotras, rocas solidas, llorad de gozo! ¡Canten en unión el sol, la luna y las estrellas del alba, y den voces de alegría todos los hijos de Dios! ¡Declaren para siempre jamás su nombre las creaciones eternas! Y otra vez digo: ¡Cuan gloriosa es la voz que oímos de los cielos, que proclama en nuestros oídos gloria, salvación, honra, inmortalidad y vida eterna; reinos, principados y potestades!”

Mi corazón se colma de gratitud hacia nuestro Rey y Redentor por el gran y postrer sacrificio por cada uno de nosotros y por la esperanza de vida eterna junto a todos nuestros seres amados. En algún momento la muerte tocará la puerta de las vidas de nuestros seres queridos o la nuestra y nos va a arrebatar de su lado.  Qué hermoso es el espíritu que podemos sentir de la esperanza en Cristo en esa mañana gloriosa cuando el ángel del Señor toque la trompeta y dé comienzo a ese día glorioso de la mañana de la resurrección.

Testifico que Él vive, para que nosotros también vivamos. Mediante la fe en Jesucristo, el arrepentimiento y obediencia a las leyes y ordenanzas del evangelio podemos estar con Él en ese glorioso día.