El Gobierno y la Religión

POR EL ELDER WILFORD W. ANDERSEN

De los Setenta, mayo 2012


 

 

El gobierno y la religión son como un matrimonio que a veces tienen problemas viviendo juntos pero que simplemente no pueden vivir separados.  Un divorcio no sirve a ninguno de los dos.  Tanto la historia como la consideración honesta nos enseñan que el gobierno y la religión andan por sendas diferentes pero paralelas.  La felicidad y el éxito del uno dependen del bienestar y salud del otro.  Y los dos prosperan cuando se cuidan y apoyan mutuamente.

La importancia del rol del gobierno en proteger la religión es obvia.  La religión organizada no puede sobrevivir sin libertad religiosa.  Las religiones tienen una razón para apreciar y agradecer a los gobiernos que las protegen y las apoyan.  Pero también la religión es importante al bienestar del gobierno.  La religión enseña los principios que hacen posible la exitosa existencia del gobierno.   Cuando las leyes del gobierno persiguen la observancia religiosa y predican en contra de Dios, la palabra de Dios esta marginalizada, y se produce una generación sin valores espirituales.  En tal país, el gobierno tiene que mantener el orden no por el apoyo voluntario de sus ciudadanos sino por medio de sus leyes laicas y por castigar a los que las rompen.  Como la historia nos enseña, ese gobierno no puede sostenerse por un  largo plazo.  Como se ha dicho, “Se puede construir un trono de bayonetas, pero es difícil sentarse en cima por mucho tiempo.”

La sociedad laica no puede sobrevivir sin la ayuda de la religión o por lo menos, sin una moralidad que la religión enseña mejor que otros.  Los problemas más grandes y serios del mundo no son problemas políticos ni económicos sino espirituales.  La violencia, el racismo, la corrupción, el narcotráfico, y el sexo ilícito son, a su base, problemas espirituales, y sus únicas soluciones también son espirituales.  Nunca podremos construir un número suficiente de prisiones para encarcelar a todos los criminales que produce una sociedad a la que le faltan la moralidad el carácter y la fe.  Estos atributos se inculcan mejor mediante la observancia religiosa que por el decreto legislativo o la fuerza de la policía.

Jesucristo enseñó claramente los diferentes  pero complementarios roles del gobierno y la religión en el Sermón del Monte, cuando contrastó la ley escrita en los libros con la ley escrita en el corazón.  El gobierno se encarga de escribir y hacer cumplir las leyes escritas en los libros.  Pero la religión se encarga de instar la observancia de la ley escrita en el corazón.

“Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable del  juicio (la ley escrita en los libros).  Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano  será culpable del juicio.” Mateo 5: 21-22 (la ley escrita en el corazón).  

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“Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio  (la ley escrita en los libros).  Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón  (la ley escrita en el corazón).”  Mateo 5: 27-28

Mientras  el gobierno hace cumplir la ley escrita en los libros, la religión enseña e insta  obediencia a la ley escrita en el corazón.  Los que observan la segunda rara vez violarán, porque no tienen la necesidad de violar, la primera.  Pero cuando se olvidan los asuntos del corazón, el mecanismo del gobierno se frena.

El gobierno supervisa la conducta de sus ciudadanos con la meta de que se comporten de una manera decente y moral.  La religión se enfoca en que deseen comportarse de una manera decente y moral. El Presidente Ezra Taft Benson enseñó que el gobierno funciona desde afuera hacia adentro mientras la religión funciona desde adentro hacia afuera.  El gobierno se esfuerza por quitar a las personas de los barrios sucios, mientras la religión se esfuerza por quitar los barrios sucios de las personas.  El gobierno intenta cambiar el ambiente de sus ciudadanos, mientras la religión intenta cambiar sus corazones después de lo cual ellos mismos cambian su propio ambiente.

Además, los mismos principios que las iglesias enseñan urgen que no haya discordia entre las varias denominaciones religiosas.  Se ha dicho que  la religión verdadera es como la música hermosa, no requiere una defensa, sino solo una rendición fiel. Una pelea entre los creyentes sobre la verdad de sus doctrinas, sería como si los miembros de la orquestra se pegaran el uno al otro con sus violines para mostrar la belleza de su música.  Cada creyente debe defender la libertad religiosa de su vecino tanto como la suya.

La persecución histórica de que fue objeto La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en el pasado es una de las múltiples razones por las que la libertad religiosa es fundamentalmente importante para sus miembros. 

El fundador de la Iglesia, José Smith, fue un defensor vehemente de la libertad religiosa y habló de la importancia que tiene que los distintos grupos dentro de la sociedad se esfuercen por promoverla y defenderla cuando dijo:

“Si se ha demostrado que he estado dispuesto a morir. . . por un ‘mormón’, me atrevo a declarar ante los cielos que estoy tan dispuesto a morir en defensa de los derechos de un presbiteriano, un bautista, o un buen hombre de cualquier denominación, en contra de preceptos que pisoteen los derechos de un Santo de los Últimos Días, de la misma forma que si pisotearan los de los católicos romanos, o de cualquier otra denominación”

De hecho, la libertad religiosa está contemplada en el decimoprimer Artículo de Fe que dice:

“Reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: que adoren como, donde o lo que deseen”.

Las religiones no deben ponerse en contra de los gobiernos donde residen sus creyentes.  Seamos buenos ciudadanos y apoyemos lo bueno que encontramos donde sea.  Y los gobiernos no deben ponerse en contraposición a la religión.  Desafortunadamente, dentro de un estado secular a veces se aplauden las acciones buenas que son fruto de la religión, sin embargo se intenta marginalizar las creencias y prácticas religiosas que dan origen a las mismas.  No podemos gozar de los frutos y descuidar las raíces.  No es razonable criticar las enseñanzas religiosas de lealtad a Dios y honestidad con sus semejantes y después sorprendernos cundo encontramos corrupción y traición entre nosotros.  Si no apoyamos los principios de humildad y perdón a otros cuando se los enseñan en la iglesia, ¿como podemos quejarnos del desacuerdo y divorcio en nuestra sociedad?  La religión no es el enemigo del gobierno.  Al contrario, es su mejor amigo.  Y así se le debe tratar.

Así que la religión y el gobierno caminan mancomunados por la senda de la historia, cada uno respetando la independencia del otro, cada uno apreciando la contribución esencial del otro.  Que siempre sea así.  Gracias.