Los antibióticos y la protección espiritual

Por el Élder J. Devn Cornish
De los Setenta, Septiembre 2013


Como pediatra, he tenido varias experiencias sorprendentes en mi práctica médica. Una de éstas sucedió cuando atendí a una niña de nueve años con una terrible infección del oído. Cuando entró en el consultorio con su madre me resultó muy obvio reconocer el problema. Lloraba de dolor mientras se tocaba la oreja.  Al examinar  su tímpano se confirmó el diagnóstico.  Le receté un antibiótico y le expliqué a su madre cómo se lo debía administrar.  Debido a los beneficios del plan de salud de la madre, podría obtenerlo sin costo alguno en la farmacia que se hallaba a unos cuantos pasos de mi consultorio. Le pedí a la madre que me llamara en 24 o 48 horas, si su hija no mejoraba y la programé para otra visita unos 10 o 14 días después.

Dos semanas después la madre regresó con su hija, que de nuevo se agarraba la oreja y lloraba de dolor.  La madre entró enojada a mi oficina y me dijo, “¡Usted es un mal doctor!”.  Me disculpé si es que la había ofendido y le pregunté cuál era el problema. Contestó, “¡Usted es un mal doctor!.  ¡Mi hija sigue con la infección en el oído!”  Le pregunté cómo le había administrado el antibiótico y qué tanto quedaba en el frasco.  Entonces, reconoció que no había ido a la farmacia a recoger la medicina prescrita. “Yo sabía que no iba a servir, así que no se la di,” contestó.  ¡La medicina apropiada estuvo disponible pero la madre no la había usado!  Yo estaba sorprendido.

Con cuánta frecuencia, nos comportamos igual cuando nuestro Padre Celestial nos ofrece cura, o hasta prevenir muchos de los dolores y penas de nuestra vida, pero nosotros no “tomamos la medicina” que Él prescribe al seguir los consejos que nos da.

¡Como Presidencia de Área pedimos a cada miembro e incluso a cada familia que haga 2 cosas que los ayudarán a establecer la cultura del Evangelio en nuestros hogares y protegernos a nosotros y nuestras familias de muchos de los peligros y penas de este mundo! Estos “tratamientos” no son complicados, y son exactamente lo que nuestro Padre Celestial nos ha ordenado.

#1 Hacer del Evangelio una prioridad al guardar el día de reposo

En el Sinaí, Jehová dijo, “Acuérdate del día del reposo para santificarlo” (Éxodo 20:8). Actualmente no se habla mucho de este mandamiento, pero en los días del Antiguo Testamento su violación era considerada una ofensa capital (véase Éxodo 31:14). Era tan importante en esos días como lo es hoy, porque como familias y naciones eso nos distingue. El Señor dijo, “Vosotros guardaréis mis días de reposo, porque es señal entre yo y vosotros por vuestras generaciones” (véase Éxodo 31:13). Por supuesto que el guardar todo el domingo “santo” o “reverente” incluye no comprar cosas el domingo, no participar en actividades deportivas o recreativas y no trabajar de ser posible. Pero también incluye algunas cosas positivas, tales como asistir a nuestras reuniones en la Iglesia, mantener una actitud de reverencia en nuestros hogares y en nuestras actividades, y prestar servicio a los demás. Cuando una familia decide guardar este importante mandamiento, generalmente se reúne y toma esa decisión de manera concienzuda. Este tipo de decisión a nivel familiar puede cambiar el ambiente en el hogar cada día de la semana, no solamente los domingos. Invitamos a todos nuestros miembros a que guarden todo el día de reposo, incluso algunos miembros que tengan que hacer esto sin el apoyo de sus familias. Testificamos que les ayudará a protegerlos de toda injusticia.

#2 Ofrendas y diezmos

Tal vez muchos de nosotros recordemos el antiguo mandato y la promesa que el Señor dio a Su pueblo a través de Malaquías, el profeta.

“¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas... Traed todos los diezmos al alfolí,…y probadme ahora en esto…si no os abriré las ventanas de los cielos” (Malaquías 3:8,10).

Tradicionalmente hablamos de “diezmos y ofrendas”, pero quisiera abordarlo de otra manera, empezando por las “ofrendas”.  Actualmente en la Iglesia, cuando hablamos de “ofrendas” nos referimos principalmente al dinero que se entrega al obispo o presidente de rama el domingo de ayuno, (por lo general el primer domingo del mes) que representa el dinero que no gastamos en las 2 comidas de nuestra familia porque no comimos o bebimos nada (aproximadamente 24 horas). Este período de abstención de alimentos o líquidos se conoce como “ayuno”. Dado que no comemos o bebemos, no gastamos el dinero que se gastaría en ello, así que darlo como ofrenda al obispo o presidente de rama no nos cuesta nada sino sólo sentir hambre. Y el hambre sirve para disciplinar y hacer humildes nuestras almas. Entonces, somos bendecidos enormemente de dos formas: 1) incrementamos el control de nuestros apetitos y aumentamos nuestra humildad, y 2) ayudamos al hambriento, al pobre y al necesitado entre nosotros, así también, el obispo/presidente de rama es dirigido a usar los fondos donados por todos los miembros para ayudar a los demás.  ¡Qué obra cristiana maravillosa podemos así dar al resto de los hijos de Dios!

El ayuno nos fortalece y nos protege contra la tentación. Es muy cierto que todos nosotros, y en especial nuestros niños que ya están en edad de ayunar, ¡estarán mejor preparados para resistir el pecado si nosotros podemos resistir nuestros propios apetitos! ¿No quisiéramos todos ejercitar mejor nuestros músculos de “resistencia” espiritual al observar la ley del ayuno, especialmente cuando podemos bendecir a aquellos que tienen alguna necesidad a la misma vez? Es más, al empezar a ayunar, que no nos cuesta nada, también ganamos la fe y la fortaleza para pagar un diezmo justo, es decir, el 10% de nuestro ingreso anual.  Les alentamos a guardar este mandamiento tan importante con la misma fe con que pagan sus ofrendas de ayuno.

¡Un bono adicional para la juventud!

Al iniciar un nuevo año escolar en el Caribe, nosotros, como Presidencia de Área, quisiéramos ofrecerles una bendición adicional y protección a nuestra juventud. Brigham Young enseñó,

“Es tanto el deber como el privilegio de los Santos de los Últimos Días saber que su religión es verdadera” (véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, Brigham Young; capítulo 43: “Nuestra búsqueda de la verdad y nuestro testimonio personal).

Si por favor escuchan nuestro consejo, permítannos decir claramente a los padres y a los jóvenes también, ¡NUESTRA JUVENTUD NECESITA DE SEMINARIO E INSTITUTO!

Un estudio diario y serio de las Escrituras es indispensable para todos nosotros en estos días de prueba. Los cimientos doctrinales que nuestra juventud obtendrá en las clases de Seminarios e Institutos al estudiar las Escrituras, no tienen precio. Rogamos a los padres y a los líderes que hagan todo lo que esté a su alcance para que sus adolescentes y los Jóvenes Adultos Solteros se inscriban y asistan a las clases de Seminario o de Instituto respectivamente. Testifico que estarán más seguros en este mundo lleno de problemas.