Porque Sión debe aumentar en belleza y santidad...

 

Por el Élder Patrick Boutoille

 


El 26 de abril de 1832, el profeta José Smith recibió la siguiente revelación del Señor:

“Porque Sión debe aumentar en belleza y santidad; sus fronteras se han de ensanchar; deben fortalecerse sus estacas; sí, de cierto os digo, Sión ha de levantar y vestirse con sus ropas hermosas” (D. y C. 82:14).

En todas las dispensaciones el Señor ha exhortado a los santos a edificar Sión, y hoy, más que nunca, esta invitación se dirige a cada uno de nosotros. A veces podemos pensar que somos demasiado jóvenes, demasiado viejos, que estamos demasiado ocupados, que no somos lo suficientemente talentosos, o que somos demasiado insignificantes para ayudar a edificar el reino. ¡Eso no es cierto! Los sentimientos de insuficiencia no son correctos y proceden del adversario. Cada uno de nosotros posee talentos que el Señor puede utilizar.

Así que, ¿cómo podemos participar en el verdadero crecimiento de la Iglesia? ¿Cómo puedo yo como persona ser eficaz en mis esfuerzos?

El presidente Harold B. Lee nos dio una respuesta clara al enseñar que la verdadera fortaleza de la Iglesia se mide por la firmeza del testimonio de cada uno de sus miembros (Informe de Conferencia de Área, México, del 25 al 27 de agosto de 1972).

Por lo tanto, el verdadero crecimiento en la Iglesia significa que cada uno de nosotros permanezca fiel en nuestro testimonio y activo en nuestro servicio, que nuestra juventud se mantenga casta, que nuestros jóvenes sirvan fielmente una misión y que nuestros hombres y mujeres jóvenes se casen en el templo, se mantengan firmes en la fe y críen una posteridad justa. También significa integrar a los nuevos conversos cuidando de ellos con la buena palabra de Dios, brindándoles amistad y apoyo y proporcionándoles oportunidades para servir.

Hermanos y hermanas, podemos hacer que la edificación del reino sea parte de nuestra vida cotidiana. Permítame sugerirles cuatro acciones que nos permitirán aportar fortaleza a la Iglesia.

1. Desarrollar el deseo: Ya sea que seamos miembros desde hace poco tiempo o por un tiempo muy largo, debemos cultivar el deseo de hacer el bien, de ser buenos y de seguir el ejemplo que Jesús nos ha dado. “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (Juan 15:16).

2. Arrepentirse: En nuestro camino a la salvación, debemos usar el precioso don del sacrificio expiatorio del Salvador. Podemos buscar Su ayuda para cambiar. El arrepentimiento es un proceso continuo que trae verdadero progreso para el alma. No sólo nos requiere abandonar nuestros pecados y malos hábitos, sino que implica el desarrollo de acciones buenas en su lugar y el volver nuestros corazones y nuestros deseos totalmente hacia Dios.

3. Recibir las ordenanzas del Evangelio: “Así que, en sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad. Y sin sus ordenanzas y la autoridad del sacerdocio, el poder de la divinidad no se manifiesta a los hombres en la carne” (D. y C. 84:20-21). Las ordenanzas son pasos esenciales en nuestras vidas, y nuestro objetivo debe ser ir en pos de la siguiente ordenanza disponible para nosotros. Para algunos será el bautismo, para otros el ir al templo y para otros será la renovación de sus convenios semanalmente al tomar la Santa Cena concienzudamente.

4. Vivir nuestra conversión: “...Así como vive el Señor, cuantos lamanitas creyeron en su predicación y fueron convertidos al Señor, nunca más se desviaron” (Alma 23:6). Este es el nivel de conversión que debemos buscar. Debemos desarrollar nuestra fe a tal grado que, independientemente de lo que se presente en nuestras vidas, pase lo que pase, nos mantendremos firmes y anclados en el evangelio de nuestro Salvador Jesucristo.

Hermanos y hermanas, yo realmente sé que individualmente y como Iglesia podemos crecer tanto en número como en rectitud personal, lo que permitirá que Sión se levante y luzca sus ropas hermosas.