• Home
  • LDS.org
  • El crecimiento continuo del testimonio personal

El crecimiento continuo del testimonio personal

Mensaje de la Presidencia de Área

Por el Élder Patrick Kearon, Inglaterra

Primer Consejero de la Presidencia de Área de Europa


 

El Élder David S. Baxter dijo recientemente: “Incluso cuando en ocasiones parezca que nuestra fe no sea más grande que una semilla de mostaza, a medida que sigamos adelante, la Providencia avanzará con nosotros. Si procuramos la ayuda del cielo, la recibiremos, quizás incluso de maneras inesperadas”.

El Élder Baxter hablaba de la adversidad cuando escribió estas palabras y yo creo que son igual de verdaderas en los tiempos buenos. La clave es seguir adelante. Se ha dicho que si no avanzamos, retrocedemos. Necesitamos estirarnos y crecer para mantener nuestra fe fuerte y viva, ejercitando constantemente nuestros músculos espirituales. El Presidente Henry B. Eyring ha dicho: “La gran fe caduca en breve”. Esto me hace pensar en los momentos en que nuestra fe y testimonio son más dinámicos y seguros y algo los sacude o no los nutrimos con una comunicación constante con Dios.

Durante una reciente estancia en una ciudad grande, me desperté dos veces en la noche con el sonido de sirenas por la ventana de mi habitación del hotel. Al amanecer, miré por la ventana y vi que la estación principal de bomberos de la ciudad estaba directamente en frente. Los bomberos estaban afuera trabajando con uno de sus grandes camiones con escalera. La sesión de entrenamiento en que participaban me fascinó. Extendieron la escalera un poco y luego la contrajeron. La volvieron a extender un poco más y luego la volvieron a contraer. Siguieron el proceso hasta extenderla por completo y llegar al piso más alto del edificio que utilizaron para el entrenamiento. Me imagino que llevan a cabo este entrenamiento de forma regular. A través de entrenamientos constantes, sabrán exactamente qué hacer cuando les llegue la llamada crítica. El equipo de bomberos responderá inmediatamente a la llamada de socorro y, en un instante, cada miembro del grupo sabrá dónde estar y qué hacer para realizar el rescate en los pisos más altos de un edificio.

Es lo mismo con nosotros. Nuestra fe y testimonio necesitan ejercicio constante, estirarse constantemente para ampliar nuestro alcance espiritual. Sabemos las cosas que debemos repetir continuamente para mantenernos espiritualmente fuertes. A pesar de ello, podemos ser lentos en hacerlas, aun al darnos cuenta que sí nos fortalecen y bendicen. Nuestras devotas oraciones diarias, nuestro estudio dedicado de las escrituras, el ayuno regular con un propósito sincero, la asistencia regular al templo, el tiempo dedicado al servicio de Nuestro Padre Celestial y de los demás, nos ayudan a aumentar nuestro alcance espiritual y fortalecen nuestro testimonio. De igual manera, debemos recordar que pocas cosas fortalecen nuestro testimonio como compartirlo con los demás. Expresar en voz alta nuestras creencias fortalece nuestra fe y refuerza nuestras convicciones. La repetición constante de estas costumbres sencillas pero poderosas nos permite, en sentido literal, “Vestir[nos] con [nuestras] ropas hermosas” y llegar a ser lo mejor de uno mismo espiritualmente.

En D. y C. 82:14, el Señor nos manda: “Porque Sión debe aumentar en belleza y santidad; sus fronteras se han de ensanchar; deben fortalecerse sus estacas; sí, de cierto os digo, Sión se ha de levantar y vestirse con sus ropas hermosas”.

Cada vez que determinamos estirarnos un poco más hacia adelante y un poco más hacia arriba, nos sorprenden los valiosos dones espirituales que fluyen de nuestro obsequio notablemente pequeño. En esta época del año que recordamos el milagroso regalo expiatorio del Salvador, podemos fácilmente comprometernos a actuar en una manera que permita que estas bendiciones entren en nuestra vida.

Notas:

[1] David S. Baxter, “Dejar atrás la adversidad”, Liahona, Dic. de 2012, pág. 16-18

[2] Henry B. Eyring, “La preparación espiritual: Comiencen con tiempo y perseveren”, Liahona, Nov. de 2005, pág. 39