El poder de El Libro de Mormón

Por el Élder José L. Reina, de los Setenta


En estos días de tribulaciones y turbulencias, cuando tanto necesitamos sentir el Espíritu y mantenernos fuertes, recordamos las palabras del Presidente Ezra Taft Benson en cuanto a El Libro de Mormón: “Hay un poder en el libro que empezará a fluir en la vida de ustedes en el momento en que empiecen a estudiarlo seriamente. Encontrarán mayor poder para resistir la tentación, encontrarán el poder para evitar el engaño, encontrarán el poder para mantenerse en el camino estrecho y angosto”1.

Cuando conocí la Iglesia, a la edad de veinte años, mis misioneros, Elder Daniel Grigg y Elder Thayne Whipple, me invitaron a leer el capítulo de 3 Nefi 11 en El Libro de Mormón. Cuando empecé a leerlo, sentí ese poder del que habló el Presidente Benson y, tal como Parley P. Pratt cuando se encontró con El Libro de Mormón, no podía dejar de leerlo. Mientras lo leía, sus enseñanzas sobre el recogimiento de Israel me atraían de una forma sobrecogedora. Cuando terminé el capítulo 10 de Moroni, no pude evitar empezar a leer otra vez el libro, pero esta vez lo hice desde el principio. Cuando llegué de nuevo a 3 Nefi 11, la paz y el gozo que sentía me ayudaron a tomar las mejores decisiones de mi vida.

La lectura de El Libro de Mormón me ha ayudado en los momentos más cruciales de mi vida. Lo leí de principio a fin cuando más necesitaba sentir su poder e inspiración, como cuando estaba en el Centro de Capacitación Misional, cuando fui llamado como Presidente de Estaca, cuando tenía que preparar una conferencia o cuando el Presidente Hinckley nos desafió a todos a hacerlo en agosto de 2005. En cada uno de esos momentos su influencia y poder me ayudaron de una forma increíble. No solo me he sentido así al leerlo todo seguido, también siento su profunda influencia al leer sus relatos en cualquier momento o circunstancia. Recuerdo especialmente cuando mi hija Lidia María y yo decidimos leerlo juntos. Por varios días no pasamos de la introducción y tuvimos experiencias sagradas que ni ella ni yo olvidaremos nunca. El Libro de Mormón nos unió y fortaleció tremendamente.

Al igual que el profeta Enós, quién tras recibir el perdón de sus pecados anheló el bienestar de sus hermanos, o como el profeta Lehi, que tras probar del fruto del árbol de la vida deseó que su familia también participara del mismo, yo también sentí la necesidad de compartir El Libro de Mormón. En su inolvidable discurso Tenemos que inundar la tierra con el Libro de Mormón, el Presidente Benson dijo: “Dios me ha revelado la absoluta necesidad de llevar El Libro de Mormón al mundo ahora”2.

El Libro de Mormón me ha ayudado a compartir el evangelio. Siempre que he regalado un ejemplar de El Libro de Mormón, mi testimonio se ha fortalecido al ejercitar la fe y seguir el consejo del profeta. En cada ocasión, el Señor me ha guiado y ayudado para que todos los que lo recibían lo hicieran siempre con gratitud. Oro para que algún día pueda conocer el alcance que tuvo cada uno de esos valiosos regalos.

Me gusta recordar el ejemplo de la hermana Elena Henríquez, que mantenía un ejemplar de El Libro de Mormón en su tienda y aprovechaba cada ocasión para preguntar a sus clientes: ¿le gusta leer?

El Presidente Benson dijo: “[El Libro de Mormón] fue escrito para nuestros días. Los nefitas nunca tuvieron el libro, ni tampoco los lamanitas de la antigüedad. Fue escrito para nosotros”3.

Sé que si seguimos a nuestros profetas y leemos El Libro de Mormón diariamente, encontraremos la fortaleza y el poder para afrontar cualquier situación. Sentiremos como el Espíritu Santo nos acompaña de día y de noche. Nuestro testimonio de Jesucristo se hará firme y el deseo de satisfacerle moverá todas nuestras acciones. Que El Señor nos ayude a “no tratar con liviandad El Libro de Mormón” (Véase DyC 6:12) y podamos recibir todas las bendiciones que Él nos tiene preparadas. En el nombre de Jesucristo, amen.

NOTAS

1Ezra Taft Benson, “La Piedra Clave de Nuestra Religión”, Conferencia General de Octubre de 1986, Liahona, octubre de 2011, pág. 52.

2Ezra Taft Benson, “Tenemos que inundar la Tierra con el Libro de Mormón”, Conferencia General de Octubre de 1988, Liahona, enero de 1989, pág. 4.

3Ezra Taft Benson, “La Piedra Clave de Nuestra Religión”, Conferencia General de Octubre de 1986, Liahona, octubre de 2011, pág. 52.