Un regalo para Jesús

Élder Fernando Rocha, Portugal

Setenta de Área

Aquí está otra vez la Navidad, con todas las prisas y el ajetreo que acompañan a esta época del año. Es muy fácil que nos dejemos llevar por el espíritu festivo y comercial de este tiempo. Sin embargo, el verdadero símbolo de la Navidad es el nacimiento del bebé Jesús, y Él debería ser el centro de nuestra atención.

¿Cuál podría ser el regalo más significativo que le podríamos ofrecer? Él ha dicho:

“…venid a mí, y creed en mi evangelio y sed bautizados en mi nombre; porque el que crea y sea bautizado, será salvo…” 1.

Vivimos en una época maravillosa; la Iglesia está floreciendo en el Área de Europa, con varias ramas, barrios y estacas nuevas que se han creado este año. He sentido un gran entusiasmo en todos los barrios y las ramas que he visitado. Veo la esperanza y la fe en cada paso. Siento la devoción en los corazones de todos los que son parte de la obra de salvación. Las historias de éxito se multiplican, junto con el creciente número de los hijos de nuestro Padre Celestial que se unen al rebaño y los miembros menos activos que regresa con esperanza duplicada. Testifico que estamos experimentando un crecimiento real en Europa.

Durante la última conferencia general, el obispo Richard C. Edgley dijo: “Una de las formas más significativas e importantes de estableer el verdadero crecimiento en la Iglesia es tender una mano y rescatar a quienes han sido bautizados pero que están errantes en un estado menos activo, privados de las bendiciones y ordenanzas salvadoras” 2.

¿Cómo podemos formar parte más activa en la obra de “tender la mano” y rescatar a aquellos que se han desviado o a encontrar esas almas que buscan a Jesús? Como personas individuales, ¿cómo podemos ayudar a que la Iglesia crezca en Europa?

El mes de mayo pasado presidí la conferencia de la Estaca Maidstone, Inglaterra. Quería hablar del desafío que había dado la Presidencia de Área de hacer de junio un mes de invitación. Pensé que sería bueno invitar a alguien en el aeropuerto o durante las visitas que estaban planeadas para el sábado por la mañana y, de esa manera, usar mi ejemplo personal para motivar a los santos. Sin embargo, esto no ocurrió y regresé a mi hotel con un sentimiento de gran tristeza y de “misión no cumplida”. Pero todavía no me había dado por vencido.

Durante una recepción de esa tarde conocí a una señora Africana que me ayudó de forma realmente bondadosa. En la etiqueta con su nombre, note que hablaba tres idiomas, incluyendo portugués. Pronto, comenzamos a hablar y pude hablarle del propósito de mi viaje a Maidstone. La invite a escuchar a los misioneros y aceptó de inmediato. Durante nuestra conversación me di cuenta de que era de Cabo Verde. Le dije que yo visito Cabo Verde a menudo y que me gustaba mucho un platillo típico llamado “cachupa”. Ella me dijo que su madre era una cocinera excelente y que me invitaría a almorzar con ella.

Dos meses después de nuestra conversación, visité Cabo Verde, y fui a ver a la madre de la joven mujer con el presidente Roseveltt Teixeira de la nueva Estaca Praia. Tuvimos la oportunidad de hablar con su madre y con su padrastro y de hablarles en cuanto a la Iglesia. Se nos recibió muy bien y nos invitaron a almorzar con ellos en otra ocasión futura.

De esa visita, obtuve otra referencia de otra hija que vive en Portugal. De inmediato hice arreglos para que el grupo de jóvenes adultos solteros más cercano se pusiera en contacto con ella.

Extender la invitación es sencillo; debemos hablar con otros e invitarles a venir a Cristo. Creo que mi regalo de “tender la mano” a alguien agradó al Salvador, y continuaré invitando a todos a venir a Cristo y a aceptar la invitación de Él:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

“Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas.

“Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”3.

Notas:

1. Éter 4:18

2. Obispo Richard C. Edgley, “El rescate para el verdadero crecimiento”, Liahona, mayo de 2012

3. Mateo 11:28-30