El Libro de Mormón en español

La primera traducción y cómo llegó a México

Por el élder F. LaMond Tullis


            En 1875, varias circunstancias extraordinarias se fusionaron para hacer posible la primera traducción al español del Libro de Mormón y su llegada a México. Éstas van desde las condiciones políticas cambiantes del país a la repentina aparición de un experto lingüista en el territorio de Utah y a partir de entonces, al ingenio de varios santos para preparar y distribuir en México mil quinientas copias de una selección de capítulos traducidos del Libro de Mormón.

El Presidente Brigham Young sabía muy bien que para justificar la traducción, el terreno político en México primeramente tendría que estar preparado y vio La Reforma de Benito Juárez como dicha preparación. Las reformas políticas de Juárez harían posible la prédica del evangelio en México y tal vez así, abrir el camino para que algunos Santos de los Últimos Días de Utah pudieran venir a vivir aquí permanentemente.

El Presidente Young quería que las buenas nuevas del evangelio restaurado llegaran a México. Además, necesitaba encontrar un posible hogar para los santos que vivían en el Territorio de Utah por si el gobierno federal de los EE.UU. los expulsaba y tuvieran que huir de sus hogares una vez más. Si esto ocurriera, pensó que México sería un buen lugar a donde ir. Sólo necesitaba tener mayor información sobre los lugares adecuados.

            Con este fin, en 1874 el presidente Young se puso en contacto con dos Santos de los Últimos Días que vivían en Salt Lake los cuales tenían poco conocimiento del idioma español y les dijo que se prepararan para traducir el Libro de Mormón e ir a una misión en México. Sin embargo, había un problema. A pesar de todas sus oraciones, el poco conocimiento del español de Daniel W. Jones y Henry Brizzee hacía poco probable, si no imposible, lograr una buena traducción. Aún así, Brigham Young les insistió que estudiaran español y tradujeran el Libro de Mormón y otros documentos para salir a esa misión.

            Bajo circunstancias singulares, Melitón González Trejo, un oficial militar español destinado a las Filipinas, vendió su propiedad ahí, renunció a su puesto y viajó a Salt Lake City. Un día, a principios de la primavera de 1875, mientras andaba por las calles buscando con quien platicar, conoció a Henry Brizzee. “¡Qué feliz coincidencia!”, dijo alguien.

            Por meses, Melitón González Trejo y Daniel W. Jones trabajaron en una traducción del Libro de Mormón. Debido al alto costo de impresión, se vieron forzados a reducir el tamaño del libro omitiendo la mayoría de él en la publicación final. Con la ayuda financiera de casi quinientos santos en Utah, imprimieron mil quinientas copias las cuales transportaron sobre treinta mulas y caballos, y comenzaron un viaje por tierra que los llevó al sur a la ciudad de Chihuahua. Desde ahí, enviaron quinientas copias a hombres prominentes por todo el país. Además, tuvieron mucho éxito predicando el evangelio en pueblos cercanos a Guerrero y en otros lugares a lo largo de las montañas de la Sierra Madre. Adonde quiera que viajaban, exploraban posibles lugares para colonizar.

En su debido momento, algunos ejemplares de Trozos Selectos llegaron a las manos de gente influyente en el centro de México, quienes exigieron que se les enviaran misioneros para predicarles. Esto sucedió en 1879, tres años después de que los primeros misioneros regresaran a sus hogares en Utah. Melitón González Trejo, traductor de la primera edición en español del Libro de Mormón, era uno de los nuevos misioneros que vinieron del norte.

A pesar de que Trozos Selectos sembró la semilla sigilosamente, hoy en día, el libro completo, en sus cada vez más refinadas traducciones, se ha esparcido en casi toda la nación mexicana tocando el corazón y cambiando la vida de las personas. Este libro, que fue transportado a caballo dos mil quinientos kilómetros y enviado a través del servicio postal mexicano a personas que nunca antes habían visto, ha comprobado el poder de su mensaje acerca del Salvador, sus ordenanzas salvadoras y los principios del evangelio que Él enseñó, gracias a la respuesta de la gente. A medida que el evangelio restaurado se extiende por toda la nación, más de un millón de mexicanos ha bajado a las aguas del bautismo.

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Esta información también se incluyó en la “Lección #1” para el quinto domingo de abril que se encuentra en el portal de historia de sud.org.mx