Membresía en la Iglesia

A donde vayamos en el mundo, encontramos a otros con quienes tenemos algo en común muy importante.

Bendiciones personales de una iglesia en todo el mundo

Como miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, usted pertenece a una congregación local—un barrio o rama. Allí se le enseña el Evangelio restaurado, tiene oportunidades para prestar servicio, tiene acceso a ordenanzas sagradas del sacerdocio, y encuentra hermanamiento con otros Santos de los Últimos Días. Es allí que usted tiene un obispo o presidente de rama, maestros orientadores y maestras visitantes que ayudan a velar por usted.

El ser un Santo de los Últimos Días es ser miembro de una iglesia en todo el mundo, con miembros en más de 170 naciones. Incluso si se muda a otro vecindario, ciudad, o país, allí habrá una congregación a la cual usted pertenecerá. Y todas las mismas bendiciones y privilegios serán suyos—incluyendo la bendición del hermanamiento. El Evangelio nos hace hermanos y hermanas los unos con los otros, y a donde vayamos en el mundo, encontramos a otros con quienes tenemos algo en común muy importante.

En el mismo sendero

Como los otros miembros de su barrio o rama, usted entró en el sendero hacia la vida eterna cuando se bautizó por la verdadera autoridad del sacerdocio y recibió el don del Espíritu Santo (véase 2 Nefi 31:17–18). En el momento de su bautismo, usted hizo convenios, o promesas, con Dios. Usted prometió seguir a Jesucristo, recordarle siempre, y guardar Sus mandamientos. Mientras usted haga estas cosas, el Espíritu del Señor le guiará y fortalecerá para continuar en el sendero. Cada semana, usted puede unirse a su barrio o rama para participar de la Santa Cena y renovar sus convenios bautismales.

Servir en el camino

Otro convenio que usted hizo al bautizarse fue el de servir. Tener llamamientos o responsabilidades dentro de su barrio o rama es una gran bendición y oportunidad. Cuando usted presta servicio, usted crece espiritualmente y experimenta el gozo de seguir el ejemplo de Jesús. También formará lazos de amistad y amor con aquellos a los que sirva. En tanto usted busque ayudar a otros en el sendero a la vida eterna, descubrirá que sus propios problemas y preocupaciones se harán más ligeros, y se fortalecerá en su determinación de continuar el viaje.

Hay muchas maneras de prestar servicio en la Iglesia. Usted puede ser llamado a enseñar una clase dominical a niños pequeños, dirigir la música en la congregación, organizar las actividades sociales, coordinar la preparación para emergencias, o cumplir una variedad de otras responsabilidades. Todos los adultos son llamados a servir como maestros orientadores o maestras visitantes; esta oportunidad es parte de un programa inspirado para asegurar que se vela por todos los miembros, y que se les visita y enseña en sus hogares. Además de las asignaciones formales que reciba, con frecuencia la mejor manera de prestar servicio es simplemente ser amigo de los miembros de la congregación, así como de aquellos que no sean de nuestra fe.

Templos: símbolos terrenales de un objetivo eterno

El sendero que usted comparte con otros miembros de su barrio o rama tiene un destino final: el cielo, o la vida eterna con Dios como familias. Los templos de la Iglesia son un símbolo terrenal del objetivo eterno. La Iglesia considera la familia como la unidad más importante en esta vida y en la eternidad, y en el templo usted puede recibir ordenanzas y hacer convenios que le unirán a Dios y a su familia. En los templos usted puede sentir además una cercanía a Él que le proporcionará renovación espiritual y una visión de bendiones futuras.

Élder Russell M. Nelson enseñó:

El templo es el objeto de toda actividad, de toda lección y de todo paso de progreso en la Iglesia. Todos nuestros esfuerzos por proclamar el Evangelio, perfeccionar a los santos y redimir a los muertos conducen al santo templo. Las ordenanzas del templo son absolutamente cruciales. No podemos regresar a la gloria de Dios sin ellas.

Al servir y crecer en la Iglesia, enfóquese en ayudar a su familia y otros a recibir las bendiciones del templo.

Regocijarse y compartir

En las Escrituras se nos enseña que “existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25). Aunque todos experimentaremos momentos de pruebas y de tristeza, seguimos adelante con fe en el Evangelio restaurado de Jesucristo y en Su poder supremo de remisión.

Somos extraordinariamente bendecidos de ser guiados por un profeta viviente y apóstoles que reciben constante revelación de Dios. Sabemos que Su plan es un plan de felicidad y que si somos fieles, Él nos dará paz en esta vida y bendiciones gloriosas en la vida por venir. Encontramos gozo en estas verdades, y por estas razones nos ayudamos unos a otros en nuestro viaje terrenal. Los misioneros de la Iglesia, quienes son reconocidos por todo el mundo, son ejemplos de lo que deberíamos esforzarnos por ser—seguidores agradecidos de Jesucristo que se regocijan en Su bondad y comparten Su evangelio con todos los que quieran escuchar.