Fomentar el análisis en clase


Considere una o más de las siguientes ideas
 

  1. Cada capítulo en Enseñanzas de los presidentes de la iglesia: George Albert Smith contiene preguntas. Utilice estas preguntas para motivar el diálogo acerca de la lección (véase La enseñanza: El llamamiento más importante - Guía de consulta para la enseñanza del Evangelio [2000], págs. 75-77).
  2. Haga una pausa después de hacer una pregunta y después de pedirles a los integrantes de la clase que compartan experiencias. “No le tema al silencio. La gente por lo general necesita tiempo para pensar y entonces responder a las preguntas o expresar lo que sienten” (La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 72).
  3. “Para ayudar a sus alumnos a prepararse para contestar preguntas, podría informarles antes de que algo se les lea o se les presente que les hará algunas preguntas” (La enseñanza: El llamamiento más importante, págs. 74-75).
  4. “Las preguntas escritas en la pizarra antes de empezar la clase ayudarán a los alumnos para que comiencen a pensar en los temas de la lección” (La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 105).
  5. Antes de pedirle a un integrante de la clase que lea algo de las Escrituras, avise a toda la clase que luego les pedirá que hagan un análisis. Por ejemplo, podría decir: “Escuchen este pasaje para que puedan expresar lo que es de mayor interés para ustedes en cuanto a él” o “Mientras leemos este pasaje de las Escrituras, traten de entender lo que el Señor nos dice acerca de la fe” (véase La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 74).
  6. Pida a más de un integrante de la clase que conteste la pregunta. Por ejemplo, antes de hacer una pregunta, podría decir: “Me gustaría que varios de ustedes contestaran esta pregunta”. Luego, una vez que haya hecho la pregunta, permita que más de un integrante de la clase responda (véase La enseñanza: El llamamiento más importante, págs. 68–69).
  7. “Responda a la inspiración que reciba para pedir la participación de determinadas personas. Hasta podría sentirse inclinado a pedir la participación de alguna persona que no se haya ofrecido a expresar su punto de vista” (La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 68).
  8. “Tenga especial cuidado y ore al considerar a cada persona del grupo. Quizás podría decidir pedir una opinión personal sobre cierto tema en lugar de hacer una pregunta específica que no sea capaz de contestar” (La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 69).
  9. “Usted puede ayudar a quienes enseña a sentirse más confiados en cuanto a su capacidad para participar en un análisis si responde positivamente a cada comentario sincero” (La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 69).
  10. “Nunca ridiculice ni critique ninguna pregunta o comentario, sino más bien demuestre cortesía y amor al tratar de responder de la mejor manera que le sea posible. Si una persona siente que sus comentarios son apreciados, compartirá con mayor voluntad sus experiencias, sus sentimientos y su testimonio” (La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 70).
  11. “Responda con respeto y cortesía a las contestaciones incorrectas. Asegúrese de que la persona continúe sintiéndose cómoda al participar”. Considere responder algo como “Gracias por su comentario. Veamos si las Escrituras pueden aclararlo” o “Gracias por traer esa idea a colación. Permítame leer del manual para aclarar ese punto” o “Es una idea interesante. Déjeme investigar eso durante la semana y conseguiré más información” (véase La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 74).
  12. “Haga todo el esfuerzo posible por escuchar sinceramente los comentarios de sus alumnos. Su ejemplo les alentará a escucharse con atención unos a otros” (La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 69).
  13. “Cuando alguien haga una pregunta, diríjasela a los demás en vez de contestarla usted mismo. Por ejemplo, podría decir: '¿Quiere alguno de ustedes responder a esa pregunta?’” (La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 72).
  14. “Si no entiende el comentario de [alguien], hágale una pregunta, tal como: ‘No creo entenderle bien. ¿Podría explicarlo nuevamente?’ o ‘¿Podría darnos un ejemplo de lo que nos quiere decir?’” (La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 69).
  15. “Tenga cuidado de no dar término demasiado temprano a los análisis interesantes simplemente para presentar todo el material que haya preparado. Aunque es importante abarcar todo el material de la lección, es más importante aún procurar que los alumnos sientan la influencia del Espíritu, que se resuelvan sus preguntas, que incrementen su entendimiento del Evangelio y que afirmen su cometido de guardar los mandamientos” (La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 69).
  16. “Divida la clase en pequeños grupos y entrégueles algunas preguntas para que las estudien en conjunto. Luego pida a cada grupo que presente sus respuestas a la clase” (La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 75).
  17. “Tenga especial cuidado de no hacer preguntas que promuevan altercados o que destaquen temas sensacionales. No haga preguntas que provoquen dudas o que conduzcan a análisis que no edifiquen” (La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 75).
  18. “El escuchar con atención es una manifestación de amor y con frecuencia requiere sacrificio. Cuando verdaderamente escuchamos a otras personas, por lo general debemos refrenarnos de lo que queremos decir para entonces permitir que otros puedan expresarse” (La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 71).
  19. “Los maestros que hablan la mayor parte del tiempo o que responden por sí mismos a cada pregunta suelen desalentar la participación de los alumnos. Usted debe tener cuidado de no hablar más de lo necesario o de no expresar su propia opinión con demasiada frecuencia. Tales acciones pueden resultar en que sus alumnos pierdan el interés. Considérese a sí mismo como el guía de una excursión de aprendizaje que intercala comentarios apropiados para mantener a los participantes en el sendero correcto” (La enseñanza: el llamamiento más importante, pág. 69).