Firmeza

Mensaje de los Líderes del Área

 

Por el Élder Kent F. Richards, EE.UU.

Anterior Segundo Consejero de la Presidencia del Área de Europa


La visión que tiene la Presidencia de Área sobre el crecimiento de la Iglesia en Europa es maravillosa. Tal como se indica en el Plan de Área anual, hay muchas posibilidades de duplicar la cantidad de miembros que asisten a la reunión sacramental para el año 2019. Ésta es una visión de fe, de esperanza, de caridad y de trabajo duro. A veces, nosotros pensamos en términos de grandes cantidades de personas y multitudes que adoran juntos al Señor. Es maravilloso cuando esto ocurre, nos fortalecemos y servimos unos a otros. Pero, quizás sea de mayor importancia la dulce conversión que se lleva a cabo en el corazón de cada persona y el poder existente en el seno de las familias para proteger, fortalecer y literalmente salvar a cada miembro.

En este maravilloso año de servicio en el Área Europa, he visto y sentido el poder del Espíritu del Señor extendiéndose hasta los corazones y los hogares de los miembros en muchos países. Yo he podido sentir Su amor por cada persona. En ocasiones, pienso que se logra un bien mayor en una conversación a solas con un alma afligida, que con todo lo que se dice en la sesión general de una conferencia de estaca. Claro está, las reuniones son importantes porque en ellas cada persona puede sentir la influencia sustentadora del Espíritu y el Espíritu personaliza los mensajes para cada quien.

Probablemente, el mayor desafío para las personas sea el de continuar siendo fieles. He visto a muchas personas que decidieron hacer “una pausa” en su actividad en la Iglesia. Aun luego de haber regresado, lo tuvieron difícil para tratar de alcanzar lo que hubieran aprendido y sentido y lo que hubieran llegado a ser, si hubiesen permanecido fieles todo el tiempo. Cuando el profeta Alma habló con su fiel hijo, Shiblón, empleó palabras muy poderosas: “firmeza”, “fidelidad”, “continúes”, “persevera hasta el fin”1. Estas palabras, y lo que ellas significan, encierran una gran felicidad y bondad. El propósito final de nuestra jornada terrenal consiste en recibir las ordenanzas del templo, con sus correspondientes convenios, y luego guardar estos convenios por toda la eternidad. En realidad, se trata de convenios eternos hechos con nuestro Padre Celestial. Estas ordenanzas y estos convenios son la clave misma de nuestra felicidad eterna, que hacen empequeñecer todos nuestros desafíos y problemas aparentemente insolubles, que a menudo nos acosan.

El Salvador Jesucristo “nos sacó” de nuestro “Egipto”, de nuestros problemas, pecados y temores, para “traernos” a la paz, al gozo, a la felicidad y la esperanza perdurables2. Sus promesas son reales; son constantes; son personales; nunca fallan. Él espera eternamente con los brazos abiertos, a que hagamos convenios en nuestros corazones y Él vive para que tomemos sobre nosotros Su nombre, guardemos Sus mandamientos y sirvamos a los demás.

Lo que parece resultar más difícil para la mayoría de nosotros, es desprenderse de sus preciados recursos, tanto en tiempo como en dinero. Quizás sea por eso que el Señor instituyó los diezmos y las ofrendas como una norma para celebrar convenios y mantenerse fiel. Sin embargo, junto con el mandamiento Él extiende promesas y seguridades tan exquisitas que superan con creces todas nuestras dificultades. Y lo que es más importante aun: nuestra fe se hace más fuerte y estamos más felices. La certeza de que Él nos conoce y Se preocupa por nosotros es real.

“Y allí llevaréis vuestros… diezmos… y vuestras ofrendas voluntarias… y comeréis allí delante de Jehová vuestro Dios, y os alegraréis, vosotros y vuestras familias, en toda obra de vuestras manos en que Jehová tu Dios te haya bendecido”3 “…porque Jehová vuestro Dios os está probando, para saber si amáis a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma. En pos de Jehová vuestro Dios andaréis, y a él temeréis, y guardaréis sus mandamientos, y escucharéis su voz, y a él serviréis y a él os aferraréis”4. Aun cuando estas palabras fueron pronunciadas por profetas hace miles de años, siguen siendo válidas y son verdaderas. Él requiere nuestro corazón y nuestros convenios, a fin de que pueda bendecirnos sin medida.

Notas:

1 Véase Alma 38:2

2 Véase Deuteronomio 6:23

3 Véase Deuteronomio 12:6–7

4 Véase Deuteronomio 13:3–4