"La historia de la Iglesia es la historia de las personas"

Mensaje de los Líderes del Área

 

Por el Élder Kent F. Richards, EE.UU.

Segundo Consejero de la Presidencia del Área de Europa


“Las lecciones del pasado, nutridas con el testimonio e irrigadas con el agua de la fe, pueden arraigarse en su corazón y llegar a ser una parte vital de su ser” 1. El élder M. Russell Ballard nos enseñó con estas breves palabras el verdadero propósito de llevar la historia de la Iglesia y de estudiarla: aprender de nuestros antepasados sobre la fe y el compromiso voluntario. Por medio de sus experiencias y sus ejemplos nuestros propios testimonios se fortalecen y nuestros corazones se aprestan más firmemente para nuestra jornada personal por la mortalidad. Más allá de la simple catalogación de acontecimientos, el estudio de la historia de la Iglesia se centra en entender cómo se relacionan estos acontecimientos con las personas que los vivieron. Muy pronto nos damos cuenta que aunque el entorno y las circunstancias del pasado puedan ser distintos de los nuestros, los desafíos, las oportunidades y los principios de fe se aplican exactamente igual.

Cada uno de nosotros puede mirar hacia nuestra primera generación de antepasados que se unieron a la Iglesia (¡que podrían ser ustedes mismos!) y regocijarse en su fe y humilde disposición a cambiar sus vidas y seguir con esmero la senda del Evangelio, lo que con frecuencia requirió grandes sacrificios personales y familiares. De hecho, las lecciones del pasado se robustecen en cada generación subsiguiente a medida que se aprenden y ponen en práctica las tradiciones de la obediencia y el servicio fieles. Todos podemos aprender de los hermosos ejemplos de muchos de los primeros santos, pero recibimos el mayor poder del ejemplo de nuestros propios antepasados, de nuestra propia historia familiar y de la Iglesia. En realidad, no se puede separar la historia de la Iglesia de la historia familiar. Al estudiar los nombres, lugares, acontecimientos y la vida de nuestros antepasados, realmente estamos estudiando la historia de la Iglesia en su forma más sublime. Aún cuando no hayan sido miembros de la Iglesia, estaban preparando fielmente las generaciones que les seguirían para recibir la verdad una vez que la luz los iluminara finalmente.

Al ir estudiando las vidas de mis antepasados directos, mi propia fe ha crecido y se ha fortalecido gracias a la fe y constancia de ellos. Su humilde servicio implicó muchos grandes sacrificios de bienes y comodidades. Partieron para ir a servir, dejando en las manos del Señor a sus familias e hijos, para encontrar luego que algunos de sus familiares fallecieron y nunca más volverían a abrazarlos durante la vida mortal.

Una de las declaraciones más conmovedoras de uno de mis antepasados, la dijo mi tatarabuelo, Willard Richards, mientras conversaba con el profeta José Smith en la cárcel de Carthage, unos minutos antes que llegara la turba y quitara la vida al profeta. El profeta le había hecho una pregunta que ponía a prueba su corazón y su resolución. El siguiente extracto proviene del diario de Willard, escrito de su puño y letra (nótese que se refiere a sí mismo como el “Dr. Richards”):

“José dijo que después de la cena entraríamos [en la celda de la prisión, por seguridad]. José le preguntó al Dr. Richards: ‘Si vamos a esa celda, ¿irá con nosotros?’. El Dr. Richards contestó: ‘Hermano José, usted no me pidió que lo acompañara al cruzar el río, no me pidió que viniera a Carthage, no me pidió que lo acompañara a la cárcel, ¿y piensa que ahora lo voy a abandonar? Le diré lo que voy a hacer: si lo condenan a la horca por traición, yo pediré que me ahorquen en su lugar y usted quedará libre’. José le dijo: ‘No podrá hacerlo’, a lo que el doctor respondió: ‘Sí, lo haré’” 2.

“Lo haré, lo haré”, sin importar lo que cueste, incluso mi propia vida si fuese necesario, “lo haré”.

Puede que se nos haga esta pregunta de otra forma, pero efectivamente todos la confrontamos: “¿Lo harás?” ¿Entregarás tu corazón, dejarás las comodidades y vivirás para servir al Señor Jesucristo y a Sus hijos? ¿Darás todo de ti?

Que nuestra respuesta sea: “lo haré”. Que nuestra vida sea “historia de la Iglesia” para quienes vengan después de nosotros.

Notas:

1 Élder M. Russell Ballard, Liahona, mayo de 2009, pág. 34.

2 Diario personal de Willard Richards, copia en poder del autor (véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, págs. 490-491).