Permanecer firmes en la fe

Mensaje de los Líderes del Área

Por el Élder Hans T. Boom, Holanda

Setenta de Área


El día que hicimos nuestros convenios con el Señor al bautizarnos fue un día gozoso. En ese momento decidimos asirnos a la barra de hierro y comenzar nuestro viaje de regreso a casa.

A lo largo de nuestro viaje nuestro avance se ve entorpecido por el vapor de tinieblas que se menciona en la visión de Lehi (1 Nefi 8:23). Esa niebla está compuesta por las tentaciones del diablo, pero también puede formarse por eventos inesperados en nuestra vida, tales como enfermedades, la pérdida de un ser querido, un hijo descarriado, una relación deteriorada, el desempleo o dudas sobre ciertos asuntos del Evangelio.

Y luego está el edificio espacioso desde el que se escuchan muchas voces que nos animan a soltar la barra de hierro y abandonar el camino. Esas voces nos dicen que una vida sin convenios nos hará felices. Nos dicen que los profetas de la antigüedad y los profetas modernos están equivocados y que no habrá redención. En otras palabras, esas voces nos alientan a vivir de acuerdo con las normas del mundo.

El evangelio de Jesucristo siempre ha sido un ancla en mi vida. Cuando era joven, fui asediado por la fiebre del heno y el asma, lo que significaba que a menudo respiraba con dificultad. Le pedía a nuestro Padre Celestial que me diera un poco de aire, y Él respondía mis oraciones. Tuve otras experiencias cuando era niño en las que sentí las bendiciones del Señor, como en el caso de una enfermedad grave de mi padre y un parto complicado de mi madre. Esas y muchas experiencias posteriores me ayudaron a desarrollar y fortalecer mi fe. Debido a mis experiencias en la vida, ahora puedo decir que sé que “quienes pongan su confianza en Dios serán sostenidos en sus tribulaciones, y sus dificultades y aflicciones, y serán enaltecidos en el postrer día” (Alma 36:3).

Podemos hacer varias cosas que nos ayudarán a aferrarnos a la barra de hierro y a permanecer firmes en la fe:

1. “Consulta al Señor en todos tus hechos, y él te dirigirá para bien; sí, cuando te acuestes por la noche, acuéstate en el Señor, para que él te cuide en tu sueño; y cuando te levantes por la mañana, rebose tu corazón de gratitud a Dios; y si haces estas cosas, serás enaltecido en el postrer día” (Alma 37:37).

2. Leer los libros canónicos de la Iglesia y las palabras de los profetas modernos, y meditar en ellos. Dios nos promete ayudarnos si hacemos esto todos los días. Cuando estudiamos las Escrituras con fidelidad, tenemos la compañía del Espíritu Santo (véanse las palabras del presidente Henry B. Eyring en la revista Liahona de mayo de 2004). Cuando estudiemos las Escrituras con espíritu de oración, la respuesta quizás no venga directamente a través de la palabra impresa; pero a medida que leamos podremos recibir claras impresiones y susurros y, como se nos ha prometido, el Espíritu Santo “[nos] mostrará todas las cosas que [debemos] hacer” (2 Nefi 32:5).

3. “Aférrense al conocimiento que ya tienen y manténganse firmes hasta que reciban más conocimiento.”

(Élder Jeffrey R. Holland, Conferencia General de abril de 2013).

En esos momentos de niebla en su vida, cuando es difícil aferrarse a la barra de hierro, piensen en el himno "Firmes creced en la fe":

Firmes creced en la fe que guardamos;

por la verdad y justicia luchamos.

A Dios honrad,

por Él luchad,

y por Su causa siempre velad.

(Himnos, Nº 166)

Ser firmes en la fe significa que nuestra vida está profundamente arraigada en la tierra del Evangelio; que guardamos los mandamientos, servimos a nuestro prójimo con humildad y guardamos nuestros convenios. El vivir de esa manera nos dará paz en tiempos de niebla y seremos capaces de mantenernos aferrados a la barra de hierro que nos conduce de nuevo al amor de Dios, en el que podemos disfrutar de la vida eterna.

Ayudémonos unos a otros a mantenernos aferrados firmemente a la barra de hierro e invitemos a otras personas a seguir el mismo camino. Al permanecer firmes en la fe encontraremos nuestro mayor gozo y paz.