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Lo que la Iglesia enseña acerca del matrimonio


Hugh B. Brown, “El concepto Santo de los Últimos Días del matrimonio”, Liahona, junio de 2011

El matrimonio es y debe ser un sacramento. La palabra sacramento se define de varias maneras, pero entre las personas cristianas significa una ceremonia o un acto religioso solemnizado por alguien que posee la debida autoridad. Es una promesa, un convenio solemne, un símbolo o unión espiritual entre las partes contrayentes, y entre ellas y Dios.

Boyd K. Packer, “El estandarte de la verdad se ha izado”, Liahona, noviembre de 2003

No obstante cuán diferentes parezcamos para el mundo, no obstante lo ridiculizadas que sean nuestras normas, no obstante cuánto sucumban a la tentación otras personas, nosotros no vamos a ceder, no podemos ceder.

“El fortalecimiento de la familia: La familia es el elemento central del plan del creador”, Liahona, diciembre de 2004

Debemos tomar nuestro lugar al frente de esta guerra que empezó en la vida premortal y hacer todo lo posible para proteger y preservar la santidad de la familia.

“El fortalecimiento de la familia: Multiplicad y henchid la tierra”, Liahona, abril de 2005

Las bendiciones que se reciben al guardar el mandamiento de Dios de criar hijos son de las más dulces que Él ofrece. De hecho, en muchas formas, el ser padres nos permite probar por anticipado lo que es ser un dios.

L. Tom Perry, “La solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro”, Liahona, junio de 2006

El tema que se me ha asignado es el siguiente razonamiento de la proclamación sobre la familia: “El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos”.

Sheri L. Dew, “No es bueno que el hombre ni la mujer estén solos”, Liahona, enero de 2002

Es posible que ningún matrimonio ni familia, ni barrio ni estaca alcance la plenitud de su potencial hasta que esposos y esposas, madres y padres, y hombres y mujeres trabajen juntos en unidad de propósito.

David A. Bednar, “El matrimonio es esencial para Su plan eterno”, Liahona, junio de 2006

La Primera Presidencia nos ha aconsejado encarecidamente que dediquemos nuestros mejores esfuerzos al fortalecimiento del matrimonio y del hogar. Esa instrucción jamás se ha necesitado más en el mundo que hoy en día, a medida que se ataca la santidad del matrimonio y se debilita la importancia del hogar.

Russell M. Nelson, “Nutrir el matrimonio”, Liahona, mayo de 2006

Los matrimonios serían más felices si se nutrieran con mayor esmero.

Russell M. Nelson, “El matrimonio celestial”, Liahona, noviembre de 2008

[La] proclamación sobre la familia nos ayuda a darnos cuenta de que el matrimonio celestial proporciona mayores posibilidades de obtener la felicidad que cualquier otro tipo de relación.

F. Burton Howard, “El matrimonio eterno”, Liahona, mayo de 2003

Si queremos que algo dure para siempre, debemos tratarlo de forma diferente… llega a ser algo especial porque en eso lo hemos convertido.

Gordon B. Hinckley, “El matrimonio que perdura”, Liahona, julio de 2003

Que Dios les bendiga; que al contemplar la posibilidad del matrimonio, busquen no sólo el maravilloso compañerismo y las ricas y fructíferas relaciones familiares en sus días terrenales, sino que también busquen una mejor existencia, en la que se puedan sentir y conocer el amor y las uniones más preciosas bajo la promesa que Dios nos ha hecho.

James E. Faust, “Enriquezcan su matrimonio”, Liahona, abril de 2007

En el proceso de enriquecer el matrimonio, las cosas pequeñas son las realmente importantes. Debe haber un aprecio mutuo constante y una demostración atenta de gratitud. Para que haya progreso, la pareja debe alentarse y ayudarse mutuamente. El matrimonio es una empresa conjunta en busca del bien, de la belleza y de todo lo divino.

Spencer W. Kimball, “Unidad en el matrimonio”, Liahona, octubre de 2002

No se logran la felicidad ni un buen matrimonio con el solo hecho de efectuar una ceremonia. Esto requiere olvidarse de uno mismo, un cortejo continuo y el ser obedientes a los mandamientos del Señor.

W. Douglas Shumway, “El matrimonio y la familia: Nuestra sagrada responsabilidad”, Liahona, mayo de 2004

En una sociedad en la que a menudo se evade el matrimonio, se evita la paternidad y se degrada a las familias, tenemos la responsabilidad de honrar nuestro matrimonio, de educar a nuestros hijos y de fortalecer nuestras familias.