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La maternidad: Una asociación eterna con Dios

El élder Jeffrey R. Holland comparte un tributo a las madres


La labor de una madre es ardua y muchas veces no reconocida. Sepan que valió, vale y para siempre valdrá la pena.

Hace poco una madre me escribió diciéndome que sentía que el mundo esperaba que ella enseñara a los hijos a leer y a escribir, decoración, latín, matemática avanzada y el uso de Internet, todo antes de que el bebé siquiera dijera “mamá”. Se preocupaba porque sentía que no estaba a la altura de lo que se esperaba de ella o que sería incapaz de llevar a cabo la labor, la inversión mental, el esfuerzo espiritual y emocional, las exigencias intensas de día y de noche que agotan, pero que a veces son necesarias si una desea y trata de ser la madre que Dios espera que sea.

Pero había una cosa que la hacía seguir adelante. Dijo: “A través de los altibajos y de las lágrimas ocasionales, sé muy dentro de mí que estoy llevando a cabo la obra de Dios. Sé que, por medio de la maternidad, participo con Él en una asociación eterna”.

Madres: valoren esa función tan exclusivamente suya y para la cual el mismo cielo envía ángeles para velar por ustedes y por sus pequeños. De ustedes es la obra de salvación y serán magnificadas y recompensadas, serán hechas más de lo que son y mejor de lo que han sido. Y si por alguna razón están haciendo ese valeroso esfuerzo a solas, sin un marido a su lado, entonces nuestras oraciones por ustedes serán más fervientes. Sepan que con fe las cosas saldrán bien a pesar de ustedes, o mejor dicho, por causa de ustedes. Gracias a todas las madres. No hay nada más importante en este mundo que el participar tan directamente en la obra y la gloria de Dios. 

A todas las madres en general, en el nombre del Señor les digo: ustedes son magníficas. Ustedes hacen una excelente labor. El solo hecho de que se les haya dado esa responsabilidad es evidencia eterna de la confianza que el Padre Celestial tiene en ustedes. Él las bendice y las bendecirá, aun… no, especialmente, en los días y las noches más difíciles. Confíen en Él. Confíen plenamente y para siempre. Y “sigan adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza”.