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Cómo la Expiación puede cambiar su vida


Ann María Coburn y Cristina Franco, “Jesucristo es mi Salvador y Redentor”, Liahona, abril de 2011

¿Cuánto estarías dispuesto a dar por alguien a quien amas muchísimo? Nuestro Salvador, Jesucristo, nos ama tanto que dio Su propia vida por nosotros.

Joshua J. Perkey, “Edificar sobre un fundamento seguro”, Liahona, junio de 2011

Me fue difícil creer lo que los misioneros mormones me enseñaron acerca de la necesidad de la Expiación, de la autoridad del sacerdocio y de los profetas. De hecho, mi trayecto hacia la conversión llevó seis años de cuestionarme y preguntarme de manera constante quién era yo, en qué creía y si efectivamente podía haber un Dios que hubiera establecido los principios eternos de la verdad y del error, del pecado y de las consecuencias.

Jane Bleak, “Él sufrió mis dolores”, Liahona, junio de 2011

No se nos deja solos en nuestro dolor, porque Jesucristo, “varón de dolores y experimentado en quebranto” (Isaías 53:3), ha soportado nuestros dolores como parte de la Expiación.

Richard M. Romney, “Navegar a casa a salvo”, Liahona, junio de 2011

Aunque los mares de la vida a veces estén encrespados, los adolescentes Santos de los Últimos Días de Visakhapatnam, India, saben que el puerto de su hogar es un refugio de paz.

Joelyn Hansen, “¿De verdad me pidió eso?”, Liahona, agosto de 2011

Al estar en la sala de su casa y escucharla, el Espíritu se sintió fuertemente y nos instó a dar testimonio de la expiación de Jesucristo.

Cheryl Esplin, “Recordaré a Jesucristo”, Liahona, diciembre de 2009

Todos los domingos, cuando tomas la Santa Cena en la iglesia, debes recordar la expiación de Jesucristo y también las promesas que le haces al Padre Celestial cuando te bautizas.