Dignidad personal

“Y os doy a vosotros… el mandamiento de que os… santifiquéis; sí, purificad vuestro corazón y limpiad vuestras manos y vuestros pies ante mí, para que yo os haga limpios” (Doctrina y Convenios 88:74).


Aquí encontrará algunas ideas relacionadas con la dignidad personal para servir al Señor como misionero de tiempo completo.

1. Aprenda acerca de las normas de dignidad.

“Tu rectitud da a otras personas la confirmación de la virtud de la vida anclada en la verdad eterna. Si… todavía no has sido misionero, prepárate para serlo; bendecirás muchas vidas y coronarás la tuya con recompensas grandiosas y duraderas”.

Élder Richard G. Scott, “La fuerza de la rectitud”, Liahona, noviembre de 1999, pág. 81; y Ensign, enero de 1999.

  • Estudie la sección titulada “La virtud” en el capítulo 6 de Predicad Mi Evangelio, incluso la actividad de estudio de las Escrituras.

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2. Participe de la Santa Cena.

“Cada uno de nosotros tiene necesidad de confesar nuestros pecados y errores a nuestro Padre Celestial, y a otros a quienes hayamos ofendido, y de abandonarlos. El día de reposo nos proporciona una invaluable oportunidad de ofrecer éstos, nuestros sacramentos, al Señor”.

Élder L. Tom Perry, “El día de reposo y la Santa Cena”, Liahona, mayo de 2011, pág. 8.

  • Antes de tomar la Santa Cena, medite en sus palabras, pensamientos y hechos de la semana que pasó y arrepiéntase de sus pecados y errores, para que el Espíritu Santo pueda estar con usted.

3. Obtenga una recomendación para el templo, manténgala actualizada y visite el templo con frecuencia.

“Háganse merecedores de entrar en el templo de Dios. Obtengan la recomendación para el templo y luego considérenla una posesión preciada, porque lo es.

Presidente Thomas S. Monson, “El Santo Templo: Un faro para el mundo”, Liahona, mayo de 2011, pág. 93.

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4. Si tiene alguna duda en cuanto a su dignidad, hable con su obispo o presidente de rama tan pronto como sea posible.

“Si hubiese algo que no está bien en su vida, tienen disponible una salida. Dejen toda iniquidad; hablen con el obispo. Sea cual sea el problema, se puede resolver mediante el debido arrepentimiento. Pueden volver a ser limpios”.

Presidente Thomas S. Monson, “El poder del sacerdocio”, Liahona, mayo de 2011, pág. 67.

  • Mire “No es algo momentáneo”, un video acerca de un joven que experimenta las bendiciones de la expiación de Cristo al trabajar con su obispo.

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