Mucha gente piensa que la paz es la ausencia de guerra, pero podemos sentir la paz en tiempos de guerra e incluso carecer de paz cuando no haya guerra. La mera ausencia de un conflicto no es suficiente para tener paz en nuestro corazón. La paz viene por medio del Evangelio, por conducto de la expiación de Jesucristo, de la ministración del Espíritu Santo y nuestra propia rectitud, por el arrepentimiento sincero y el servicio diligente.

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A pesar de lo agitado que esté el mundo a nuestro alrededor, podemos recibir las bendiciones de una paz interior; esa bendición nos acompañará si permanecemos leales a nuestro testimonio del Evangelio, y si recordamos que nuestro Padre Celestial y Jesucristo nos aman y velan por nosotros.

Además de sentir paz con nosotros mismos, podemos ser una influencia de paz en nuestra familia, en nuestra comunidad y en el mundo. Trabajamos a favor de la paz cuando guardamos los mandamientos, prestamos servicio, cuidamos a los integrantes de nuestra familia y a nuestros semejantes y cuando compartimos el Evangelio. Trabajamos a favor de la paz cuando ayudamos a aliviar el sufrimiento de otra persona.

Las palabras del Salvador que se encuentran a continuación, nos enseñan de qué manera podemos sentir la paz que proporciona el Evangelio:

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho.

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Referencias de las Escrituras

Doctrina y Convenios 59:23
 

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