Cómo puede cambiar su vida el pago de los diezmos


“Hasta que sobreabunde”, Liahona, diciembre de 2003

Algunos miembros de la Iglesia comparten sus observaciones sobre el pago del diezmo y las bendiciones que han recibido por hacerlo.

David Erland Isaksen, “Mi diezmo no podía esperar”, Liahona, febrero de 2011

Pronto comprendí que mi sueldo no cubriría mis gastos ni me permitiría pagar la diferencia de los diezmos que le debía al Señor.

Oscar Alfredo Benavides, “Un diezmo íntegro, una gran bendición”, Liahona, febrero de 2011

Sentí la convicción y la seguridad de que si seguía pagando el diezmo, el Señor me proveería de lo que necesitaba.

Jennifer M. Severino, “El pago del diezmo”, Liahona, diciembre de 2002

Ahora que pago el diezmo fielmente, he descubierto que soy más feliz viviendo con el 90 por ciento de mis ingresos con las bendiciones del Señor de lo que vivía con el 100 por ciento de mis ingresos, pero sin ellas.

Charlotte Arnold, “¿Alimentos o diezmo”, Liahona, abril de 2006

Le dije que no iba a ser capaz de pagar el diezmo, pues si lo hacía, no tendría con qué alimentar a la familia. Mi fiel maestro orientador me aconsejó que pagara el diezmo y me recomendó que lo hiciera con fidelidad, y entonces el Señor de cierto me bendeciría.

Patricia R. Jones, “Aprendo la ley de Dios”, Liahona, abril de 2007

“Mi padre da lo mejor a Dios y nosotros nos quedamos con lo mejor que viene después”, pensó David. “Tal vez sea así como hacemos del Señor el centro de nuestros pensamientos y de nuestra vida”.

Don L. Searle, “El testimonio de una familia sobre el diezmo”, Liahona, diciembre de 2005

¿A qué se refiere el Señor cuando les dice a los que pagan el diezmo: “Os abriré las ventanas de los cielos… hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10)? Una familia de San Salvador, El Salvador, nos habla por experiencia propia de las bendiciones que se reciben.

Te Kuang Ko, “La obediencia brinda bendiciones”, Liahona, agosto de 2010

He aprendido que debemos guardar los mandamientos de Dios antes de poder aspirar a recibir Sus bendiciones.

Joshua J. Perkey, “Hallamos al Señor en Tonga”, Liahona, septiembre de 2010

Consideramos que nuestras bendiciones más grandes son la paz y el gozo que sentimos al saber que podemos sobrellevar nuestras dificultades económicas si pagamos el diezmo. Desde el momento en que acepté ese principio, el Señor ha bendecido a mi familia. Sé que es cierto.

Sarah Westbrook, “El neumático que me dio el diezmo”, Liahona, junio de 2005

Habíamos hecho lo debido: pagábamos el diezmo, teníamos almacenamiento para un año, estábamos esforzándonos por pagar las deudas e íbamos a la Iglesia todas las semanas. ¿Por qué permitía el Señor que nos sucediera aquello?

Ana Cristina Merino Rivas, “¿No alcanza para el diezmo?” Liahona, octubre de 2005

A pesar de todo, un día comencé a pagar el diezmo y, como siempre, seguí planeando mi presupuesto. Comencé a darme cuenta de que tenía suficiente dinero para todo, aun con el mismo sueldo.

Hildo Rosillo Flores, “Había robado a Dios?” Liahona, febrero de 2010

Después de repasar la ley del diezmo aquel día, entré en mi habitación, me arrodillé en el suelo y comencé a orar. “Padre Celestial, si te he robado por no pagar el diezmo, te pido que me perdones. Te prometo que nunca más dejaré de pagarlo”.

Richard M. Romney, “¡Prefiero recibir la bendición!”, Liahona, octubre de 2008

Paga de buena gana un diezmo íntegro. Asiste al ajuste de diezmos. Obedece la ley del ayuno.