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Deberes del sacerdocio

El Señor ha dicho que todo poseedor del sacerdocio debe “…[aprender]… su deber” y “obrar con toda diligencia” (véase D. y C. 107:99). Esta sección te ayudará a aprender y a cumplir tus deberes como maestro, los cuales se explican en Doctrina y Convenios 20:53–59; 84:111 y también abarcan todos los deberes de los diáconos. Tus deberes se organizan en tres grupos:

  • Administrar las ordenanzas del sacerdocio

    Los maestros preparan y reparten la Santa Cena.

  • Prestar servicio a los demás

    Los maestros ayudan al obispo a “administrar… las cosas temporales” (D. y C. 107:68). Eso podría incluir recoger las ofrendas de ayuno, cuidar a los pobres y necesitados, cuidar el centro de reuniones y los jardines, servir de mensajero del obispo en las reuniones de la Iglesia y cumplir otras asignaciones que recibas del presidente del quórum.

  • Invitar a todos a venir a Cristo

    Los maestros deben “velar siempre por los miembros de la iglesia, y estar con ellos y fortalecerlos” (D. y C. 20:53). Una forma de hacerlo es mediante el servicio como maestro orientador. Los maestros también deben “cuidar de que no haya iniquidad en la iglesia, ni aspereza entre uno y otro, ni mentiras, ni difamaciones, ni calumnias; y ver que los miembros de la iglesia se reúnan con frecuencia” (D. y C. 20:54–55). Tal responsabilidad abarca ser pacificador, ser ejemplo de integridad y rectitud moral e invitar a los demás a asistir a la Iglesia.

    Los maestros continúan la labor de “amonestar, exponer, exhortar, enseñar e invitar a todos a venir a Cristo” (D. y C. 20:59). Esto incluye ser un buen ejemplo, hermanar a los miembros del quórum y a otras personas, discursar en las reuniones de la Iglesia, compartir el Evangelio y dar testimonio.

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