cerrar
Saltar navegador principal
Menú de los Jóvenes

Cinco mitos que se han comprobado que no son ciertos sobre guardar los mandamientos

Bethany Bartholomew Revistas de la Iglesia

¿Todavía no has llegado a la perfección? Está bien. Estas son las razones.

¿Has sentido que no estás a la altura de los demás? Primeramente, recuerda que nadie es perfecto. Todos “están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). En segundo lugar, ¡no seas tan autocrítico! Estás haciendo las cosas mejor de lo que crees. Estos son algunos de los mitos comunes acerca de guardar los mandamientos junto con algunas verdades que debes tener en cuenta.

MITO 1: Dios nos pide perfección ahora.

Verdad: Él sabe que afrontaremos desafíos. Cuando hacemos el mejor esfuerzo y seguimos intentándolo, a Él le deleita eso.

Nuestro Padre Celestial no espera que hagamos todo ahora mismo perfectamente; Él espera que hagamos nuestro mejor esfuerzo y que luego tengamos fe en la expiación de Jesucristo para ayudarnos a cambiar.

“Con el don de la expiación de Jesucristo y la fortaleza de los cielos para ayudarnos, podemos mejorar, y lo bello del Evangelio es que se nos da mérito por esforzarnos, aunque no siempre lo logremos”, dijo el élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles. “Sigan tratando; sigan confiando; sigan creyendo; sigan progresando. El cielo los está animando hoy, mañana y siempre” (“Jehová hará mañana maravillas entre vosotros”, Liahona, mayo de 2016, págs. 125–127).

MITO 2: Continúo cometiendo los mismos errores. Me debería dar por vencido, porque no puedo cambiar.

Verdad: Cuando seguimos intentándolo y acudimos a Dios, Él nos puede ayudar a cambiar sin importar lo que pase.

El principal propósito de esta vida es cambiar, convertirnos, progresar y aprender a fin de que algún día podamos llegar a ser como nuestro Padre Celestial.

No obstante, tenemos que tomar la decisión de hacerlo.

El élder Donald L. Hallstrom, de la Presidencia de los Setenta, advirtió: “Una vez que cualquiera de nosotros llegue a esa conclusión, que ‘así es como yo soy’, renunciamos a nuestra capacidad de cambiar” (“¿Qué clase de hombres?Liahona, mayo de 2014, pág. 53).

Así que cualquier cosa que hagamos, no nos demos por vencidos.

No significa que seremos perfectos de inmediato cuando elegimos cambiar (véase Mito 1), significa que nuestro corazón desea ser obediente y que seguiremos intentándolo de nuevo cada vez que no cumplamos con las expectativas de donde queremos estar. Cuando tomamos la decisión de acudir a Dios, Él nos brinda la fortaleza más allá de la que ya poseemos y Él nos ayuda a cambiar.

MITO 3: Todos los demás están haciéndolo mejor que yo.

Verdad: Dios no nos juzga ni nos compara. Tampoco deberíamos hacerlo nosotros.

No te preocupes si crees que los demás están mucho mejor que tú.

“Dios es plenamente consciente de que ustedes y yo no somos perfectos… Dios también es plenamente consciente de que las personas que ustedes creen que son perfectas no lo son”, dijo el presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia. “Aun así, gastamos tanto tiempo y energía comparándonos con los demás, normalmente comparando nuestros puntos débiles con sus puntos fuertes. Esto nos lleva a crear expectativas para nosotros que son imposibles de alcanzar… Sean [compasivos] y pacientes con ustedes [mismos]”, (“No me olvides”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 120).

Recuerda lo que dijo el élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles: “No estamos en una carrera el uno contra el otro… La carrera en la que realmente estamos es contra el pecado”, (“Los obreros de la viña”, Liahona, mayo de 2012, pág. 31).

Así que solo intenta hacer tu mejor esfuerzo para que llegues a ser una mejor persona cada día.

MITO 4: Sé que debo ser mejor. No soy lo suficientemente bueno.

Verdad: Dios conoce nuestras limitaciones. Él no nos pedirá que cumplamos con una norma imposible.

A veces asumimos que sabemos la manera en que Dios nos juzgará, pero Él nos recuerda: “Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos” (véase Isaías 55:8). El Padre Celestial es el juez perfecto, que nos juzgará con un conocimiento perfecto de nuestra situación.

Piénsalo de esta manera: Si tratas de saltar tan alto como puedas ahora mismo, probablemente puedas hacerlo muy alto. Sin embargo, si tratas de saltar otra vez con una pesa de nueve kilos, no podrás saltar tan alto. ¿Esto significa que no eres tan diestro ahora como lo fuiste antes? No. Tú no cambiaste, sino que tus circunstancias lo hicieron.

Algunas veces tenemos que afrontar cosas pesadas. Dios sabe de lo que eres capaz, pero también entiende mejor que tú las limitaciones que posees. Él juzgará de acuerdo a ese entendimiento en mente. Él solo desea que hagamos el mejor esfuerzo que podamos con lo que tenemos.

MITO 5: Los mandamientos son muy restrictivos; ellos limitan mi albedrío.

Verdad: Los mandamientos nos dirigen hacia bendiciones y libertad increíbles.

En lugar de restringir nuestro albedrío, los mandamientos brindan a nuestra vida más libertad y bendiciones; ellos son como una guía hacia la felicidad (véase D. y C. 82:8–9).

La próxima vez que sientas que no estás a la altura, recuerda que eres hija o hijo divino de Padres Celestiales, un alma real con un potencial infinito.

Eso es lo que el Padre Celestial ve en ti, por eso, Él da mandamientos.

Comparte tu experiencia

¿Cómo el guardar los mandamientos te brinda felicidad? Comparte tu experiencia a continuación.

Error en el envío del formulario. Asegúrate que todos los campos se han completado correctamente e inténtalo de nuevo.

 
1000 caracteres restantes

Instrucciones para contar tus experiencias