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5 héroes del Libro de Mormón que son menos conocidos

David A. Edwards Revista de la Iglesia

¡Se pueden pasar por alto y tal vez no tienen nombre, pero esas personas en el Libro de Mormón aún siguen siendo héroes!

Tal vez has oído mucho acerca de Nefi, Alma, el capitán Moroni y otras figuras importantes del Libro de Mormón. La mayoría de miembros de la Iglesia han escuchado de ellos. Conocemos los relatos de estas personas y por qué debemos seguir su ejemplo.

Sin embargo, hay otras personas en el Libro de Mormón, algunos con nombre, otros sin él y algunos completamente invisibles, que nos dan ejemplos de principios importantes que podemos poner en práctica. Estos son los cinco héroes menos conocidos.

Sam

1. Sam

Al igual que Lamán y Lemuel, Sam era también hermano mayor de Nefi (véase 1 Nefi 2:5). No obstante, a diferencia de Lamán y Lemuel, Sam no endureció su corazón y murmuró. Cuando Nefi le dijo a Sam acerca de las revelaciones del Señor, él creyó a Nefi (véase 1 Nefi 2:17). A Sam se le describió como “justo y santo” (Alma 3:6) y a él y a sus descendientes se les dio la misma bendición que a Nefi (véase 2 Nefi 4:11).

Las lecciones de este héroe

  • Ser humilde.
  • La creencia es una decisión, así como un don (véase D. y C. 46: 14).
  • Las bendiciones llegan a aquellos que creen.

2. Abish

En algún momento durante la predicación de Ammón al rey Lamoni, este último y todos los que se encontraban en su casa habían caído a tierra, vencidos por el poder de Dios. Es decir, todos los presentes excepto Abish (véase Alma 19:16). Ella era una mujer que se había convertido al Señor muchos años antes, pero lo había mantenido en secreto. Al ver lo que había sucedido, inmediatamente lo vio como la oportunidad de ayudar a su pueblo a creer en el Señor, así que “corrió, pues, de casa en casa” (Alma 19:17) para llevarlos a venir y ver.

Abish

Pero no ocurrió de acuerdo a lo planeado. Cuando ella regresó, las personas estaban contendiendo entre ellas respecto a lo que todo eso significaba y lo que debían hacer. Abish, llorando, no podía pensar en nada más qué hacer, excepto tratar de levantar a la reina del piso. Y ¡funcionó! La reina se puso de pie y dio testimonio de Jesucristo. Entonces, con el pasar del tiempo, el rey y todos los demás se levantaron, y muchos de ellos dieron testimonio de sus experiencias y el cambio que había sucedido en ellos (véase Alma 19:18–34).

Como resultado, “… muchos creyeron en sus palabras… [y] fueron bautizados y se convirtieron en un pueblo justo” (Alma 19:35). Fue el comienzo de la obra del Señor entre los lamanitas, lo cual condujo finalmente a la conversión de miles de personas.

Las lecciones de esta heroína

  • Tener paciencia (lee “Cómo ser paciente”).
  • Cuando se presente la oportunidad de compartir el Evangelio, hay que aprovecharla.
  • Confiar en el Señor y actuar con fe, aunque parezca que hay oposición.
  • Todos tenemos una función que desempeñar en la obra del Señor.

Amalekita

3. El único converso amalekita

Cuando los hijos de Mosíah ayudaron en la conversión de miles de lamanitas, había dos grupos de exnefitas que no querían ser parte de ella: los amalekitas y los amulonitas. Ninguno de los amulonitas se convirtió. Y ninguno de los amalekitas se convirtió, “salvo uno solo” (Alma 23:14). No sabemos el nombre de esta persona o cualquier otra cosa acerca de ella. No obstante, lo que es impresionante es el hecho de que aquella persona estaba dispuesta a abrir su corazón al Evangelio a pesar de la tradición, la presión social y el prejuicio cultural.

Las lecciones de este héroe

Shiblón

4. Shiblón

Shiblón fue hijo de Alma. A comparación de sus hermanos, se lo nombra en muy pocos versículos del Libro de Mormón. (Por supuesto, eso no es completamente malo, puesto que su hermano Coriantón consiguió más atención a causa de sus pecados y dudas [véase Alma 39–42].) Al igual que Coriantón, Shiblón era misionero entre los zoramitas (véase Alma 31:7). Pero a diferencia de Coriantón, Shiblón fue elogiado por su padre por ser firme, fiel, diligente y paciente (véase Alma 38:2–3). Más tarde fue ordenado para enseñar entre el pueblo (véase Alma 49:30) y con el tiempo, se le confiaron los registros y otros objetos sagrados (véase Alma 63:1–2). No se registró mucho más sobre él, excepto que “era un hombre justo; y anduvo rectamente ante Dios, y procuró hacer el bien continuamente, y guardar los mandamientos del Señor su Dios” (Alma 63:2).

Las lecciones de este héroe

  • No importan mucho la fama y la atención.
  • Tal vez no sea algo llamativo, pero ser diligente, constante y fiel hace que seamos acreedores de la confianza de Dios y Sus siervos.

5. El mensajero del capitán Moroni

La guerra no iba tan bien como el capitán Moroni hubiese deseado. Los nefitas necesitaban más soldados y provisiones, pero no los recibían. Así que envió una epístola con palabras duras al juez superior, Pahorán. La entrega de este mensaje, así como la respuesta cortés de Pahorán, probablemente salvó a los nefitas de la derrota (véase Alma 60–62). Sin embargo, la entrega de esos mensajes pudieron haber sido algo difícil y peligroso.

Un mensajero

Moroni y el mensajero desconocían que Pahorán ya no se encontraba en la capital. Había sido forzado a salir debido a una revuelta y estaba en la tierra de Gedeón hacia el este. Las personas que se habían apoderado de la capital no habrían deseado que el mensajero de Moroni comunicara su mensaje. No sabemos cuándo o cómo el mensajero supo todo lo que había ocurrido; sin embargo, esto ciertamente habría complicado su tarea. ¿Quién sabe? Existe la posibilidad de que incluso tendría que haber empleado alguna técnica de espía para que no lo descubriesen.

Cualquiera sea el caso, el mensajero del capitán Moroni llevó a cabo su misión con diligencia y ayudó a que se suscite la victoria de los nefitas, que luchaban por sus familias, su libertad y su fe.

Las lecciones de este héroe

  • Cumplir con tu deber.
  • Ser diligente.
  • No rendirte solo porque las cosas son más difíciles de lo que planeaste (lee “Mantente fiel en los momentos difíciles”).
  • Solo cumple diligentemente con tu deber —estar en el lugar correcto en el momento oportuno y tratar de hacer lo correcto— esto ocasiona grandes cosas.

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