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Cómo llegué a aceptar mi timidez

Rachel Harris

¿Mi timidez me impediría tener amigos?

Mi experiencia estos últimos años escolares no ha sido fácil y no esperaba que mi primer día de la escuela secundaria fuera diferente. Durante mi tiempo en la escuela, siempre fui muy tímida, demasiado, terriblemente tímida. No me sentía cómoda hablando con otras personas porque no me sentía segura de mí misma. Entre una clase y otra, no hablaba con nadie, caminaba rápido al ir a mi casillero, mirando al piso, intentando parecer ocupada. La mayoría de los fines de semana los pasaba sola, leyendo libros, haciendo tarea o volviendo a ver mis programas de televisión favoritos.

Quería que mi experiencia ese año fuera diferente, pero no estaba segura de que lo sería. Cuando fui a mi primera clase, me volví para ver a los demás estudiantes y sentí un arrebato de terror. “No quiero hablar con ninguna de estas personas”, pensé. No quería tener que pasar por penosas presentaciones y silencios incómodos. Entonces, en su lugar, pasé la hora mirando fijamente mi escritorio, sin voltear a ver o hablar con nadie.

Cuando llegó la hora de la segunda clase, estaba convencida de que este año escolar iba a ser igual de solitario que el año pasado. Tratando de no llorar, me senté sin decir nada, de nuevo resuelta a mantener la vista solo en mi escritorio.

“Hola”, dijo una voz a mi lado. “Me llamo Taylor. ¿Y tú?”. Levanté la vista y vi a una chica que parecía algo nerviosa pero sincera, sentada frente de mí.

“Oh”, dije, “hola. Soy Rachel”.

Después de eso, Taylor mencionó que se había mudado al área hacía un par de semanas. Conocía a menos personas que yo y esperaba hacer nuevos amigos. Entonces hablamos sobre cosas normales: la escuela, las clases y lo que esperábamos este año escolar. Nuestra conversación fue algo incómoda, pero en general, fue muy agradable hablar con Taylor. Al día siguiente en la misma clase cuando la volví a ver, me invitó a sentarme a su lado y hablamos más. Entre más la veía y ella me saludaba, más cómoda me sentía al contestarle. En las siguientes semanas, Taylor se convirtió en la única persona con la que me sentía más o menos cómoda hablando entre clases.

Pocos meses después, yo estaba especialmente triste. No me sentía segura de mí misma y me era difícil creer que alguien querría ser mi amigo. Este sentimiento duró día tras día hasta que una tarde, después de más o menos una semana, mi teléfono comenzó a sonar. Lo contesté.

“Hola”, dijo la persona en la línea. “Habla Taylor. ¿Cómo estás Rachel? Solo quería llamar y saludarte”.

Taylor y yo conversamos por un rato y esta vez nuestra conversación fue mucho más cómoda. Disfrute mucho hablar con ella, demostró interés sincero en conocerme y eso me ayudó a sentir que merecía tener amigos. Cuando nuestra conversación terminó, comencé a darme cuenta de algo importante. Sentí como si el Padre Celestial me estuviera ayudando a darme cuenta que podía ser feliz en cuanto a quién soy y lo que Él me ha dado. La llamada de Taylor y sus invitaciones seguidas me ayudaron a entender que la persona que soy es genial y que me puedo sentir cómoda aun siendo reservada.

Después de esa llamada, Taylor y yo comenzamos a pasar mucho tiempo juntas como amigas. Ella me aceptó como era y tuvimos muchos lindos recuerdos en la escuela.

Yo sabía que Taylor era una verdadera amiga porque era amable de una forma que no era superficial. Sinceramente estaba interesada en conocerme y era constante en su interés. Cuando se trata de hacer amigos con otras personas, el comportarnos como Cristo lo haría, con caridad, comprensión y sinceridad, marca la diferencia. Taylor hizo eso por mí mediante su actitud acogedora e interés honesto en mí.

Todavía soy una persona tímida, pero ahora sé que aun las personas tímidas como yo podemos tener grandes amigos.

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