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    ¿Valoro realmente la expiación de Jesucristo?

    David A. Edwards Church Magazines

    Si no he tenido que ser perdonado por algún “pecado grave”, ¿puedo todavía valorar la expiación de Jesucristo tanto como quienes han sido perdonados?

    El grado en que valoramos la expiación de Jesucristo no se mide necesariamente en función de la magnitud de los pecados que se nos han perdonado, aunque es comprensible el porqué se establece una relación entre ambos.

    Por ejemplo, en Lucas 7:36–50 leemos sobre la visita del Salvador a la casa de Simón el fariseo, donde una mujer fue y lavó los pies de Jesús con sus lágrimas y los ungió con perfume. Simón se dijo a sí mismo que si Jesús era un profeta, Él habría sabido que la mujer era una pecadora. Jesús explicó entonces la parábola sobre dos personas que debían dinero al mismo hombre, uno debía 500 denarios y el otro 50. Ninguno podía pagar, por lo que el hombre perdonó ambas deudas. Luego, el Salvador preguntó cuál deudor amaría más al hombre. Simón respondió que sería el que se le perdonó más, y el Salvador dijo que estaba en lo cierto. De la mujer con el perfume entonces Él dijo: “Sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; pero al que se le perdona poco, poco ama” (Lucas 7:47).

    Aprendemos muchas cosas de esta Escritura, pero sería erróneo pensar que una de las lecciones es que se requieren pecados mayores para tener una mayor valoración del Salvador y Su expiación. No hay nunca alguna ventaja en el pecar. La historia es acerca del perdón y la misericordia del Señor, los cuales llegan de acuerdo con nuestra fe, humildad y arrepentimiento —cosas que todos necesitamos y podemos tener en igual medida, tanto si hemos pecado mucho o poco. Recuerda que “todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23; cursiva agregada).

    Simón no reconoció sus propios pecados (por ejemplo, el orgullo y la santurronería) o su propia necesidad de fe en el Salvador, la humildad y el arrepentimiento. Si los hubiera reconocido, se habría sentido igual que la mujer, sin tener en cuenta cuán pequeña él pensaba que era su deuda. No se trata de comparar tus pecados con los de los demás. Por lo que a ti respecta, los peores pecados del mundo son los que has cometido, porque ésos son los que podrían impedirte regresar a nuestro Padre Celestial.

    Además, parte de nuestra valoración por la expiación de Jesucristo proviene del hecho de que no sólo nos inspira, sino que continúa haciéndolo cada vez más. La gracia del Salvador no sólo paga el precio de nuestros pecados, sino que también nos da “la fortaleza y la ayuda para hacer buenas obras que [nosotros], de otra manera, seríamos incapaces de seguir haciendo” (véase Guía para el Estudio de las Escrituras, “Gracia”). (Para más información sobre el poder fortalecedor de la Expiación, véase David A. Bednar, “Soportar sus cargas con facilidad”, Liahona, mayo de 2014, págs. 87–90).

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