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    El descontento divino

    Hermana Michelle D. Craig Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

    Hay una gran diferencia entre el descontento divino y el desaliento paralizante.

    Estas llamadas proféticas que invitan a actuar, junto con nuestro sentido innato de que podemos hacer y ser más, a veces crean dentro de nosotros lo que el élder Neal A. Maxwell llamó “el descontento divino” [“Becoming a Disciple”, Ensign, junio de 1996, pág. 18]. El descontento divino llega cuando comparamos “lo que somos [con] el poder de lo que podemos llegar a ser”. Cada uno de nosotros, si somos sinceros, siente una brecha entre dónde estamos y quiénes somos, y dónde queremos estar y quiénes queremos llegar a ser. Anhelamos tener una mayor capacidad personal. Tenemos estos sentimientos porque somos hijas e hijos de Dios, nacidos con la Luz de Cristo, pero vivimos en un mundo caído. Estos sentimientos los da Dios, y crean un apremio para actuar.

    Hermana Michelle D. Craig

    Deberíamos recibir con ánimo los sentimientos de descontento divino que nos llaman a alcanzar una forma más elevada de hacer las cosas, al mismo tiempo que reconocemos y evitamos el desaliento paralizante de Satanás. Este es un espacio valioso en el cual Satanás está muy ansioso de entrar. Podemos elegir caminar por la senda superior que nos lleva a buscar a Dios y Su paz y gracia, o podemos escuchar a Satanás, quien nos bombardea con mensajes de que nunca estaremos a la altura: no seremos lo suficientemente ricos, lo suficientemente inteligentes, lo suficientemente bellos, o cualquier otra cosa. Nuestro descontento puede volverse divino, o destructivo…

    A menudo, el mundo usa el sentimiento de descontento como una excusa para ser egocéntricos, para volver nuestros pensamientos hacia adentro y hacia atrás y lidiar individualmente con quién soy yo, quién no soy yo, y qué quiero yo. El descontento divino nos motiva a seguir el ejemplo del Salvador, quien “anduvo haciendo bienes” [Hechos 10:38]. Al andar por el sendero del discipulado, recibiremos empujoncitos espirituales para ayudar a otras personas…

    Gracias al sacrificio expiatorio de nuestro Salvador, podemos estar a la altura de las tareas que nos esperan. Los profetas han enseñado que, al ascender el camino del discipulado, nos podemos santificar mediante la gracia de Cristo. El descontento divino nos puede llevar a actuar con fe, seguir las invitaciones del Salvador de hacer el bien y darle nuestra vida a Él con humildad.

    Lee el discurso completo en conference.lds.org.

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