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¿Cómo puede cambiarme el conocer a la Trinidad?

Lori Fuller Church Magazines

Cinco principios acerca de la Trinidad pueden marcar una diferencia en la forma en que vives.

José Smith dijo: “El primer principio del Evangelio es conocer con certeza la naturaleza de Dios”1. Lo que sabemos acerca de la Trinidad puede cambiar la forma en que vivimos, no sólo en grandes cosas, sino en las cosas pequeñas y cotidianas. Considera cómo influye tu conocimiento de la Trinidad en tu vida al leer acerca de estos cinco principios.

Los miembros de la Trinidad nos aman y desean lo mejor para nosotros.

Los miembros de la Trinidad son eternos y omnipotentes, pero aún así les importa que seamos felices y nos vaya bien. El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) testificó: “Ellos tienen interés en nosotros y somos el centro de Su mayor atención; están disponibles para cada uno de nosotros. Nos acercamos al Padre por medio del Hijo, que es nuestro intercesor ante el trono de Dios. Y qué maravilloso es que podamos hablar al Padre en el nombre del Hijo”2.

Debido a que los miembros de la Trinidad nos aman y desean lo mejor para nosotros, nuestras decisiones son importantes, especialmente las cosas pequeñas que hacemos cada día que nos acercan más a Ellos. Tenemos un potencial ilimitado y Dios se preocupa por nuestro éxito, incluso en las cosas pequeñas.

Nuestro Padre Celestial nos lo dio todo.

Sabemos que el Padre Celestial nos lo ha dado todo, de modo que debemos tratar de reconocer Su mano y estar agradecidos. Cuando somos agradecidos, actuamos de manera diferente. El presidente Thomas S. Monson prometió: “Podemos elevarnos a nosotros mismos y a los demás también si nos negamos a permanecer en la esfera del pensamiento negativo y cultivamos en nuestro corazón una actitud de gratitud”3.

Debido a que todo lo que tenemos viene de Dios (véanse Mosíah 2:20–21; D. y C. 59:21), nuestra gratitud puede hacer que estemos más dispuestos a compartir con los demás. Esto incluye nuestro tiempo y talentos, así como nuestras bendiciones materiales.

El Padre Celestial es misericordioso.

Su obra y Su gloria es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). Él desea que alcancemos el éxito; por eso nos ofrece el perdón por los errores que cometemos. Su misericordia ofrece el perdón incluso cuando cometemos los mismos errores otra vez. Nuestro Padre Celestial, Jesucristo y el Espíritu Santo nos ayudarán a cambiar.

La misericordia de Dios nos enseña que debemos perdonar. El presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, dijo: “En virtud de que Dios nos ama tanto, nosotros también debemos amarnos y perdonarnos los unos a los otros”4. Esto incluye perdonarnos a nosotros mismos.

Jesucristo sufrió por nosotros.

Por medio de la Expiación, el Salvador experimentó todos nuestros dolores y pesares (véase Alma 7:11–13). Si alguna vez tenemos un día difícil y sentimos como si nadie nos comprende, podemos saber que el Salvador nos entiende. Y cuando tenemos un buen día y queremos compartirlo con alguien, el Salvador siempre tiene tiempo para nosotros. Él desea compartir nuestras alegrías, tal como comparte nuestros dolores.

El Espíritu Santo nos guía.

Jesucristo prometió a Sus apóstoles que el Consolador, o Espíritu Santo, podría estar con ellos siempre para enseñarles y consolarlos (véase Juan 14:16–17, 26–27). También podemos tener el don del Espíritu Santo para guiarnos. Y podemos confiar en que las respuestas del Espíritu Santo nos ayudarán. Con Su dirección, podemos estar en constante contacto con la Trinidad, y al seguir las impresiones que recibimos, empezaremos a conocerles mejor.

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Cosas para meditar el domingo

  • ¿Cuándo te ha bendecido el Padre Celestial, Jesucristo o el Espíritu Santo?
  • ¿Cuándo te has sentido más cerca de Ellos?
  • ¿Qué puedes aprender acerca de ti mismo al aprender acerca de Ellos?

Lo que podrías hacer

Notas

  1. José Smith, en History of the Church, tomo VI, pág. 305.
  2. Gordon B. Hinckley, “Creo en estos Tres”, Liahona, julio de 2006, pág. 8.
  3. Thomas S. Monson, “El divino don de la gratitud”, Liahona, noviembre de 2010, págs. 87–90.
  4. Dieter F. Uchtdorf, “Los misericordiosos obtienen misericordia”, Liahona, mayo de 2012, págs. 70–76.

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