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¿Está bien si...? ¿Puedo...?

Heidi McConkie

¿Qué puedes hacer si no sabes cómo aplicar las normas de Para la Fortaleza de la Juventud a una situación determinada?

Brooke P., de California, EE. UU., sentía que su resolución se debilitaba: sería mucho más fácil amoldarse a lo que hacían sus compañeras de equipo. Las otras chicas la estaban presionando para que se vistiera como ellas en las prácticas y en los juegos.

Brooke ya había tomado la decisión de que siempre vestiría modestamente, pero no sabía cómo aplicar eso en el deporte que practicaba. ¿Estaría bien si se vestía igual que sus compañeras de equipo sólo durante los eventos deportivos?

“Decidí investigar el tema”, dice Brooke. “Busqué en Para la Fortaleza de la Juventud, en las Escrituras, en los discursos de la Iglesia, en todo lo que me llegaba a las manos. Nada parecía describir exactamente mi situación particular ni aportaba consejos suficientemente específicos, pero sabía que mi Padre Celestial me conocía y que Él sabía lo que sería modesto”.

De modo que Brooke se puso en acción nuevamente: “Decidí ponerme de rodillas y orar”, comenta. Al orar, expresó su deseo de obedecer los mandamientos y luego preguntó si estaría bien vestirse como lo hacían sus compañeras para las prácticas y los juegos.

Después de su oración sintió que no debía alterar su manera de vestir para complacer a sus compañeras. Aunque era una decisión impopular, sintió confianza y paz, sabiendo que su decisión complacía al Padre Celestial.

Tu historia

Quizás nunca te has visto en el dilema particular de Brooke, pero probablemente has estado en un aprieto similar: te esfuerzas al máximo por vivir conforme a las normas del Evangelio: vestir con modestia, usar un lenguaje que edifica, disfrutar de un entretenimiento sano, obedecer la Palabra de Sabiduría y...

Después de estudiar las normas, no siempre sabrás exactamente cómo aplicarlas a cada situación, y es natural.

Entonces, ¡ZAS! Alguien comienza a importunarte, y de repente “oposición en todas las cosas” (2 Nefi 2:11) deja de ser tan sólo una frase muy citada de las Escrituras. Tus amistades, o incluso tus propios familiares, te presionan para que vistas, hables o te comportes de forma diferente de lo que sabes que es correcto. Quieres tomar buenas decisiones conforme al Evangelio, pero quizás empiezas a sentir confusión: Después de todo, ¿cómo se aplica el vivir conforme a las normas en mi vida? Al igual que Brooke, tú también puedes descubrir tu propia respuesta a esta pregunta mediante el estudio, la oración y la revelación personal.

Tus preguntas

Tu vida diaria está llena de preguntas: ¿Qué me pongo para ir a la escuela? Qué comeré al mediodía? ¿Con quién conversaré? Algunas preguntas tienen respuestas muy sencillas. ¿Puedo mascar este chicle que encontré en la acera? No. Probablemente no necesitas pensártelo dos veces. Sin embargo, algunas de tus preguntas, en especial las que se refieren a las normas, pueden resultar más difíciles de responder: ¿Qué música es apropiada para escuchar? ¿Cómo puedo santificar el día de reposo? Afortunadamente no tienes que averiguar todas las respuestas por ti mismo. Nuestros profetas vivientes han descrito las normas del Evangelio y puedes estudiar sus enseñanzas en el librito Para la Fortaleza de la Juventud.

Después de estudiar las normas, no siempre sabrás exactamente cómo aplicarlas a cada situación, y es natural. No serás la única persona que tenga preguntas sin responder en cuanto a cómo se aplica una norma específica a tu situación.

Piensa, por ejemplo, en el relato del Libro de Mormón en el que el Señor le manda a Nefi construir un barco. Nefi no supo de inmediato cómo obedecer el mandamiento del Señor, pero optó por intentarlo de todos modos; y no vaciló en buscar ayuda; él preguntó: “¿A dónde debo ir para encontrar el mineral para fundir, a fin de que yo haga las herramientas para construir el barco?” (1 Nefi 17:9). Para empezar, analizó cuál sería el primer paso: hacer las herramientas; y luego, pidió ayuda al Señor para saber cómo hacerlas. El Señor respondió las preguntas de Nefi (y, paso a paso, logró construir el barco). Él también puede responder tus preguntas a medida que procuras obedecer los mandamientos.

Tus respuestas

Cuando tengas preguntas sobre cómo vivir una norma en particular o cómo obedecer cierto mandamiento, primero acude a las Escrituras, a las publicaciones Para la Fortaleza de la Juventud y Leales a la Fe, a los consejos de los profetas y a la oración. Puedes consultar los pasajes de Escrituras relacionados que se indican en los folletos o en los discursos de las conferencias generales, y puedes expandir tu búsqueda incluyendo pasajes adicionales de las Escrituras. Conforme busques conocimiento por medio del estudio del Evangelio, el Espíritu Santo “[iluminará tu] entendimiento” (Alma 32: 28).

También puedes consultar con los miembros de tu familia, tus amistades y tus líderes de la Iglesia en busca de apoyo. Ellos podrían guiarte hacia recursos útiles, brindarte apoyo y aliento e incluso compartir experiencias personales sobre temas similares y la manera en que ellos lograron superar sus desafíos.

Al vivir conforme a las normas de Dios, puedes ser una luz para las personas a tu alrededor. Podrás animarlas a guardar los mandamientos.

En ocasiones, aún después de haber orado, vuelto a leer Para la Fortaleza de la Juventud, estudiado las Escrituras y procurado consejo, puede que todavía te sientas perdido en medio de una niebla de incertidumbre en cuanto a ciertas normas. Aunque hayas recibido buenos consejos, el aplicarlos a tus circunstancias puede parecer como tratar de hallar una calle usando un globo terráqueo en vez del plano de la ciudad. Otras veces quizás necesites tomar una decisión rápida sin la posibilidad de estudiar el asunto concienzudamente durante un tiempo.

En cualquier caso, recuerda que la oración es un recurso poderoso. No es el último recurso; la oración es un buen modo de comenzar tu búsqueda de conocimiento y es una herramienta útil durante todo el proceso. El Padre Celestial te conoce personalmente, conoce tus dones, tus desafíos, tus fortalezas y tus luchas; así que, si no sabes bien la mejor manera de seguir una norma de la Iglesia en una situación particular, no te asustes. ¡Él lo sabe! Es fácil caer en la tentación de tratar de adaptar el Evangelio a tu vida, pero en lugar de ello, Él puede mostrarte cómo adaptar tu vida al Evangelio. Al orar con fe, Él te enseñará y proporcionará respuestas específicamente para ti “en el momento preciso” (D. y C. 100:6) que las necesites. Esta oportunidad de recibir revelación personal es una de las grandes bendiciones que tenemos porque hemos sido bautizados y hemos recibido el don del Espíritu Santo.

Tu ejemplo

Al vivir conforme a las normas de Dios, puedes ser una luz para las personas a tu alrededor. Podrás animarlas a guardar los mandamientos. Cuando ellas se sientan confusas sobre cómo obedecer, puedes enseñarles este modelo para hallar respuestas a sus preguntas personales.

Al esforzarte por dar un buen ejemplo, no te sorprendas si algunas veces los demás, incluso los que procuran vivir el Evangelio, no siempre toman las mismas decisiones que tú. Si sientes frustración, acuérdate de que alguien, quizás tu mamá o tu papá, alguna vez tuvieron que enseñarte las respuestas a las preguntas más básicas como ésta:¿Puedo mascar este chicle que encontré en la acera? De modo que, trata de ser paciente contigo mismo y con los demás mientras todos tratamos de encontrar respuestas a las preguntas difíciles, las cuales no suelen responderse con un sí o un no. ¿Cómo aplico el vivir de acuerdo con esta norma en mi vida? Ten presente que todos somos personas imperfectas que tratamos día a día de aprender a vivir un Evangelio perfecto y que estamos tratando de perfeccionarnos a nosotros mismos. Es un proceso continuo.

¡Tú puedes asumir una función activa en ese proceso! Procura obtener respuestas a tus preguntas personales y anima a los demás a hacer lo mismo. Al hacerlo, recuerda siempre que, a pesar de lo que decidan los demás, tú siempre podrás decidir guardar los mandamientos del Padre Celestial.

Este artículo apareció originalmente en el ejemplar de la revista Liahona de marzo de 2014.

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