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Cómo mantener el equilibrio en la vida

M. Russell Ballard Of the Quorum of the Twelve Apostles

Estas ocho sugerencias pueden ayudarles a enfrentar los muchos desafíos de la vida sin sentirse abrumados.

Enfrentar los diversos y complejos problemas de la vida cotidiana no es tarea fácil y puede trastornar el equilibrio y la armonía que buscamos. Muchas personas buenas hacen grandes esfuerzos por mantener ese equilibrio, pero a veces se sienten abrumadas y derrotadas.

Deseo hacer unas sugerencias que espero sean de valor para los que se preocupan por mantener en equilibrio las exigencias de la vida. Son muy básicas y, si no tenemos cuidado, sus conceptos pueden pasarse por alto fácilmente; necesitarán firme dedicación y autodisciplina personal para incorporarlas en su vida.

1. Establecer prioridades

Reflexionen acerca de su vida y establezcan sus prioridades. Dediquen regularmente unos momentos de paz para pensar profundamente hacia dónde se dirigen y qué deben hacer para lograrlo. Jesús, nuestro ejemplo, muchas veces “se apartaba a lugares desiertos, y oraba” (Lucas 5:16). Nosotros debemos hacer lo mismo de cuando en cuando para renovarnos espiritualmente como lo hizo el Salvador.

Anoten lo que desean lograr cada día. Mantengan presente en primer término los convenios sagrados que han hecho con el Señor al planificar por escrito sus actividades diarias.

Necesitarán un compromiso firme y disciplina personal para incorporar estas sugerencias en sus vidas.

2. Establezcan metas que sean alcanzables

Establezcan metas a corto plazo que puedan alcanzar; metas bien equilibradas, ni demasiadas ni muy pocas, y no muy altas ni muy bajas. Anoten las metas alcanzables y trabajen para lograrlas según su importancia. Al establecer metas, pidan la guía divina.

3. Organicen su presupuesto con prudencia

Toda persona enfrenta problemas económicos en la vida. Por medio de un presupuesto prudente, evalúen sus verdaderas necesidades y compárenlas minuciosamente con todo lo que desean. El profeta Jacob dijo a su pueblo: “Por lo tanto, no gastéis dinero en lo que no tiene valor, ni vuestro trabajo en lo que no puede satisfacer” (2 Nefi 9:51).

Recuerden siempre pagar un diezmo íntegro.

4. Fortalezcan las relaciones

Manténganse cerca de sus padres, sus parientes y amigos. Ellos los ayudarán a mantener el equilibrio en la vida. Fortalezcan las relaciones con familiares y amigos por medio de la comunicación abierta y sincera.

Las buenas relaciones familiares se pueden mantener mediante una comunicación serena, afectuosa y considerada. Recuerden que muchas veces una mirada, una guiñada, un gesto o un breve contacto físico dicen más que las palabras. El buen sentido del humor y el saber escuchar son también partes vitales de una buena comunicación.

5. Estudien las Escrituras

Escudriñen las Escrituras. Ellas nos ofrecen uno de los mejores recursos para mantenernos en armonía con el Espíritu del Señor. Una de las formas en que he logrado mi certeza de que Jesús es el Cristo es por medio del estudio de las Escrituras. Los presidentes Ezra Taft Benson (1899–1994) y Gordon B. Hinckley (1910–2008) han exhortado a los miembros de la Iglesia a que hagan del estudio del Libro de Mormón un hábito diario y una actividad de toda la vida.

La recomendación que el apóstol Pablo dio a Timoteo es un buen consejo para cada uno de nosotros; él escribió: “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16).

6. Cuídense

A muchas personas, incluso a mí, nos cuesta encontrar el tiempo necesario para descansar, hacer ejercicio y relajar los nervios. Si queremos disfrutar de una vida equilibrada y saludable, debemos programar tiempo para esas actividades en nuestros planes diarios. Una buena apariencia física realza nuestra dignidad y aumenta nuestra autoestima.

7. Vivan el Evangelio

Los profetas han recalcado repetidamente que los miembros de la familia deben enseñarse el Evangelio unos a otros, preferiblemente en la noche de hogar semanal. Si no estamos atentos, esta práctica familiar puede escabullírsenos poco a poco de las manos. No debemos perder esa oportunidad especial de enseñarnos “el uno al otro la doctrina del reino” (D. y C. 88:77) que llevará a las familias a la vida eterna.

Vivan de acuerdo a los principios básicos del Evangelio y antes de que se das cuenta sus vidas estarán llenas de entendimiento espiritual que confirmará que nuestro Padre Celestial los ama.

Satanás siempre trata de destruir nuestro testimonio, pero mientras estudiemos el Evangelio y guardemos los mandamientos, él no tendrá poder para tentarnos ni perturbarnos más de lo que tengamos fuerzas para resistir.

8. Oren con frecuencia

Mi última sugerencia es que oremos a menudo, individualmente y en familia. Mediante la oración constante y sincera, pueden saber las decisiones correctas que deben tomar a diario.

El profeta Alma resumió la importancia de la oración con estas palabras: “Sino que os humilléis ante el Señor, e invoquéis su santo nombre, y veléis y oréis incesantemente, para que no seáis tentados más de lo que podáis resistir, y así seáis guiados por el Espíritu Santo, siendo humildes, mansos, sumisos, pacientes, llenos de amor y de toda longanimidad” (Alma 13:28). Cuando estoy en armonía con el Espíritu, me resulta mucho más fácil lograr un equilibrio en todo.

Manténganse concentrados y pongan su máximo empeño

A estas sugerencias podrían agregarse otras. Sin embargo, creo que si nos concentramos en unos pocos objetivos fundamentales, es más probable que logremos enfrentar las muchas exigencias de la vida. Recuerden que un exceso de cualquier aspecto de la vida puede hacernos perder el equilibrio; al mismo tiempo, muy poco de las cosas importantes puede tener el mismo efecto. El rey Benjamín aconsejó “que se hagan todas estas cosas con prudencia y orden” (Mosíah 4:27).

Muchas veces, la falta de dirección y metas claras puede hacernos perder tiempo y energía, y contribuir a desequilibrarnos. Una vida desequilibrada es muy similar a una rueda de automóvil que no está balanceada; hará el andar del vehículo difícil e inseguro. Las ruedas perfectamente balanceadas hacen la marcha más suave y cómoda. Lo mismo sucede con la vida; nuestra marcha por la existencia mortal será más suave si nos esforzamos por mantener el equilibrio. Nuestra meta principal debe ser procurar “la inmortalidad y la vida eterna” (Moisés 1:39). Con esa meta, ¿por qué no eliminar de nuestra vida todo aquello que exige y desgasta nuestros pensamientos, sentimientos y energía sin contribuir en nada a que alcancemos esa meta?

No hace mucho, una de mis hijas me dijo: “Papá, a veces me pregunto si lograré mi objetivo”. La respuesta que le di es la misma que les daría a ustedes: den lo mejor de sí cada día. Cumplan con lo básico y, antes de que se den cuenta, los inundará una comprensión espiritual que les confirmará que su Padre Celestial los ama. Cuando una persona sabe eso, la vida estará llena de propósito y significado, lo cual hace que sea más fácil mantener el equilibrio.

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