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La mecánica de vuelo

Richard M. Romney Revista de la Iglesia

Un avión puede enseñarnos mucho acerca de la obediencia, la revelación y la dirección espiritual.

Cuando tenía 18 años, llegué a ser mecánico de aviones. No era algo que soñaba hacer. Fue el trabajo que se me asignó cuando era recluta en la Guardia Nacional de la Fuerza Aérea. Terminé el entrenamiento básico de instrucción militar e ingresé para ser capacitado en el área técnica. Allí descubrí que no sabía casi nada acerca de la mecánica de vuelo. Sin embargo, en poco tiempo aprendí a dominar los principios básicos.

Dos fuerzas

Aprendí que para volar un avión necesita dos fuerzas:

  1. La propulsión, o impulso de arranque, a una velocidad suficiente que permita la elevación. La propulsión vence la resistencia al movimiento.
    Avión
  2. La elevación, la cual se produce por la diferencia de presión entre el aire que hay debajo de las alas y el que hay sobre estas. (En términos científicos, a esto se le llama el principio de Bernoulli). La elevación vence la gravedad que, de otro modo, atraería al avión de vuelta a tierra.
    Ala de avión

Corrección del rumbo

Por supuesto que hay otras muchas cosas que intervienen en un avión cuando vuela, pero la mayoría implican dos sistemas adicionales.

  1. Ayudas de navegación, que ayudan al piloto a mantener el rumbo del avión. Estas incluyen indicadores y diales en la cabina de mando, pero también balizas de radar y contacto de voz con las torres de control.
  2. Controles de vuelo que facilitan el cambio de dirección. Estos incluyen timones (aletas en la cola del avión), alerones y aletas de centrado (pequeñas aletas en las alas), grandes aletas y disruptores, deflectores y estabilizadores. Estos permiten que el avión ruede, ascienda, descienda, gire y regrese suavemente a tierra cuando llega el momento de aterrizar.

Con los pies en la tierra

Por último, otra cosa que aprendí como mecánico, los pilotos dependen del personal de tierra. El personal de tierra prepara el avión para que vuele, guía la aeronave hacia la pista y desde esta, lleva a cabo inspecciones previas y posteriores al vuelo y realiza o recomienda el mantenimiento por intervalos regulares. Es responsable del cuidado y de la seguridad de la aeronave.

Diagrama de un avión

 

¿Qué tiene esto que ver contigo?

Parafraseando las palabras del presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia: “Ahora bien, tal vez se pregunten: ¿Qué tienen que ver esas experiencias [sobre aviones] con el [ Evangelio]?”.

Esta es mi respuesta.

Elevación espiritual

La obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio genera el impulso. Brinda la propulsión espiritual que permite la elevación espiritual. La obediencia continua nos ofrece la propulsión continua. Nos mantiene en movimiento. Nos permite elevarnos por encima del mundo, desde donde podemos ver con claridad cómo regresar a nuestro Padre Celestial.

Corrección del rumbo

Después de bautizarte recibiste el Espíritu Santo, el mejor de todos los dispositivos espirituales de navegación. A medida que continúes obedeciendo, la voz suave y apacible te dará impresiones constantes acerca de qué hacer, adónde ir y cómo actuar. Si escuchas atentamente, esa voz te guiará.

Pero utilizar los medios que el Señor ha proporcionado para corregir tu rumbo depende de ti. Estos incluyen controles: ¿Oras con frecuencia? ¿Escudriñas las Escrituras? ¿Asistes a las reuniones? ¿Te preparas para ir al templo y lo haces? E incluyen el arrepentimiento, que hace posible que hagas ajustes —tanto grandes como pequeños— en tu posición, tu altitud y tu rumbo espiritual. Al igual que el piloto controla las cartas de navegación, los mapas y los indicadores, tú puedes verificar regularmente que estás yendo en la dirección correcta y, si te has desviado del rumbo, puedes hacer los cambios necesarios para volver al plan de vuelo espiritual correcto.

Certificación espiritual

Al igual que el piloto, tú debes confiar en el personal espiritual de tierra. Este personal incluye a tus padres, tus líderes de Hombres o Mujeres Jóvenes, tu obispo y sus consejeros, maestros orientadores, maestros de Seminario y amigos rectos. Piensa en las entrevistas con ellos como inspecciones previas y posteriores al vuelo. Igual que un avión se revisa regularmente cada cierto tiempo, durante las entrevistas que se programan con regularidad tú tendrás oportunidades de verificar si estás preparado para volar. Tu personal espiritual de tierra te ayudará a evaluar tus habilidades, a preparar tu plan de vuelo, y te aconsejarán en cuanto a la velocidad del viento espiritual y las posibles turbulencias. Ciertas actividades, como asistir al templo, requerirán la verificación de que no hay nada que te impida el despegue.

Durante el vuelo, tendrás tu propia torre espiritual de control. Por ejemplo, los discursos de la conferencia general son como escuchar a un controlador de vuelo que puede ver todos los aviones a la vez y proporcionar instrucciones trascendentales para la navegación. La obediencia al consejo que se te dé te ayudará a apartarte de potenciales peligros. De hecho, las Escrituras se refieren a los líderes de la Iglesia como atalayas en la torre (véase D. y C. 101: 45).

Listo para volar

A pesar de que mis experiencias con los aviones provienen en su mayoría al trabajar en un equipo de tierra, también he tenido la oportunidad de estar en muchos vuelos varias veces. Siempre resulta estimulante, siempre inspirador. De hecho, tal vez esa sea otra lección que he aprendido al estar rodeado de aviones; en el sentido espiritual, se espera que nosotros volemos. Somos hijos de nuestro Padre Celestial y Él desea que alcancemos alturas espirituales. Como hijos Suyos, debemos alcanzar el cielo porque, con Su ayuda, siempre podemos elevarnos a nuevas alturas.

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¿De qué manera la obediencia a los mandamientos de nuestro Padre Celestial te ha ayudado a elevarte a nuevas alturas? Comparte tu experiencia a continuación.

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