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Mi primera recomendación para el templo

L. Tom Perry Of the Quorum of the Twelve Apostles

Además de hacerme la entrevista formal, papá, que era mi obispo, deseaba que fuera una experiencia de aprendizaje para mí.

Nunca olvidaré mi primera entrevista con mi obispo para tener la recomendación para el templo mientras me preparaba para ir al templo para recibir mi investidura. El obispo era a mi padre. Todos los días pasábamos mucho tiempo juntos y podría haberme entrevistado en casa, en el granero, en el campo, en el auto o en cualquier lugar conveniente. Pero papá quería que fuera una ocasión especial, una que yo recordara.

Un día recibí una llamada telefónica de la oficina del obispo. Papá quería fijar una cita conmigo para una entrevista de recomendación para el templo. Me pareció extraño, ya que nunca antes me había llamado para programar una entrevista o una cita conmigo. Arreglamos a qué hora nos reuniríamos en la oficina del obispo. La hora que habíamos fijado llegó. Cuando llegué a su oficina, su escritorio estaba completamente ordenado, algo inusual, ya que normalmente habría estado casi todo cubierto de libros y papeles. Las Escrituras eran lo único que había sobre el escritorio. Además de hacerme la entrevista formal, papá deseaba que fuera una experiencia de aprendizaje para mí.

Pasó las Escrituras a mi lado del escritorio y me pidió que leyera: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hurtarás; no cometerás adulterio; no matarás, ni harás ninguna cosa semejante” (D. y C. 59:6). La última frase me quedó en la mente.

Entonces hablamos de lo que significaba ser moralmente limpios. La conversación se centró en la pureza de pensamiento. Por lo general, nuestros pensamientos, dijo él, se convierten en acciones. Si nuestros pensamientos se mantienen limpios y puros, nunca haremos cosas que nos impidan poseer una recomendación para el templo.

A continuación, tomó las Escrituras y leyó la promesa del Señor relacionada con la Palabra de Sabiduría (véase D. y C. 89:18–21). Hablamos sobre el valor de mantener nuestro cuerpo físico de tal modo que sea un lugar sano y saludable donde pueda habitar nuestro espíritu eterno. El espíritu del hombre debe morar en el tabernáculo más limpio que podamos edificar mientras estemos aquí en la tierra.

Luego mi padre me devolvió las Escrituras para que leyera: “He aquí, se llevará entre vosotros una historia; y en ella serás llamado vidente, traductor, profeta, apóstol de Jesucristo, élder de la iglesia por la voluntad de Dios el Padre, y la gracia de tu Señor Jesucristo.

Una recomendación para el templo es un pequeño trozo de papel que nos representa y refleja nuestra dignidad para recibir las bendiciones del templo.

“Habiendo sido inspirado por el Espíritu Santo para poner los cimientos de ella y edificarla para la fe santísima …

“Por tanto, vosotros, es decir, la iglesia, daréis oído a todas sus palabras y mandamientos que os dará según los reciba, andando delante de mí con toda santidad” (D. y C. 21:1–2, 4).

Hablamos de la necesidad de honrar y sostener al profeta. Se nos ha prometido que el Señor nunca permitirá que Su profeta nos dirija por el camino equivocado. Éste es un fundamento seguro sobre el cual podemos edificar nuestra vida.

Después mi padre leyó: “Hay una ley, irrevocablemente decretada en el cielo antes de la fundación de este mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan;

“y cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa” (D. y C. 130:20–21).

Hablamos sobre la importancia de ser obedientes a la ley del Señor y al pago de diezmos y ofrendas a Él como una prueba de nuestra fe.

Por último, fuimos a las Escrituras y leímos: “El velo fue retirado de nuestras mentes, y los ojos de nuestro entendimiento fueron abiertos.

“Vimos al Señor sobre el barandal del púlpito, delante de nosotros; y debajo de sus pies había un pavimento de oro puro del color del ámbar.

“Sus ojos eran como llama de fuego; el cabello de su cabeza era blanco como la nieve pura; su semblante brillaba más que el resplandor del sol; y su voz era como el estruendo de muchas aguas, sí, la voz de Jehová, que decía:

“Soy el primero y el último; soy el que vive, soy el que fue muerto; soy vuestro abogado ante el Padre” (D. y C. 110:1–4).

Hablamos sobre la esperanza eterna que tenemos en la expiación de nuestro Señor y Salvador, y cuán necesario es que participemos de estas ordenanzas sagradas para poder recibir el don más grande que Él nos ha dado: el don de la vida eterna, vivir con Él.

Que siempre seamos dignos de poseer la recomendación para el templo. Si siempre somos dignos de tener esa recomendación y podemos sinceramente responder las preguntas que nos hacen dignos de ella, estamos en el camino que nos conducirá al don más grande que el Señor nos ha dado.

Papá completó el formulario de la recomendación para el templo y me pidió que lo firmara; me dio un cálido apretón de manos y me felicitó por ser digno de poseer una recomendación para el templo. Salí de la oficina emocionadísimo por haber pasado una de las pruebas más importantes de mi vida. Había sido considerado digno de poseer una recomendación para el templo. Me comprometí conmigo a vivir siempre digno de poseer una recomendación para el templo vigente.

Una recomendación para el templo es un pequeño trozo de papel que nos representa y refleja nuestra dignidad para recibir las bendiciones del templo.

Que siempre seamos dignos de poseer la recomendación para el templo. Que uno de nuestros objetivos en la vida sea el de constantemente y con regularidad poder sentarnos ante nuestro líder del sacerdocio y declarar nuestra dignidad de tener esa evidencia tangible de que el Señor aprueba el tipo de vida que llevamos y nos encuentra dignos de entrar en Su santa casa.

Aprendan las doctrinas del Señor. Vivan siempre fieles a esos principios que sabemos que son correctos. Es una prueba para sobrellevar la vida. Si siempre somos dignos de tener esa recomendación y podemos sinceramente responder las preguntas que nos hacen dignos de ella, estamos en el camino que nos conducirá al don más grande que el Señor nos ha dado. Que el Señor nos bendiga para que decidamos firmemente ser siempre dignos de entrar en el templo. Ésta es la obra del Señor. Él vive. Dios es nuestro Padre Eterno, y Jesús es el Salvador del mundo. De ello doy testimonio solemne.

Una recomendación para el templo es un pequeño trozo de papel que nos representa y refleja nuestra dignidad para recibir las bendiciones del templo.

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