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Mi enamoramiento secreto

Kimberly Reid

¿Qué haces cuando tienes sentimientos fuertes, pero el momento no es apropiado? A continuación presentamos algunas respuestas.

El hermano Kelly metió la mano en la caja de preguntas que nuestra clase de seminario había escrito de forma anónima. “¿Puedo saber ahora con quién me casaré?”, leyó él.

Intenté parecer aburrida mientras contestaba mi pregunta.

“No”, dijo él. “A la edad de ustedes no pueden saber con quién se casarán”. Entonces explicó con bondad que podría ser que ya conociéramos a nuestra futura pareja, pero que ahora no era el momento de saber si así era. Nos animó a desarrollar amistades y a no tener relaciones románticas exclusivas.

Yo había leído el mismo consejo en Para la Fortaleza de la Juventud: “Puedes y debes desarrollar buenas amistades a toda edad… Cuando empieces a salir, hazlo en grupo o con varias parejas; evita salir con frecuencia con la misma persona ([2001], pág. 25). Yo quería obedecer, pero también quería algo más.

Deseaba tener el sentimiento de ser parte de algo; pensaba que tener novio proporcionaría eso y quería que mi atracción por uno de mis amigos tuviera un propósito. Era difícil tener sentimientos especiales hacia él y no tener lugar para expresar esos sentimientos.

Sabía que mi pregunta secreta era un poco irrealista, pero todavía tenía otras preguntas importantes: ¿Encontraría algún día a alguien que me quisiera? ¿Por qué tenía esos sentimientos ahora? ¿Y que se suponía que debía hacer con ellos?

¿Encontraría a alguien algún día?

Además de sentirme atraída a uno de mis amigos, pensaba que ser su novia probaría que se me podía querer. Debería haber tomado en serio la evidencia que el Padre Celestial me había dado de que Él me amaba y que yo no tenía nada que temer.

Mi bendición patriarcal prometía que encontraría a alguien con quien casarme en “el momento apropiado”. Más tarde me enteré de que mi papá había usado las mismas palabras cuando yo era bebé y que le había pedido al Padre Celestial que me bendijera con un esposo “en el momento apropiado”.

Aunque el Padre Celestial no contestó mis oraciones en cuanto a con quién me casaría, me confirmó que me casaría e incluso me dijo cuándo: en el momento correcto. No necesitaba un novio para ayudarme a sentirme segura tanto como necesitaba recordar las promesas de Dios y Su amor por mí.

¿Cuál es el propósito?

Era difícil recordar siempre la perspectiva eterna, porque mis preocupaciones amenazaban no dar lugar a otros pensamientos. ¿Me invitaría a salir el chico que me gustaba? ¿Debía invitarlo yo? ¡A veces me preguntaba por qué el Padre Celestial no había criado a Sus hijos para que la atracción no fuera un problema hasta después de la escuela secundaria!

Ahora entiendo que mis sentimientos tenían propósitos divinos. Sentir atracción me motivó a entablar amistades. Ya fuera cuando participaba en grupos o cuando salía en citas, conocer a chicos me enseñó a comunicarme mejor y a tratar a los hombres con respeto. Aprendí cuáles cualidades elevaban el espíritu y el tipo de persona con la que debía casarme algún día.

Admirar a chicos también me ayudó a recordar que debía prepararme para el templo. Aunque la escuela secundaria no es el momento apropiado para edificar relaciones románticas serias, pensar sobre el amor a una edad temprana es normal. Nuestro espíritu anhela estar con alguien porque el matrimonio es parte del plan del Padre Celestial. Al reflexionar en cuanto a mis sentimientos e imaginar cómo sería una relación eterna, estaba aún más determinada a ser digna de las bendiciones del templo.

¿Qué debo hacer?

Nutrir mi espíritu hizo que fuera más fácil disfrutar de la amistad y de salir en citas de acuerdo con las normas establecidas en Para la Fortaleza de la Juventud.

Puede ser difícil lidiar con sentimientos fuertes. Todos mis instintos me decían que sería más feliz al enfocar mi energía hacia el chico que me gustaba; pensar en él, hablar con él y pasar tiempo con él. Pero cuando hacía el esfuerzo de meditar en la perspectiva eterna, mi estrés se disipaba y estaba más feliz. Sabía que podía encontrar paz real al poner al Padre Celestial y a Jesucristo primero en mis pensamientos y acciones. Eso significaba leer las Escrituras, asistir a la Iglesia, encontrar maneras de servir, trabajar en el Progreso Personal y seguir las instrucciones de mi bendición patriarcal.

Nutrir mi espíritu hizo que fuera más fácil disfrutar de la amistad y de salir en citas de acuerdo con las normas establecidas en Para la Fortaleza de la Juventud. Resistir el impulso de intentar tener relaciones exclusivas no era fácil, pero me bendijo. Obtuve fortaleza espiritual al probarme a mí misma que podía tomar decisiones difíciles, aún cuando parte de mí deseaba hacer otra cosa.

La simple verdad

Aunque la respuesta del hermano Kelly me decepcionó, él dijo la verdad. Si hubiera pasado la escuela secundaria saliendo con una persona solamente, me habría perdido la oportunidad de conocer a personas que ayudaron a prepararme para reconocer a mi esposo cuando lo conociera años más tarde. No me extraña que no pudiera saber la respuesta a mi pregunta secreta. Algunos de mis compañeros de la escuela se casaron con antiguos amigos, pero yo no. A los dieciséis años, ¡me faltaban nueve años para conocer a mi futuro esposo!

¿Qué podría haber logrado al salir exclusivamente con una persona en la escuela secundaria? Seguramente momentos divertidos, pero también distracción de otras metas, una falta de paz por ignorar las enseñanzas de la Iglesia y un corazón roto cuando terminara la relación.

En los años que siguieron a la escuela secundaria salí seriamente con algunos hombres hasta que el Espíritu me confirmó que habían llegado la persona y “el momento apropiado[s]” a mi vida. Estoy agradecida por haber esperado al mejor momento para salir en relaciones exclusivas y recibir todo lo que había anhelado: un sentimiento de pertenecer a un matrimonio que pudiera durar por la eternidad y una confirmación de que el Padre Celestial estaba contento con mi decisión.

Cuándo comenzar a salir en citas con jóvenes del sexo opuesto

“No se debe salir con personas del sexo opuesto antes de los 16 años. Luego, lo ideal sería salir en grupo, asistir a actividades en grupo y no salir solos en parejas. Eviten salir con la misma persona de forma constante, ya que eso conduce al noviazgo, y ciertamente el comienzo del noviazgo se debe postergar hasta después de la adolescencia” (“Vas en el asiento del conductor”, Liahona, junio de 2004, pág. 30).

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