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Nuestro mejor entrenador

Matthew Garrett

Nuestro Padre Celestial siempre está ahí para enseñarnos y ayudarnos.

Los deportes enseñan muchas lecciones de la vida: cómo ser parte de un equipo, cómo trabajar hacia una meta en común y cómo aceptar el éxito y el fracaso, para nombrar sólo algunas. También aprendemos que detrás de cada gran equipo hay un gran entrenador. En ocasiones, el entrenador pasa inadvertido. El entrenador no juega en la cancha o el campo; muchas personas que ven programas de deportes no reconocen la estrategia del entrenador.

Todo juego termina y al final sólo un equipo saldrá victorioso. Esto ocurre en el juego de la vida, y sabemos que el equipo de Dios será el equipo ganador.

Del mismo modo, puede ocurrir que no notemos la preparación y la dedicación del Padre Celestial para crear el plan perfecto para nuestra vida. Pero Él siempre está ahí para enseñarnos y ayudarnos a estar mejor preparados, para que podamos ganar una gran recompensa. Cuando pensemos en nuestro Padre Celestial, debemos recordar las cosas que Él hace por nosotros.

Él siempre nos enseña

Un gran entrenador sabe que los equipos nunca permanecen iguales; mejoran o empeoran cada día. Un entrenador exitoso entrena y prepara a su equipo constantemente. El Señor ha dicho que debemos estar preparados y seguir Sus instrucciones si queremos tener éxito. Esta instrucción implica lecciones para toda la vida. Un entrenador es un maestro y se dedica a ayudar a los miembros del equipo a corregir errores, para que puedan esforzarse por lograr la perfección. Recibimos instrucción que nos ayuda a mejorar cada día. Nuestro Padre Celestial y el Salvador nos han dado el camino a seguir.

Un entrenador aconseja a un equipo

Él tiene una estrategia

Una buena estrategia puede definir a un gran entrenador. Nuestro Padre Celestial siempre tiene una estrategia perfecta preparada para que nosotros logremos nuestros deseos justos. Al igual que un entrenador debe saber qué jugadas realizar y cuándo, nuestro Padre Celestial conoce todos los detalles de nuestra vida y lo que necesitamos. Puede que no entendamos todo, pero Él tiene la perspectiva y el momento oportuno perfectos. Así como un gran entrenador es capaz de hacer cambios durante el partido y anticipar lo que el otro equipo va a realizar, nuestro Padre Celestial, que lo sabe todo, nos ayuda a hacer los ajustes necesarios a lo largo de nuestra vida para que podamos ser mejores cada día y que todo funcione para nuestro beneficio.

Él nunca nos permite renunciar

Incluso si el juego está por terminar y el resultado parece definitivo, un gran entrenador nunca permite que el equipo renuncie. Él empuja el equipo hasta el fin y espera que trabajen arduamente porque sabe que cada segundo que pasa es un segundo más cerca del final del juego y de la victoria final. Nuestro Padre Celestial nos alienta a perseverar y a que aguantemos para que podamos ser dignos de la vida eterna con Él.

Él está al tanto de las necesidades de cada jugador

Un entrenador bondadoso conoce a los jugadores del equipo; y nadie nos ama, nos conoce o se preocupa por nosotros tanto como nuestro Padre Celestial. Él sabe que las personas aprenden y desarrollan talentos de diferentes maneras, así que Él adaptará nuestras experiencias de entrenamiento para ayudarnos a desarrollarnos lo máximo posible. Por medio de una comunicación clara, nuestro Padre Celestial está dispuesto y deseoso de ayudar a todos Sus hijos a fortalecer sus debilidades y a llegar a ser lo mejor que puedan, el tipo de personas que Él sabe que pueden llegar a ser.

Niños juegan al fútbol mientras el entrenador los observa

Él sabe cuándo necesitamos un descanso

En el juego de la vida debemos tomar un tiempo de descanso de las exigencias del mundo para recuperarnos espiritualmente. También necesitamos prepararnos, descansar y repasar nuestras acciones y situación posterior —oportunidades constantes para enfocarnos y recibir instrucción acerca de lo que estamos haciendo bien y lo que tenemos que mejorar. Al igual que un entrenador dedicado observándonos en un juego o práctica, nuestro Padre Celestial sabe en qué situación estamos. Él sabe cuánto podemos aguantar. También sabe que podemos perder nuestro enfoque y que debemos descansar, y nos ha dado el día de reposo para recordarnos cada semana lo que es más importante. También podemos detenernos para reflexionar sobre nuestra vida en cualquier momento y podemos orar al Padre Celestial, quien nos enseñará a través del Espíritu lo que tenemos que hacer para mejorar.

Él inspira y motiva

Nuestro Padre Celestial desea que tengamos éxito y regresemos a vivir con Él. Al igual que un entrenador alienta fervientemente a los jugadores, el Padre Celestial siempre está allí para motivarnos, inspirarnos y animarnos, especialmente cuando nos enfrentamos a nuestros adversarios más difíciles.

Él promueve la unidad

Los entrenadores saben que los miembros del equipo tienen más probabilidades de lograr el éxito al trabajar juntos. Ellos saben que para que un grupo de personas sea un equipo unido, deben confiar y comprenderse los unos a los otros. Los jugadores deben ser capaces de depender mutuamente para lograr sus asignaciones y estar en el lugar correcto en el momento oportuno. Los miembros del equipo también deben ser capaces de comunicarse y trabajar juntos hacia una meta en común, donde se necesita que cada uno desempeñe su función eficazmente. Todo jugador necesita al equipo. Todos somos “hijos e hijas para Dios” (D. y C. 76: 24) y Él nos ha enviado a ayudar y a enseñar a nuestros hermanos y hermanas para que podamos crecer y progresar juntos y estar unidos.

Un entrenador felicita a un niño

Él hace las prácticas alegres

Mientras que el entrenamiento y la preparación son necesarios en los deportes y en la vida, la práctica no tiene que ser una experiencia miserable. Un gran entrenador hace de la práctica algo divertido y productivo. El aprendizaje debe ser agradable, no angustioso. Al aprender y crecer, nuestro Padre Celestial desea que hallemos la felicidad y disfrutemos cada día, que no suframos en la vida.

Él siempre nos ayuda a ganar

Todo juego termina y al final sólo un equipo saldrá victorioso. Esto ocurre en el juego de la vida, y sabemos que el equipo de Dios será el equipo ganador. Nuestro Padre Celestial consagra todo Su tiempo, energía y amor a Sus hijos, y Él ha prometido estar siempre con nosotros. Si permanecemos fieles a Su equipo y escuchamos Su instrucción divina, obtendremos “una gran victoria” (2 Samuel 23:10, 12) y recibiremos la máxima recompensa, sí, Su reino y todo lo que Él tiene.

Élder Richard G. Scott

Cumple con tu plan personal

“El Señor ha puesto corrientes de influencia divina en tu vida, las cuales te guiarán a lo largo del plan individual que Él desea que tú cumplas aquí en la Tierra. Busca por medio del Espíritu identificar y seguir cuidadosamente esa influencia que el Señor ha puesto en tu vida… Te animo a entretejer profundamente en la tela de tu alma el reconocimiento de que tu vida ahora es parte de un plan mucho más grande que el Señor tiene para ti… Lo que decidas hacer ahora afectará lo bien que puedas cumplir con ese plan divino y personal que Él tiene para ti.”

Élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Él vive”, Liahona, noviembre de 1999.

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Este artículo apareció originalmente en la edición de noviembre de 2014 de la revista New Era.

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