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Prepárate para servir

Élder Gregory A. Schwitzer De los Setenta

Cuando planees servir en una misión, es importante que vayas al campo bien preparado física, espiritual y emocionalmente.

Cuando era joven, tenía un miedo real de pararme frente a las personas y hablar. Tenía tanto temor que me enfermaba de tan solo pensar en ello.

Durante la época en la que estaba en la Primaria y, después, en los Hombres Jóvenes, realizábamos los ejercicios de apertura en la Escuela Dominical, en donde se nos pedía que diéramos discursos de dos minutos y medio de duración frente a toda la congregación. Una vez, cuando se me asignó discursar, mi padre hizo que memorice el relato de la Primera Visión, y luego, él se paró en la parte posterior de la capilla con el discurso en sus manos. Me encontraba en el púlpito, pero estaba tan nervioso que no pude hablar y recordar lo que había memorizado. Mi padre intentó articular las palabras para mí, pero debido a que no podía leer los labios muy bien, le dije finalmente: “¿Qué es lo que quieres decir, papá?”. Él caminó hacia el frente, puso el papel en el púlpito y yo leí el discurso.

En otra ocasión, mi papá dijo a la clase de preparación misional que enseñaba que cualquier persona podría dar la primera charla que se refería a la Trinidad. Él dijo: “Para probarlo, le voy a pedir a mi hijo de diez años que enseñe la primera lección la próxima semana”. Toda aquella semana me dio la oportunidad de aprender la lección y, con éxito, enseñé la charla a su clase. Cuando fui misionero, sabía muy bien el relato de la Primera Visión y cómo hablar sobre la Trinidad.

Esas pequeñas experiencias y muchas otras me cambiaron y, de manera gradual, fui capaz de superar mis temores. Estoy agradecido por mi padre, que me dio oportunidades para progresar y me ayudó a aprender cómo sobreponerme a las cosas difíciles. Cuando superamos nuestros temores y salimos de nuestro ambiente de comodidad, podemos progresar y llegar a ser lo que el Señor desea que seamos (véanse D. y C. 6:34, 36; 35:17; 38:15).

Algunas cosas que puedes hacer ahora

Hay cosas que puedes hacer ahora que te prepararán para servir en una misión y para el resto de tu vida. Por ejemplo, aprender un idioma extranjero puede ser una actividad altamente estresante que ocurre en algunas misiones. Si piensas que podría ser difícil para ti, toma una clase de un idioma extranjero en la escuela. El hacerlo te ayudará como misionero y en toda tu vida.

Estas son seis ideas más para que las consideres y que te ayudarán a prepararte para el futuro:

1. Consigue empleo. Trabajar para otras personas te ensenará aptitudes y habilidades valiosas sobre cómo interactuar con las personas. Te enseñará lecciones sobre el manejo del tiempo, la administración del dinero y cómo trabajar de manera eficaz. (Lee “Adolescentes maravillosos en el trabajo”).

jovencito arregla una bicicleta

 

2. Aléjate de casa por un periodo corto de tiempo. Experimenta lo que es vivir por ti mismo o vive en una vivienda destinada para estudiantes universitarios. Las actividades de los jóvenes como los campamentos y las conferencias te brindarán la oportunidad de vivir lejos de casa y te ayudarán a madurar haciendo cosas nuevas.

3. Aprende el arte de la relajación y la recreación. Cuando sirvas en una misión, trabajarás arduamente. También tendrás un día de preparación, en el cual, te podrás relajar y tendrás la oportunidad de participar en actividades recreativas saludables, presenciarás cosas hermosas y aprenderás más acerca de la cultura de tu misión. Cuando utilizas el tiempo regular para relajarte, estarás revitalizándote y en mejores condiciones para centrarte en los asuntos que siguen (véase Adaptación a la vida misional, 2013, pág. 19).

Jovencito cerca de un precipicio

 

4. Establece como hábito el ejercicio regular y aprende a comer una dieta saludable. “La buena nutrición y el ejercicio nos ayudan a lidiar mejor con el estrés… Treinta minutos de ejercicio diario fortalecen el sistema inmune, aumentan su energía y estabilizan su estado de ánimo” (véase Adaptación a la vida misional, págs. 23-24).

5. Aprende cómo tener una conversación. Aléjate de los dispositivos digitales y aprende a hablar a personas reales en tiempo real. Puedes practicar al hablar con tus padres: hacerles preguntas sobre el pasado, sobre sus trabajos y sobre las dificultades en su vida. El salir con personas del sexo opuesto es una manera de preparación para una misión a medida que aprendes habilidades para comunicarte con las personas al hablar y llevarte bien con los demás.

Aprende cómo escuchar lo que otras personas expresan y a estar dispuesto a compartir tu historia. Aprende a escuchar tanto al Espíritu Santo como a lo que dice la otra persona. Las personas están mucho más deseosas de escuchar el mensaje del Evangelio si perciben que el misionero demuestra interés en ellas.

Dos jovencitas hablando

 

6. Participa en oportunidades y actividades de servicio. Al prestar más servicio a la comunidad, serás capaz de ver más allá de ti mismo y cultivarás el deseo y la comprensión de ayudar a las personas.

Recuerda a los hijos de Mosíah en el Libro de Mormón: “Pues estaban deseosos de que la salvación fuese declarada a toda criatura, porque no podían soportar que alma humana alguna pereciera; sí, aun el solo pensamiento de que alma alguna tuviera que padecer un tormento sin fin los hacía estremecer y temblar” (Mosíah 28:3). Cuando ellos sirvieron a los lamanitas, su amor por ellos aumentó (véase Alma 26:26–31). Si posees ese tipo de deseo, ese tipo de amor por las personas, tendrás una misión exitosa.

Aprende a adaptarte a situaciones nuevas

Uno de los desafíos, así como una de las grandes bendiciones de servir una misión es aprender a adaptarse a situaciones nuevas. Serví en la Misión Alemania Norte y todavía estaba aprendiendo el idioma cuando llegué. La primera noche que estaba en Alemania, después de dejar mis maletas, mi compañero grandioso dijo: “¿Está listo para salir? ¡Vamos a tocar puertas!”. Observé como él tocó dos o tres puertas y habló a las personas. Luego tocó el timbre y dijo: “¡Es su turno!”.

Nunca olvidaré a la mujer que contestó a la puerta mientras estaba enfrente de ella con un Libro de Mormón en mi mano. Todos esos sentimientos de ansiedad y nerviosismo que tuve al estar en el púlpito cuando era niño regresaron. No obstante, debido a que trabajé arduamente para aprender el idioma y tenía la experiencia de enseñar acerca de la Primera Visión, supe lo que debía decir. Ella no aceptó el Libro de Mormón y cerró la puerta. Mi compañero me miró y dijo: “Buen trabajo, élder Schwitzer. ¡Bienvenido a Alemania!”.

Con el pasar del tiempo, ser un misionero se convirtió en algo más fácil a medida que tuve la oportunidad de conocer personas y compartir el Evangelio. Eso es lo asombroso del evangelio de Jesucristo: al testificar más, tú progresas más como misionero. No solo sales a servir una misión; vas a llegar a ser un misionero y, en el proceso, te conviertes en un discípulo de Jesucristo.

Sé que cuando confiamos en el Salvador podemos edificar un cimiento fuerte, en el cual, podemos superar las dificultades de la vida y volverlas fortalezas. A veces me pregunto lo que sería mi vida si hubiese permanecido tímido y si no hubiese hecho mi mejor esfuerzo. El evangelio de Jesucristo me ayudó a cambiar y ser una persona diferente de lo que fueron mis tendencias naturales. Siento una enorme gratitud por esta bendición en mi vida.

Recursos para consultar

  • Adaptación a la vida misional: También puedes solicitar un ejemplar impreso a tu obispo.
  • Lo más difícil de ser misionero”, por Wendy Ulrich, Liahona, junio de 2016, pág. 52.
  • Cómo prepararse para servir: Recursos e información para los jóvenes que deseen servir en una misión de tiempo completo.
  • El regresar a casa antes de tiempo de la misión”, por Brittany Romanello Casco, Liahona, diciembre de 2015, pág. 44. Si regresas a casa antes de tiempo, deseo que sepas que el Señor aprecia cada esfuerzo que tú hiciste para servirle. Cualquier persona que fue a la misión y realizó su mejor esfuerzo tuvo una misión exitosa. El Señor desea que mejores tu salud de nuevo y continúes con tu vida. Si se te releva de manera permanente antes de tiempo, prosigue con la formación académica y realiza lo que el Padre Celestial desea que hagas para encontrar un compañero o una compañera eterna. Estas cosas son partes muy importantes de tu vida en general.

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