Una decisión importante

Grace Huang

Realmente quería competir en el concurso de piano, pero iba a llevarse a cabo en domingo.

Hace unos meses me inscribí en un concurso de piano clásico. Sabía que probablemente se llevaría a cabo un domingo, pero en ese momento no pensé mucho en ello. Empecé a practicar tres meses antes del concurso y tomó mucho tiempo y esfuerzo para prepararme.

Un mes antes del concurso, una lección de seminario sobre los diez mandamientos me hizo pensar si competir o no un domingo era una buena idea. Quería alejar ese pensamiento porque ya había pagado la inscripción de unos 50 dólares, sin mencionar que había pasado tanto tiempo practicando. Le pregunté a mi maestro de seminario si asistir a un concurso de piano sería romper el día de reposo. Me dijo que eso era entre Dios y yo, pero compartió su testimonio de que santificar el día de reposo sería una bendición. Pensé en ello y realmente no quería tener que renunciar al concurso.

Cada día leí un artículo de la conferencia general. Acababa de terminar un discurso y estaba a punto de dejar la revista, pero el artículo siguiente me llamó la atención: “Permaneced en lugares santos”, por el presidente Thomas S. Monson (Liahona, noviembre de 2011, pág. 82). Cuando comencé a leerlo, no había estado pensando para nada en mi concurso de piano ni esperaba hallar una respuesta en el discurso. Pero mientras leía, fue como si el Padre Celestial me estuviera regañando. Las palabras del presidente Monson me afectaron fuertemente:

“Los Diez Mandamientos son exactamente eso: mandamientos; no son sugerencias. Son un requisito en todos los aspectos hoy como lo fueron cuando Dios se los dio a los hijos de Israel” (pág. 83).

“No hay nada que traiga mayor gozo a nuestra vida ni más paz a nuestra alma que el Espíritu que podemos recibir al seguir al Salvador y guardar los mandamientos.” —Presidente Thomas S. Monson

Mientras leía encontré:

“Su constancia es algo de lo cual podemos depender, un ancla a la cual podemos sostenernos con firmeza y estar seguros, para que no seamos arrastrados hacia aguas desconocidas.

“…No hay nada que traiga mayor gozo a nuestra vida ni más paz a nuestra alma que el Espíritu que podemos recibir al seguir al Salvador y guardar los mandamientos” (pág. 83).

Entonces supe lo que mi Padre Celestial esperaba de mí. Ofrecí una oración y le dije que, si fuera necesario, renunciaría al concurso, incluso si no recibía un reembolso. Oré para no tener que renunciar si fuera posible, para que hubiera una manera de poder competir y santificar el día de reposo a la vez.

Al final del día, le dije a mi profesora de piano que no podía competir en domingo. Ella se mostró sorprendentemente comprensiva. Dijo que los concursos se dividían por áreas y que podría tratar de transferirme a un área que participase en otro día. Al día siguiente hice una llamada y logré que me transfirieran para competir en Tainan, Taiwán, donde el concurso se llevaba a cabo en sábado.

Estoy muy agradecida por haber tomado la decisión de obedecer los mandamientos de mi Padre Celestial. Dios no sólo quería que yo santificara el día de reposo, sino que tuvo en cuenta que el concurso de piano significaba mucho para mí. Debido a que estaba dispuesta a obedecer se ha fortalecido mi testimonio del amor de Dios por mí y de las bendiciones que se reciben al obedecer Sus mandamientos. Sé que cuando hacemos damos lo mejor de nosotros mismos para hacer lo que Él nos pide, Dios proveerá el resto.

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