Un cambio de música

Sarah K. Perry

Desconocía cuánto me afectaba la música que escuchaba, pero la misión de mi hermano me orientó hacia una felicidad mayor.

Solía escuchar música siempre que podía, ya que me servía para despertarme e ir a seminario y luego a la escuela. No podía manejar a menos que estuviera escuchando un CD. El problema es que la música que escuchaba no era una música feliz. No es que fuera mala, pero no me hacía sentir bien.

La escuchaba porque estaba de moda; y como siempre la estaba escuchando, nunca me sentía bien. Hizo que cambiara mi actitud respecto a todo y de paso cambió también mi perspectiva del mundo y de la gente. No sabía cómo salir de ese círculo de emoción negativa, pues formaba parte de mi identidad y no parecía haber escapatoria.

Cuando mi hermano se fue a la misión, me quedé impresionada por su disposición para ceñirse a un tipo de vida tan estricto. Durante dos años no iba a poder elegir lo que quería leer o escuchar. Pensé en mi música y en cómo podría yo hacer las cosas mucho mejor. Decidí que, si mi hermano era capaz de pasar dos años escuchando solamente himnos y canciones de la Primaria, al menos yo podría reconsiderar mis hábitos musicales.

Fue difícil, pero inmediatamente regalé algunos CD y otros los tiré a la basura. La música hacia la que sentía tanto apego formaba parte de mi identidad en la escuela de secundaria, pero al pensar en el ejemplo de mi hermano cobré valor y decidí cambiar.

Durante nueve meses seguidos no escuché nada sino música clásica, instrumental y sencilla. Me di cuenta de inmediato de que era más feliz, de que pensaba con mayor claridad y de que los días transcurrían con más calma. Me hallaba más preparada para sentir el Espíritu y aprender cada mañana en seminario. Mejoró toda mi perspectiva sobre la vida.

Después del regreso de mi hermano, comencé poco a poco a escuchar música pop, pero me incliné por canciones más positivas, relajadas y limpias. Pasar por ese periodo de limpieza musical me hizo ser más sensible a la manera en que la música afectaba a mi forma de pensar y de sentir. Elegí música que me hacía sentir bien en vez de la que se consideraba popular o de moda. Sé que aquellas decisiones me ayudaron a recuperar el Espíritu en mi vida y gracias a que lo tengo conmigo, me siento más liviana y feliz, y disfruto más plenamente de la vida.

Interfiriendo los canales de la comunicación espiritual

“El mundo está cada vez más agitado... La música escandalosa con letras obscenas... [está] ganando gran aceptación e influencia entre nuestros jóvenes. ...

“Esta tendencia a más ruido, más excitación, más contención, menos refrenamiento, menos dignidad y formalidad no es accidental ni inocente ni inofensiva.

“La primera orden emitida por un comandante que se apresta a hacer una invasión militar es la de interferir con los canales de comunicación de aquellos a quienes intenta conquistar.

“La irreverencia satisface los propósitos del adversario al obstruir los delicados canales de revelación tanto de la mente como del espíritu” (Boyd K. Packer, “La reverencia inspira la revelación”, conferencia general de octubre de 1991).