No usen máscaras

Quentin L. Cook Of the Quorum of the Twelve Apostles

Una de las mayores protecciones que tienen en contra de tomar malas decisiones es no ponerse ninguna máscara de anonimato.

Al reflexionar en quiénes son ustedes, me ha venido el sentimiento de que quizá no comprendan completamente la importancia de la generación a la que pertenecen. Considero que ustedes cuentan con la experiencia y el fundamento necesarios para ser la mejor generación que haya existido, particularmente en lo que se refiere a hacer avanzar el plan de nuestro Padre Celestial.

En vista del enorme potencial que poseen para hacer el bien, ¿cuáles son mis preocupaciones en cuanto a su futuro? ¿Qué consejo puedo darles? Se les presionará en gran medida para que actúen de una manera fuera de lo normal —incluso para que se pongan una máscara— y se conviertan en alguien que realmente no refleja quiénes son ni lo que desean llegar a ser.

Un ejemplo de la historia de los EE. UU.

En 2011, el élder L. Tom Perry y yo nos reunimos con Abraham Foxman, el director nacional de la Liga Antidifamación, cuya misión es ponerle fin a la difamación del pueblo judío.

Se les presionará en gran manera para que actúen de una manera fuera de lo normal —incluso para que se pongan una máscara— y se conviertan en alguien que realmente no refleje quiénes son ni lo que desean llegar a ser.

En la reunión que tuvimos con el señor Foxman, le pregunté qué consejo nos podía dar en relación a nuestras responsabilidades en los asuntos públicos de la Iglesia. Reflexionó por un momento y luego explicó la importancia de alentar a las personas a no ponerse máscaras. Describió al Ku Klux Klan, una organización que tenía mucha influencia y que infundía gran temor en la mayoría de los estadounidenses durante la primera parte del siglo veinte. Vestidos con túnicas y máscaras idénticas que hacían que fuera imposible identificar a los participantes, quemaban cruces frente a las casas de aquellos que eran su objetivo y se designaban a sí mismos como supuestos guardianes morales. Entre las personas a las que más se atacaba se encontraban los afroamericanos, así como también católicos, judíos e inmigrantes. Los miembros más fanáticos del Klan participaban en azotamientos, maltrato físico e incluso asesinatos. El señor Foxman señaló que la mayoría de los miembros del Klan, cuando no tenían una máscara, generalmente eran personas normales, entre los que se encontraban hombres de negocios y personas con creencias religiosas. Señaló que el ocultar su identidad y ponerse una máscara les permitía participar en actividades que normalmente habrían evitado. Tal comportamiento tuvo un impacto terrible en la sociedad estadounidense.

El consejo del señor Foxman fue que se recalcara la importancia de que la gente evitara las máscaras para ocultar su verdadera identidad.

Ejemplos de la historia de la Iglesia

Durante los inicios de la historia de la Iglesia, el profeta José, Emma y sus gemelos de once meses: Joseph y Julia, estaban en Hiram, Ohio, en la granja de la familia Johnson.

Un sábado por la noche, un grupo de hombres con las caras pintadas de negro irrumpió en la casa y arrastró al Profeta hacia afuera, donde lo golpearon y le pusieron brea a él y a Sidney Rigdon.

“Aun cuando el Profeta perdió un diente, recibió una herida grave en el costado, le faltaba un mechón de pelo y tenía quemaduras de ácido nítrico, predicó un sermón en el acostumbrado servicio de adoración dominical. Entre los santos que se reunieron, se encontraban por lo menos cuatro de los integrantes de la turba.”

También es interesante el hecho de que quienes participaron en el martirio del profeta José y de su hermano Hyrum se pintaron las caras con la intención de ocultar su verdadera identidad.

Eviten usar máscaras y actuar de manera fuera de lo normal

No estoy sugiriendo que alguno de ustedes se involucraría en el tipo de acontecimientos terribles que acabo de describir, aunque sí pienso que, en la actualidad, cuando es más fácil que nunca permanecer en el anonimato, hay principios importantes que tienen que ver con el no ponerse una máscara y “ser fieles a aquello por lo cual los mártires perecieron”.

Es evidente que las comunicaciones malignas no son sólo un asunto de malas costumbres, sino que, en el caso de los Santos de los Últimos Días, pueden afectar negativamente a quienes no tengan un conocimiento de Dios ni un testimonio del Salvador.

Una de las mayores protecciones que tienen en contra de tomar malas decisiones es no ponerse ninguna máscara de anonimato. Si alguna vez tienen el deseo de hacerlo, sepan que eso es una seria indicación de peligro y una de las herramientas del adversario para lograr que hagan algo que no deben hacer.

Es interesante notar que las personas que se involucran en la pornografía, con frecuencia asumen una identidad falsa y ocultan su participación: enmascaran su comportamiento porque saben que es censurable y destructivo para todas las personas a las que quieren. La pornografía es una plaga que no sólo perjudica la posición moral de una persona ante Dios, sino que también puede destruir matrimonios y familias, y causa un impacto negativo en la sociedad.

Quienes hayan caído en ese hábito destructivo, por favor, tengan la seguridad de que pueden arrepentirse y ser sanados. El arrepentimiento debe preceder a la sanación, y la sanación puede que resulte ser un proceso largo. Su obispo o presidente de rama puede aconsejarlos en cuanto a cómo recibir la ayuda que necesitan para sanar.

Actúen de acuerdo con sus creencias

En la actualidad, es común que alguien oculte su identidad para escribir de forma anónima en internet mensajes de odio, ponzoñosos y prejuiciosos. Algunos se refieren a eso como “flaming” (escarnecer). Algunas instituciones tratan de filtrar los comentarios; por ejemplo, el periódico New York Times no acepta comentarios donde haya “ataques personales, obscenidades, vulgaridades, blasfemias… falsificación de identidad, incoherencias y GRITOS…”.

“El periódico The Times también alienta a que se empleen nombres reales, porque ‘hemos visto que las personas que dan sus nombres sostienen conversaciones más interesantes y respetuosas’.”

El apóstol Pablo escribió:

“No os dejéis engañar: Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.

“Velad debidamente, y no pequéis, porque algunos no conocen a Dios” (1 Corintios 15:33–34).

Es evidente que las comunicaciones malignas no son sólo un asunto de malas costumbres, sino que, en el caso de los Santos de los Últimos Días, pueden afectar negativamente a quienes no tengan un conocimiento de Dios ni un testimonio del Salvador.

Todo uso que se le dé a internet para intimidar, destruir una reputación o poner a alguien en tela de juicio, es reprochable. Lo que vemos en la sociedad es que, cuando las personas se ponen la máscara del anonimato, son más propensas a participar en este tipo de conducta que es tan destructiva para el diálogo cortés. Eso también constituye una violación a los principios básicos que enseñó el Salvador.

Los justos no necesitan usar máscaras para esconder su identidad.

Actúen de manera correcta

Tenemos gran confianza en ustedes. Los líderes de la Iglesia sinceramente creen que ustedes pueden edificar el reino como ninguna generación anterior. Ustedes cuentan no sólo con nuestro amor y confianza, sino también con nuestras oraciones y bendiciones. Sabemos que el éxito de su generación es esencial para el establecimiento constante de la Iglesia y para el progreso del reino. Rogamos que actúen de manera correcta y eviten ponerse una máscara.