Investidos de lo alto

La investidura del templo es más que sólo un paso en el camino hacia una misión o un matrimonio. Es una ordenanza de salvación.

Los llamamientos misionales y anillos de boda son emocionantes, pero a veces el bullicio de la preparación para una misión o una boda puede opacar una ordenanza primordial de salvación que tiene lugar al mismo tiempo: la investidura del templo. La investidura es el otorgamiento del poder y del conocimiento celestial. Es literalmente un “don”. Nos brinda fortaleza y nos permite “obtener una visión de lo que sería vivir en la presencia [de Dios] al sentir el ambiente apacible del templo”. La investidura no es sólo un paso antes de una misión o un matrimonio, sino que es una parte primordial y gloriosa de nuestra jornada eterna.

Si la investidura “ha de ser la gran bendición que debe ser para tu misión y tu vida, entonces debe ser más que tan sólo otro punto de la lista de quehaceres antes de entrar al campo misional” o casarte en el templo. El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) dijo que cada ordenanza del templo “no es tan sólo un ritual por el que hay que pasar, sino un acto donde se declaran promesas solemnes”.

Esto es lo que tres personas dijeron acerca de su experiencia especial de recibir su investidura del templo.

Hacer convenios importantes

Allie Bradford, 20, Utah, EE. UU.

¡Recibí mi llamamiento misional en enero para la Misión Cabo Verde Praia! Estoy muy emocionada acerca de mi misión, pero me sentía igual de emocionada por poder ir al templo y recibir mi investidura.

Mi obispo y mi presidente de estaca me recordaron que el templo no es simplemente un primer paso para la misión. Los convenios que hice en el templo son literalmente primordiales para mi salvación; una misión no lo es.

Me preparé para entrar en el templo concentrándome en mis convenios bautismales, leyendo el folleto Cómo prepararse para entrar en el Santo Templo, leyendo las Escrituras todos los días y orando mucho. Sentí como si estuviera tan preparada como podría haberlo estado, sin saber en realidad específicamente lo que iba a suceder.

Siento que me he estado preparando para recibir mi investidura durante toda mi vida. No me sentía muy nerviosa al respecto, a pesar de que todavía no sabía qué esperar. Me acompañaron todo el tiempo mis padres, otros miembros de la familia y los obreros del templo, por lo que nunca estuve sola.

Recibí el mismo consejo de mucha gente: no te preocupes por tratar de aprender ni recordar todo la primera vez, no te sientas nerviosa acerca del simbolismo ni te preocupes si no entiendes todo; trata de concentrarte en sentir el Espíritu. Eso fue lo que hice y mi primera vez en el templo fue una experiencia muy buena. El espíritu era tan fuerte.

Lo que sucede en el templo es diferente de la forma en que adoramos fuera de él. Pero el Espíritu es el mismo y eso es lo más importante. Cuando somos dignos y nos preparamos para estar allí, realmente podemos sentir la presencia de Dios en Su casa. Estoy muy agradecida de haber podido recibir mi investidura y hacer esos convenios importantes. Espero con gran ansiedad regresar una y otra vez.

Participar de las bendiciones eternas

Ryan Montgomery, 18 años, Oregón, EE. UU.

Recibir mi investidura fue la experiencia más significativa que he tenido hasta ahora en mi vida. Al entrar en el salón celestial me invadió un gran sentimiento de felicidad. Mis padres están divorciados, pero cuando entré en el salón celestial, ambos pudieron estar allí conmigo. Sentí el amor del Padre Celestial hacia mí y hacia mis padres.

La sesión de investidura en sí fue inolvidable. He llegado a comprender que Cristo es fundamental en todo lo que hacemos y los convenios que hacemos en el templo se centran en Él. La ceremonia de la investidura se centra en Él. Incluso la estructura del templo y la decoración están diseñadas para enseñarnos acerca de Cristo. Los símbolos de Él están en todas partes en la Casa del Señor.

No es una coincidencia que se nos instruya cómo tomar sobre nosotros el nombre de Cristo e incluirlo en nuestra vida cotidiana. Cómo llegar a ser una persona semejante a Cristo es nuestra meta aquí en este mundo terrenal, lleno de pruebas. El templo es un lugar donde mostrar amor semejante al de Cristo, aprender acerca de Él y llegar a ser la persona más plenamente centrada en Cristo que Él espera y desea que lleguemos a ser.

La investidura, además de ser una de las experiencias más hermosas de mi vida, es una necesidad con el fin de comprender plenamente cómo regresar a nuestro Padre Celestial. La investidura me ha dado el poder y el conocimiento esenciales para participar de las bendiciones eternas.

Sentir el Espíritu más abundantemente

Ashley Tuft, 20, Texas, EE. UU.

Antes de ir al templo, no sabía exactamente qué esperar. Leí el folleto Cómo prepararse para entrar en el Santo Templo y tomé una clase de preparación para el templo. Eso me ayudó a estar más preparada para recibir mi propia investidura. Cuando fui al templo por primera vez, no me sentía nerviosa como pensé que estaría, porque sentí paz. Los obreros del templo fueron muy amables y se aseguraron de que supiera adónde ir durante todo el tiempo que estuve en el templo.

Durante la investidura hice convenios con mi Padre Celestial y a cambio se me prometió muchas hermosas bendiciones y dones de conocimiento. Al igual que otras ordenanzas, incluso la del bautismo, la ordenanza de la investidura es muy simbólica. Antes de ir a la sesión de investiduras, un obrero del templo me dijo que era posible que tuviera muchas preguntas al final de la sesión. Debido a que hay muchos símbolos, es imposible entenderlos todos al mismo tiempo. Por eso creo que es tan importante regresar al templo tan a menudo como sea posible.

Desde que he entrado en el templo, he sentido el Espíritu más abundantemente en mi vida. Sentí que las palabras que escuché en el templo se clavaron en mi corazón y sé que si cumplo todos los convenios que hice con mi Padre Celestial, entonces seré bendecida. Esta ordenanza me ha ayudado a entender cuánto nuestro Padre Celestial y Jesucristo aman a cada persona individualmente, debido a que se nos enseña en el templo a ser felices.