El obtener y mantener un testimonio

Mindy Raye Friedman Church Magazines

En general, un testimonio se obtiene lentamente, con el paso del tiempo, a medida que trabajas para ayudarlo a crecer.

Tal vez fuiste bautizado a los ocho años y has estado asistiendo a la Iglesia toda tu vida. Quizás hace poco que conociste la Iglesia. Puede ser que tengas un fuerte testimonio de la restauración del Evangelio, o tal vez ni siquiera estás seguro si el Libro de Mormón es verdadero. En cualquier caso, cada persona debe constantemente nutrir y ayudar a que su testimonio crezca. Entonces, ¿qué se supone que debes hacer? A continuación se encuentran algunas ideas para considerar.

Generalmente la revelación viene poco a poco

A veces pensamos que no tenemos un testimonio o que solamente puede crecer si nos ocurre un gran milagro espiritual. Aunque es más frecuente que recibamos revelación y conocimiento espiritual sólo poco a poco. El élder David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles, compara la revelación con las maneras en que experimentamos la luz:

Una niña orando

“Una luz que se enciende en un cuarto oscuro es semejante a recibir un mensaje de Dios rápida y completamente, y todo de una vez. Muchos de nosotros hemos experimentado este modelo de revelación cuando se nos ha dado respuesta a nuestras oraciones sinceras o se nos ha proporcionado orientación o protección, de acuerdo con la voluntad y el tiempo de Dios… Sin embargo, este modelo de revelación tiende a ser más infrecuente que común”.

“El aumento gradual de la luz que irradia el sol naciente es semejante a recibir un mensaje de Dios ‘línea por línea, precepto por precepto’ (2 Nefi 28:30). La mayoría de las veces, la revelación viene en pequeños incrementos a lo largo de cierto tiempo, y se concede de acuerdo con nuestro deseo, dignidad y preparación… Este modelo de revelación tiende a ser más común que infrecuente” (“El espíritu de revelación”, Liahona, mayo de 2011, pág. 87).

El Espíritu es la clave

A fin de fortalecer el testimonio, es importante que seas capaz de tener el Espíritu Santo contigo y que escuches Sus impresiones. Sin embargo, es difícil oír los susurros del Espíritu cuando te distraen otras cosas. El élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles, nos ha enseñado:

¡RECUERDA! Debido a que has sido bautizado y confirmado, tienes el don del Espíritu Santo. En tanto que te mantengas digno, Él te testificará de la verdad.

“La influencia inspiradora del Espíritu Santo puede pasar desapercibida o quedar oculta debido a emociones fuertes, tales como el enojo, el odio, la pasión, el miedo o el orgullo. Cuando esas influencias están presentes es como tratar de paladear el delicado sabor de una uva mientras se come un pimiento picante. Ambos sabores están presentes, pero uno de ellos se superpone al otro. De la misma manera, las emociones fuertes prevalecen sobre la delicada inspiración del Espíritu Santo” (“Cómo obtener guía espiritual”, Liahona, noviembre de 2009, pág. 8).

El testimonio se obtiene mediante buenas elecciones

El élder Scott ha explicado que “el testimonio no es emoción, sino la esencia del carácter entretejida con los hilos de innumerables decisiones correctas. Esas decisiones se toman con fe verdadera en las cosas que creemos y que, al menos al principio, no se ven. Un firme testimonio nos da paz, consuelo y seguridad; genera la convicción de que, cuando las enseñanzas del Salvador se obedecen en forma constante, la vida será hermosa, el futuro será seguro y tendremos la capacidad para vencer los desafíos que se crucen en nuestro camino. Un testimonio crece al comprender la verdad, la cual emana de la oración y la meditación de la doctrina de las Escrituras. Se nutre al vivir esas verdades con fe, anclados en la seguridad misma de que los resultados prometidos se obtendrán” (“El poder transformador de la fe y el carácter”, Liahona, noviembre de 2010, págs. 45–46).

Ve y haz algo

Un jovencito podando un árbol

A veces, para que tu testimonio crezca, tienes que ir y hacer algo. El presidente Dieter F. Uchtdorf, de la Primera Presidencia, nos ha enseñado: “A menudo, la respuesta a nuestra oración no viene cuando estamos de rodillas sino cuando estamos de pie sirviendo al Señor y a quienes están a nuestro alrededor. Los actos de servicio desinteresado y la consagración purifican nuestro espíritu, quitan las escamas de nuestros ojos espirituales y abren las ventanas de los cielos. Al convertirnos en la respuesta a la oración de alguien, con frecuencia hallamos la respuesta a la nuestra” (“A la espera en el camino a Damasco”, Liahona, mayo de 2011, pág. 76).

No te des por vencido

Sólo porque sientes que estás en un bajón espiritual, o que tu testimonio sea débil o incluso si sientes que tu testimonio es fuerte, eso no significa que debes dejar de fortalecer tu testimonio. Sigue adelante. El élder Bednar ofrece estas palabras de ánimo:

Moroni enseña que “preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo” y eso debes hacerlo con “un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo”, y sólo entonces Dios “os manifestará la verdad” (Moroni 10:4).

“He conversado con muchas personas que dudan de la fortaleza de su testimonio personal y subestiman su capacidad espiritual porque no reciben impresiones frecuentes, milagrosas ni intensas… Si ustedes han tenido pensamientos o dudas similares, sepan que es algo muy normal; simplemente sigan adelante con obediencia y fe en el Salvador. Si lo hacen, ‘no podr[án] errar’” (D. y C. 80:3)” (“El espíritu de revelación”, Liahona, mayo de 2011, pág. 89).

Un gran incendio empieza con leña menuda

Puede que hayas oído anteriormente que el testimonio se compara con un fuego que está ardiendo, pero piensa en cómo se inicia el fuego.

Si intentas encender un tronco grande, probablemente no se prenda fuego. Necesitas algún tipo de leña menuda, como ramitas u hojas, para que el fuego se encienda. De la misma forma, las pequeñas experiencias pueden encender el fuego de tu testimonio.

Fuego

A veces las personas vierten líquido para encendedores en un tronco, lo cual ocasiona que las llamas sean vivas, pero una vez que el líquido se haya quemado, el fuego se apaga porque era el líquido lo que estaba ardiendo, no el tronco. A veces, tu testimonio puede estar encendido por una fuerte experiencia espiritual, pero es posible que no sea suficiente para mantener tu testimonio constantemente vivo.

Aun cuando tengas un buen fuego ardiendo, con el tiempo se apagará si no continúas añadiéndole leña. De manera similar, debes continuar alimentando el fuego de tu testimonio para que no se apague.

La experiencia de una Autoridad General

Algunas veces puedes pensar que estás luchando solo para mantener tu testimonio. La verdad es que cada persona debe pasar por el mismo proceso, incluso las Autoridades Generales. Ésta es una experiencia que tuvo el élder Jay E. Jensen, de la Presidencia de los Setenta.

“Cuando era un joven élder y llevaba aproximadamente un año en el campo misional, al leer las Escrituras y las palabras de los apóstoles modernos sobre la revelación y el Espíritu Santo, me llevé una gran sorpresa: no tenía un testimonio propio, especialmente del Padre y del Hijo. Salí a la misión con la luz prestada de mis maravillosos padres. Nunca había dudado de sus palabras y no se me había ocurrido buscar mi propio testimonio. Una noche de febrero, en San Antonio, Texas, en 1962, supe que tenía que saber por mí mismo. En nuestro pequeño apartamento, encontré un lugar donde podría orar tranquilo, en voz alta, y suplicar: ‘Padre Celestial, ¿estás ahí? ¡Tengo que saberlo por mí mismo!’”.

Élder Jensen

“Más tarde esa noche, supe por mí mismo, por primera vez en mi vida, que Dios y Jesús son reales. No escuché una voz ni vi a un ser celestial. Supe del mismo modo que quizá ustedes también hayan llegado a saber, el cual es ‘por el inefable don del Espíritu Santo’ (D. y C. 121:26) y el espíritu de revelación (véase D. y C. 8:1–3) que habló paz a mi mente (véase D. y C. 6:23) y dio seguridad a mi corazón (véase Alma 58:11)”.

“Gracias a esa experiencia, fui testigo de los resultados del consejo de Alma de ‘despert[ar] y avivar [mis] facultades hasta [realizar un experimento] con [Sus] palabras’ (Alma 32:27). Esas palabras o semillas se han convertido en árboles, en verdaderos árboles gigantes de testimonio. El proceso continúa con más experimentos en cuanto a la palabra, lo cual resulta en árboles de testimonio adicionales, ahora un verdadero bosque arraigado en la revelación del Espíritu Santo y por medio de Él” (“El Espíritu Santo y la revelación”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 77).

Necesitas tu propio testimonio

“Podremos depender de la fe y del testimonio de los demás sólo por un tiempo limitado. Al final, tendremos que contar con nuestro propio, firme y profundamente establecido cimiento, o no podremos resistir las tormentas de la vida, las que, de cierto, sobrevendrán”. (Thomas S. Monson, “Qué firmes cimientos”, Liahona, noviembre de 2006, pág. 62).