Cómo elegir buenos amigos

Presidente Thomas S. Monson

Relaciónense con aquellas personas que, al igual que ustedes, no procuran la comodidad temporal, las metas superficiales ni la vana ambición, sino más bien aquello que es más importante, como los objetivos eternos.

En una encuesta realizada en una selección de barrios y estacas de la Iglesia aprendimos un hecho muy significativo. Las personas cuyos amigos se han casado en el templo por lo general se casaron en el templo también, mientras que aquellas cuyos amigos no se han casado en el templo por lo general tampoco se casan en el templo. La influencia de los amigos, al parecer, fue un factor más determinante que las exhortaciones de los padres, las enseñanzas del salón de clase o la proximidad a un templo.

Tendemos a volvernos semejantes a quienes admiramos. Al igual que en el relato clásico de Nathaniel Hawthorne, “La gran cara de piedra”, adoptamos los gestos, las actitudes e incluso la conducta de quienes admiramos: generalmente, nuestros amigos. Relaciónense con aquellas personas que, al igual que ustedes, no procuran la comodidad temporal, las metas superficiales ni la vana ambición, sino más bien aquello que es más importante, como los objetivos eternos.

En la pared situada al Este de la Iglesia Stanford University Memorial se halla inscrita la siguiente verdad: “Todo lo que no es eterno [es] demasiado breve, [y] todo lo que no es infinito [es] demasiado pequeño”.

Además de su círculo de amistades terrenales, los insto a ser amigos de su Padre Celestial. Él está presto para responder la oración de sus corazones. En vista de que es el Padre de sus espíritus, los ha creado a Su propia imagen y conoce el fin desde el principio. Su sabiduría nunca falla y Su consejo siempre es verdadero. Háganse amigos de Él.

Hay otro amigo importante que debieran tener: el obispo de su barrio. Él ha sido llamado por Dios por profecía y por la imposición de manos por aquellos que tienen autoridad. Él tiene derecho a la ayuda celestial para brindarles consejo y guía a ustedes. Háganse amigos de él.

Escojan a sus amigos con prudencia.

¿Cómo has aplicado esto?

Mi Padre Celestial siempre ha sido mi mejor amigo y me brinda consuelo y guía a diario. Mis amigos terrenales me han ayudado a obtener un testimonio más fuerte y un deseo más profundo de hacer la obra más diligentemente en la Iglesia; y el obispo de mi barrio me ha dado una reveladora visión de la Iglesia que me ha ayudado a crecer como miembro. Al escoger amigos que me edifican, he sido capaz de seguir mejor el camino estrecho y angosto que un día me llevará nuevamente de regreso a mi Padre Celestial. —Savannah A., Montana, EE. UU.

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Este artículo apareció originalmente en la revista Liahona de marzo de 2014.